El juego de Afrodita 17
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Estoy todavía en la oficina, a última hora de la tarde, cuando me suena el móvil.

Es Eduardo.

—He preguntado por lo de Julio —dice—. Parece que sí que hubo un anónimo, pero no tiene nada que ver con lo que pensábamos. Esto es mucho más grave: Julio estaba robando a la empresa.

—Me dejas de piedra.

Estoy sorprendido. Es algo que no esperaba de Julio.

Pensaba que era más inteligente. Robar a su propio suegro.

Es una doble cagada. Su mujer pedirá el divorcio seguramente.

Esto le va a costar una fortuna. Es la ruina para Julio, dudo que pueda levantar cabeza.

Esta clase de noticias corre como la pólvora en el sector, Julio va a quedar marcado de por vida.

Que se joda.

Siento una felicidad que solo enturbia el recuerdo fugaz de Sofía.

Veo su mueca de desprecio al acusarme injustamente de ser el responsable de la caída en desgracia de Julio.

Vaya ceguera la suya para no ver que Julio es el único responsable de su propia desgracia.

Me dan ganas de llamarla y decirle cuatro cosas para que en la próxima ocasión se lo piense dos veces antes de acusar a nadie sin pruebas.

—Por supuesto, esto que te he contado es estrictamente confidencial —dice Eduardo.

—Descuida. Esto queda entre nosotros. Aunque me encantaría decírselo a Sofía. No veas cómo se puso conmigo.

—Olvídate de Sofía. Ya has visto el aprecio que te tiene. ¿O es que eres masoquista?

—Tienes razón —admito—. Es una gilipollas.

—Podía ser peor. Sofía, por lo menos, está buena. Hay casos terribles de hombres sensatos que pierden la cabeza por mujeres que tienen el atractivo de una raspa de pescado.

Sofía es un bombón, de eso no hay duda. Siento una punzada de desazón al recordar sus miradas de complicidad y su sonrisa, que me llevaron a pensar que podía ser el protagonista de una de esas historias románticas de película que siempre le pasan a otros.

Antes de colgar, pregunto a Eduardo:

—¿Puedes pasarme una invitación para probar ese chatbot de IA que tanto te ha engatusado?

—Sí, claro.

—¿Cómo se llama la página o lo que sea?

— El juego de Afrodita .

—Me gusta la referencia clásica.

—Te hace sentir como si estuvieras en el Olimpo. Ya verás, es muy adictivo.

—No sé. Me paso todo el día con pantallas. No creo que sea el tipo de usuario al que va dirigido algo así.

—Tú pruébalo y ya me contarás. La invitación te da derecho a probar el servicio Premium gratis durante una semana.

—No creo que vaya a durar tanto. Pero, por lo menos, me vendrá bien un poco de distracción.

—Supongo que, en función de tus expectativas, así será la experiencia que tengas. Yo lo único que puedo decir es que este invento ha superado con mucho las mías. Ya te tiene que haber llegado.

Lo compruebo. Eduardo me ha enviado el enlace a mi correo personal.

—Ya lo tengo. Gracias.

Nos despedimos.

Noto una agradable excitación que contrasta con las malas sensaciones de estos días.

Puede ser divertido.

En cuanto llegue a casa lo pruebo.