El jefe 15 #3
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15 #3

Su boca hambrienta y desesperada quería saber cómo era y dijo que era muy dulce y deliciosa, tan suave. Ella sabía que no se detendría, que a pesar de su inexperiencia su miembro pujaba por ser liberado de sus pantalones y tener su recompensa también. Prude no se atrevió a moverse, también quería saber cómo sabía su cuerpo, pero era demasiado tímida para ir por él, sólo lo tocó y lo sintió poderoso a través de sus pantalones. Él sonrió al sentir sus caricias, pero siguió en dónde estaba devorándola con su lengua de fuego, con su boca hasta trasmitirle sensaciones que jamás olvidaría despertando en ella en ese demonio largo tiempo dormido.

—Por favor, no… por favor—le rogó.

Él sonrió al ver que acababa de tener el placer máximo y se retorcía en la cama temblando con desesperación mientras su voz se convertía en un gemido desesperado. Lentamente se quitó el pantalón y liberó su miembro rosado y grueso humedecido por tanto juego y excitación. También él quería tener su satisfacción y cayó sobre ella mientras separaba sus piernas.

Prude sintió que estaba atrapada pero no lo detuvo. También quería hacerlo, también quería calmar la lujuria que ese hombre despertaba en todo su ser.

Él se acercó y cayó sobre su cuerpo inmovilizándola por completo, como si temiera que ella pudiera escapar, la envolvió lentamente entre sus brazos.

—Eres hermosa pequeña, deliciosa y te aseguro que quise hacer esto desde el día que entraste en mi oficina. Todo lo que acaba de pasar es un sueño que me ha perseguido durante meses.

Prude se quejó al sentir que le introducía su miembro ancho y ahogó un gemido de dolor cuando le quitó la virginidad para entrar por completo en el apretado canal de su vagina y pensó que no podría.

—Calma cielo esto va a dolerte, pero es hora de que te conviertas en mi mujer, preciosa.

Prudence sintió que estaba atrapada, pero no quería escapar, ya no… aunque fuera muy doloroso al principio y sus ojos se llenaran de lágrimas cuando fue más allá y su jefe se apoyó en la cama para introducir por completo su miembro ahogó un gemido de dolor. No era tan grande, pero en su interior lo sentía inmenso, duro, ancho y se movía rudo en su interior en busca de su placer, poseído por un deseo desesperado. Su boca buscó la suya y siguió rozándola, y el dolor de tenerle dentro de su cuerpo cedió, lentamente se hizo leve hasta desaparecer y pudo disfrutarlo, pudo relajarse y sentirse mujer, llena de ese hombre que siempre le había gustado, pero no conocía demasiado. Era algo desconcertante terminar convirtiéndose en la mujer de un hombre que era casi un desconocido, había creído que sería Peter, quería que fuera él, pero tantas cosas habían cambiado.

—Eres hermosa, pequeña, tan dulce, siento no haber respetado tu decisión de esperar a la boda—le dijo y ella lo miró confundida, asustada por lo que habían hecho. ¿Y si ahora la abandonaba? Pero no quiso pensar en eso, acababa de sentir que su semen la llenaba, que todo su placer se esparcía en su cuerpo y llegaba al fondo de su útero y al volver a la realidad comprendió que no se había cuidado. Pero él no pensó en eso por supuesto, sólo en liberar su placer y expulsarlo muy en lo profundo.

—Debiste cuidarte—balbuceó.

Él sonrió.

—Lo siento cielo, pero era tu primera vez y quería sentirte, me moría por sentir todo su cuerpo—dijo y le dio un beso suave mientras la veía desnuda.

Prude notó que sangraba y se asustó. Le había dolido mucho y sin embargo le había gustado, pero… estaba algo asustada por su descuido.

—no quiero que me hagas un bebé ahora, por favor.

Él sonrió.

—Pero tú querías tener muchos hijos con tu novio el arquitecto evangelista—le dijo él acusador con cara de celoso.

—Eso quería antes pero ya no soy así. No quiero tener hijos hasta estar segura de que mi matrimonio es feliz y mi esposo me ama.

—Pero pronto serás mi esposa y yo me muero por hacerte un bebé ahora. Ven aquí…

Ella lo miró vacilante.

—Pero los abogados.

—Al diablo con los abogados, acabo de probar del pastel de bodas y quiero más, mucho más.

Prude respondió a él porque también se moría por hacerlo otra vez, pero tuvo miedo, tuvo miedo de quedarse embarazada y abandonada a un paso de la boda. ¿Qué locura había hecho? Se preguntó cuándo sintió con alivio que entraba en su cuerpo y su vagina se estiraba ante lo imposible para que pudiera llenarla por completo.

Y mientras lo hacía mientras volvía a hacerla suya sonrió y de repente le dijo:

—No temas mi hermosa virgen, me casaré contigo en tres días, lo prometo. Deja de pensar que voy a abandonarte. Por nada del mundo lo haría.

Ella sonrió.

—¿Cómo sabías que pensaba eso?

—Porque eres una pequeña puritana y sé que tienes miedo de que ahora que te hice mía, te abandone. Supongo que tu madre te crio hablándote pestes de todos los hombres. Pero no somos tan villanos, yo no lo soy.

Prudence se sintió tan extraña entonces abrazada a él, apretada, fundida en ese abrazo que la hacía mujer y también su mujer. Se sintió enamorada y fascinada pensando que todo ese tiempo se lo había perdido, el sexo, la pasión, el poder estar así con un hombre. qué tonta había sido y qué mal la habían criado sus padres, privándola de una de las cosas más bellas y placenteras de este mundo: el sexo.