El jefe 15
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Tenía listo el ajuar de novia, y la ropa nueva que llevaría a Irlanda pues ese día fueron de compras por la ciudad y luego regresaron con el baúl lleno. Algunas cosas las escogió ella y otras su futuro marido. Parecía sentir cierto placer en vestirla, como si fuera su muñeca o algo así y estuvo muy atento a los detalles, pues luego de comprarle un guardarropa nuevo, distinto al que había en su departamento con ropa más práctica y sencilla como ella quería, insistió en llevarla a una joyería exclusiva para comprar las alianzas, un reloj de oro y una cadena de oro con san Jorge pisando la cabeza del dragón que debía sustituir a la sencilla medalla de la virgen que llevaba. Era una joya preciosa y la escogió ella como protectora del demonio.

Además, ya no quería usar la medalla de la virgen que su padre biológico le había obsequiado. Pero luego se sintió extraña con tantas joyas, pues esa cadena de oro traía un brazalete grueso de oro y un anillo haciendo juego y su nuevo novio no escatimó en gastos. Y no olvidó comprarle el celular, antes que el vestido de novia.

El vestido de novia lo escogió ella entre los modelos más caros que había en la tienda de novias más exclusiva de Boston.

Estuvo un buen rato indecisa mirando los modelos mientras su novio aguardaba afuera. Mientras miraba el catálogo notó que estaba hablando por teléfono, pero no estaba solo. Llevaba dos guardaespaldas ese día que estaban atentos a ella.

Prudence se concentró en los vestidos, pero ninguno le gustaba demasiado. Hasta que casi cuando llegaba al final de la página encontró un modelo más sobrio y práctico. Similar al que había escogido con una falda evasé, pero con cola larga y una tela que se veía como un raso grueso y bordado. Era perfecto. Con un escote discreto y manga ligera y corta pues todavía estaban en verano.

Fue a probárselo y de nuevo sintió que hablaban ese idioma extraño, se detuvo y vio a los de seguridad que se acercaban un poco al probador.

—Disculpe señorita Hamilton, debemos registrar el vestidor—dijeron.

Ella paró en seco y vio a los dos hombres calvos y corpulentos verificar que no hubiera nadie en el probador.

Luego de cerciorarse te de esto pudo entrar con el vestido y probárselo con ayuda de una empleada.

Se veía simplemente perfecto.

Luego de una mañana de compras se fueron a almorzar. Todas las cajas fueron llevadas por su chofer al departamento.

—Creo que es demasiado—dijo Prude al ver que le servían una suculenta ensalada de verduras de todos colores y trozos de pollo y jamón.

Su novio sonrió.

—Debes alimentarte bien, intuyo que has estado pasando hambre y nervios durante días—le dijo él.

Ella sonrió. Se sentía mucho mejor ese día, pero luego pensó que su antiguo jefe había gastado demasiado.

—Todo es demasiado, no necesitaba llevar seis vestidos, cinco faldas, blusas… trajes de vestir.

Él sostuvo su mirada.

—Necesitarás ropa nueva para llevar a Irlanda, ya os advertí que el clima es muy húmedo e inestable, es el bendito clima isleño pues estamos al suroeste, cerca de los acantilados.

—Como Inglaterra, supongo. Ha de ser un lugar hermoso.

—Lo es, está cerca del mar y además es una casa muy antigua. Y será mía muy pronto. Nuestra pues seremos una familia.

Prudence sonrió.

—Pero su tío puede cambiar de idea.

—No lo hará. No cuando vea la esposa guapa que le he llevado.

Ella parpadeó inquieta. No se hacía mucho a la idea de que aquello fuera a resultar.

—Es tan extraño… usted jamás me hizo sentir que le importara. Que estuviera interesado en mí—dijo. Sabía que era pronto para hablar de ello y que en verdad no sabía si su interés en ella era algo más que meramente comercial. Necesitaba una esposa guapa, joven y decente y ella encajaba en ese perfil. Pudo ser otra en realidad.

Él la miró con sus ojos azules con tanta intensidad que se sintió incómoda.

—Lo siento, no sé por qué le dije eso. olvídelo.

—Señorita Hamilton, es como usted piensa. Es muy intuitiva como todas las mujeres que conozco. Sabe que estoy interesado en usted, que esto es algo más que un acuerdo para cobrar una herencia. Pero la respuesta a su pregunta es sencilla. No me animaba. No era el momento adecuado y estuve furioso cuando comprendí que su novio casi lo echa todo a perder con esa mala idea de adelantar la boda. Luego de que se marchó del trabajo me sentí desesperado. Tenía que hacer algo para impedir esa boda, para alejarla de ese papanatas. Él no iba a ser un buen esposo. Yo no iba a permitir que se me escapara, señorita. Usted estaba reservada para mí desde el instante en que entró en mi oficina para la entrevista de trabajo. Y por eso le mentí.

—Me mintió?

—Sí, nunca hubo ninguna grabación de esos chicos de la congregación. Fue un accidente. Hubo una fuga de gas y por eso se incendió la casa, por desgracia.

Ella lo miró atónita cuando dijo eso.

—¿Lo inventó todo para chantajearme?

Su jefe asintió muy risueño.

Ella se sonrojó y él le dio un beso fugaz, allí en el restaurant sin importarle nada. Era un hombre tan guapo y seductor, pero se preguntaba si no estaría diciéndole esas cosas para que no se sintiera tan extraña con la locura que estaba cometiendo al casarse con su jefe.

—Bueno… en realidad no acepté ese acuerdo por lo que usted cree. Esa congregación me ha defraudado y no me importaba lo que usted hiciera con ella.

—De veras? ¿Entonces por qué aceptó casarse conmigo?

—Porque tenía una vida planeada y estructurada, pero todo se hizo pedazos de repente. Descubrí que mi verdadero padre no es quien yo creí que era, y que mi novio al que quería tanto… ya no sentía más que un tibio lazo de amistad hacia él. No me gustaba porque no dejaba de pensar en usted y en ese beso, en su mirada… —Prudence se sonrojó. —Sentí que ya no quería ser la esposa de Peter porque además él también me mintió y me desilusionó. Todo parecía desmoronarse a mi alrededor. Esa casa, Spring valley estaba llena de fotos mías de cuando era niña. Y había un hombre pelirrojo al que nunca había visto que me tenía en brazos y…

Prude le contó toda la verdad a su jefe. Lo hizo porque necesitaba desahogarse, necesitaba hacerlo.

Él la escuchó impresionado.

—Bueno, no se culpe por esto. Imagino que su padre no podía tener hijos y por eso su madre… tuvo una aventura con un hombre y luego dijo que él la había violado. Supongo que es una dama muy conservadora y de alguna manera tenía que justificarse.

Prude miró a su jefe atónita.

—Sí, tal vez fue eso. Ya no me creo su historia, esas fotos… y luego supe que él estaba en la congregación y que estuvo cerca de mí. Me pregunto si no habrán seguido esa relación de forma clandestina engañando a mi padre Jason. Él siempre fue tan amoroso con mi madre, tan enamorado, ¿cómo pudo ser capaz?

—Bueno, no es su culpa lo que pasó. Son cosas de adultos que ellos deben resolver, pero por lo que me dice… dudo que su madre fuera forzada. Porque ese hombre tenía fotos de ambas en su casa y si la llevó allí fue para acercarse a usted. Quiso hacerle ver que la historia de su madre no era cierta. ¿Cree que un pervertido habría tomado fotografías del fruto de una antigua violación? ¿Que un tunante habría estado en contacto con su víctima y la hija de ambos? No… eso me parece más una relación clandestina de amantes. Pero hizo bien en no decirle nada a su padre. Que ellos arreglen sus asuntos, son adultos supongo.

Prudence suspiró, MacNeil tenía razón.

El momento de intimidad pasó y abandonaron el restaurant y regresaron al departamento y desde su celular él pudo dirigir su empresa sin problemas. Pero luego tuvo que abrir su portátil al llegar porque le habían enviado documentos que debía firmar y enviar por un cadete.

Prudence fue a descansar pues ir de compras podía llegar a ser agotador, además sabía que en la tarde deberían ir a ver a los abogados para firmar el contrato.

Se llevó su celular para poder pasar todos los contactos de su agenda a través de su correo electrónico y mientras lo hacía se preguntó por qué siempre estaba con ella como si temiera dejarla sola. Eso lejos de molestarle le agradaba, le gustaba estar con él, era un hombre agradable, de conversación interesante y además todo un caballero. Lo raro es que no había intentado nada. Dormían en habitaciones separadas y parecía estar de acuerdo con esperar a la noche de bodas.

Era algo inesperado tratándose de un hombre citadino acostumbrado a tener sexo todo el tiempo. Aunque si hubiera intentado algo tal vez ella habría sufrido un síncope. No estaba muy a la idea de ello, pensaba a veces y se dijo que no sería difícil dormir con él, todo lo contrario, pero… necesitaba tiempo.

Mientras veía las aplicaciones nuevas de su I-phone pensó que su jefe había gastado demasiado. Ella que era siempre tan ahorrativa y había aprendido de sus padres a guardar para los momentos de escasez le parecía un completo despilfarro.

Durmió muy poco, apenas una hora y luego fue a darse un baño, ahora tendría ropa más cómoda que ponerse, el problema que todo estaba en cajas, bolsas.

Finalmente encontró un vestido azul con flores minúsculas de algodón muy bonito, con mangas anchas y cuello redondo fruncido con volados.

Se dio un baño rápido preguntándose cuándo sería la boda.

Tembló al pensar que estaba desnuda en esa bañera y su jefe estaba a escasos metros seguramente trabajando en su portátil o recibiendo llamadas. Le habría gustado que la viera así y dijera si le gustaba.

De pronto sintió muchas ganas de tenderse en la cama y brindarse esos placeres solitarios como antaño. Necesitaba sexo, lo necesitaba, aunque fuera sexo fantasía con su cama. Su doctora decía que lo hacía cuando estaba muy angustiada o preocupada, aunque le advirtió que el sexo era una necesidad tan apremiante como comer especialmente en la adolescencia y después y al reprimirla sólo la aumentaba.