El jefe 13 #2
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13 #2

Pero su madre tenía razón en algo, Peter sería mucho mejor partido que ese excéntrico irlandés llamado MacNeil. Y no podía abandonarlo así, no sería buena idea. Él le había dado tiempo, la había llevado a ese lugar y…

De pronto vio algo que la dejó perpleja.

Una fotografía escondida en un estante pero que le resultaba familiar.

Se acercó atraída por esa foto pues la conocía bien, estaba en brazos de su madre con la casita del bosque donde siempre pasaban las vacaciones de invierno, un chalet que era de su abuelo paterno.

Reconoció enseguida el paisaje y también recordaba bien ese vestido rojo que la hacía aparecer como una fresa. Estaba parada muy derecha con el vestidito tan rojo como su cabello con volados en la falda color blanco y las botinas de cuerpo y el abrigo de piel, la bufanda y el gorro porque su madre siempre la abrigaba. Su madre, mucho más joven, con el cabello rubio y los ojos azules tan dulces sonreía con orgullo mientras se hincaba a su lado. Lucía una falda larga, botas y esa chaqueta larga. Siempre elegante y delgada, bien vestida hasta en esa casita del bosque.

Su padre no estaba en la foto porque la había sacado. Sus ojos miraban embobados a su madre. Siempre se encerraban a la hora de la siesta para descansar, pero luego sentía risas y pensaba que a su padre le gustaba hacerle cosquillas a su madre. En una ocasión entró en la habitación sin avisar y los encontró desnudos envueltos en una sábana. Su padre tenía una cara de susto, pero su madre no dejaba de reírse. Algo estaban haciendo, pero era muy pequeña para entender… había sido un esposo amoroso, apasionado, siempre pendiente de su esposa, cariñoso y protector desde el primer día no como esos zoquetes que dejan a su pobre esposa tirada y olvidada como un trapo.

Tomó la foto y entonces se preguntó qué hacía una foto suya en ese lugar pues tenía guardadas sus fotos en un álbum. Además, era la primera vez que entraba en esa habitación, no quería hurgar y que el dueño pensara que era una entrometida o…

Miró la repisa y entonces encontró una foto suya de niña con el vestido de comunión al lado de su madre. Eso ya era demasiado. ¿Cómo llegaron esas fotos allí?

Había más fotos suyas y molesta entró en la habitación que pensó estaba cerrada y encontró la foto de un hombre pelirrojo y pecoso con una niña en brazos, sonreía orgulloso mientras la alzaba en brazos. Pero había más fotos. Una foto mural de su madre de joven cuando debía trabajar en esa empresa se veía muy guapa y elegante y luego embarazada…

Y en una foto estaba con ese hombre pelirrojo pecoso que sabía bien que era. Había algo muy chiflado en su mirada, una mirada oscura maligna y enferma. Tenía cara de malvado sí, de loquito. Aunque sabía vestirse bien, era un tipo elegante y algo atractivo. No se parecía en nada a él, por suerte, excepto en el color de cabello. Pero ¿por qué demonios estaba al lado de su madre abrazado a ella? Eso debía ser un truco.

Sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas.

¿Entonces su madre y él fueron amantes a espaldas de su padre? No…

¿Y esa casa era de ese hombre, y le dijo a su novio que la llevara allí?? ¿Por qué todo era tan torcido y perverso?

Buscó en los cajones y encontró objetos personales de hombre y también un pasaporte vencido.

Era él. Andrew Jefferson Connor. Su padre. Y al parecer su madre había tenido una relación con él, a menos que trucara las fotos, pero se habría notado. Estaban lado a lado sonrientes, no abrazados. No era una foto de pareja en realidad. Quizás fueron compañeros de trabajo, aunque su madre no quiso hablar de ello.

Así que esa era la casa de su padre biológico.

Tomó el teléfono furioso y llamó a Peter. Ahora tendría que escuchar lo que tenía que decirle.

—Prude, ¿cómo estás preciosa? Cómo te ha ido—le preguntó él en el mejor de los mundos. Su voz amable y serena la hizo enojar más.

—Yo no estoy muy bien—le respondió tratando de controlar la rabia que sentía.

—¿Qué pasó, cielo? ¿Ocurrió algo en Boston?

—Bueno, acabo de ver fotos de ese hombre, del hombre que violó a mi madre y hay fotos mías aquí, de cuando era niña. Ese chiflado tiene mis fotos y hasta se sacó varias fotos con mi madre.

Peter suspiró.

—Lo siento, no quise decirte, él me pidió que te llevara a su casa. Quería que estuvieras a salvo. Siempre se ha preocupado mucho por ti Prude, es tu padre y creo que deberías oír lo que tiene que decirte.

—¿Mi padre? Yo sólo tuve un padre en mi vida y así será. ¿Cómo pudiste Peter? Traerme aquí sabiendo lo que ese hombre le hizo a mi madre.

—Prudence, cálmate. No es lo que crees. Él no violó a tu madre, lo sé bien. Tuvieron una aventura y luego…

—No quiero saberlo, me da mucha rabia y asco. No me quedaré en esta casa, me iré a un hotel ahora mismo.

—Por favor, no. no hagas eso. iré por ti. Iré a buscarte.

—No, no vengas. No quiero hablar contigo, tú también me has engañado Peter. Esa absurda historia del padre Alfred, el demonio que decías seguía mis pasos todo era una maldita mentira para atraparme y manipularme. Mi madre también me ha mentido, todos han mentido y no quiero volver a verlos. A ninguno de ustedes.

—Preciosa, no, no te pongas así, cálmate. No puedes irte ahora. No hagas eso. hablaremos luego con más calma. Pero no hagas ninguna locura.

—No haré una locura, simplemente me iré de esta casa. Puedo pagarme un hotel, no quiero estar aquí. Me has engañado, tú también Peter y ahora me pregunto si no fue mi padre quien me llevó a la congregación, quien te pidió que me cuidaras.

—Prude, eso no es verdad. Te lo juro. No fue así como pasaron las cosas.

—Pues me da la sensación de que todo tiene que ver con ese hombre, hasta tiene fotos conmigo. Yo no me acuerdo de haber estado allí, ¿serán trucos, será que este hombre se ha inventado una historia de fantasía?

Prudence se sintió muy mal entonces, engañada, embaucada y encerrada otra vez en un lugar dónde no quería estar.

—Ten calma Prude, no puedes irte ahora, aguarda a que vaya a buscarte y te diga toda la verdad.

—¿La verdad? ¿Cuál verdad? Estoy harta de las mentiras, de que todos quieran embaucarme, engañarme. Nunca supe nada de este hombre, no recuerdo nada de estas fotos y de repente aparece de la nada y dice ser mi padre. Pues yo ya tengo un padre, mi único padre y no quiero saber nada de todo esto.

—Te entiendo, pero no hagas una locura, quédate en la casa iré a buscarte y conversaremos.

—Creo que ya es tarde para eso, Peter. Tú sabías de esto y no entiendo por qué lo has ayudado. Ya no voy a casarme contigo ¿entiendes? No lo haré. Ya no confío en ti.

Prude cortó la llamada porque ya no quería seguir escuchando sus excusas, sus mentiras. ¿Todo ese tiempo la había llevado a la casa de su padre biológico y ahora pretendía que se quedara allí? Y él era parte de la congregación, él siempre estuvo allí cerca.

No, no acudiría a él de nuevo, la había engañado y empezaba a creer que esa carta del padre Alfred era falsa. Todo era falso. El único demonio que había estado acechándola era su padre y su antiguo jefe, por otras razones claro. Él también la había seguido como su sombra porque estaba interesado en ella. Pero al menos sabía que lo del demonio era un cuento.

Ahora sabía lo que tenía que hacer. Empacó sus pertenencias más valiosas y buscó en su portátil un hotel cercano para reservar alguna habitación. No pasaría la noche en esa casa, ahora que sabía la verdad se dijo que escaparía.

Mientras juntaba las cosas sonó su celular una y otra vez. No quería atender y lo tomó para apagarlo cuando vio que era su jefe. Como caído del cielo o inoportuno, como siempre…

—Buenas tardes, señorita Hamilton. Tiene alguna respuesta para mí.

Así sin rodeos.

—Estoy deseando saber cuál será su decisión—insistió.

Ella iba a decirle que se fuera al diablo pues realmente la llamaba en muy mal momento, pero se lo pensó mejor y no lo hizo.

—Señor MacNeil, su contrato nupcial apesta—le salió del alma.

Él dejó escapar una risita, no tenía dudas de que lo había pillado por sorpresa.

—Es la pura verdad, nunca firmaría un contrato que me obliga a ser su esclava, prácticamente.

—¿Entonces espera hacer algunos cambios? ¿Quiere corregir algunas cosas? Sepa que estoy dispuesto a negociar.

—Sí.

—Bueno, eso podemos conversarlo personalmente. ¿Cuándo puedo pasar a buscarla?

—Es que ahora me estoy mudando.

—Se está mudando?

—Voy a irme a un hotel, no me quedaré ni un segundo en esta casa. Pensé que era de un miembro respetable de la congregación cristiana, pero al parecer me equivoqué y no quiero estar ni un segundo aquí.

—Entiendo, por supuesto. Pero no tiene que irse a un hotel, yo le prestaré un departamento, tengo varios amueblados a la venta, escoja el que quiera. Puede quedarse el tiempo que quiera y no tendrá que pagar nada. Le enviaré un camión de mudanza en… una hora o menos si quiere.

—No quiero causar molestias, además todavía no le he dicho que sí.

—Bueno, todavía soy su jefe y usted fue una empleada muy buena, la mejor que tuve. Debí ser más generoso con las comisiones en el pasado, pero sabe, no podía porque este ha sido un año muy malo para mis finanzas. Ahora dígame qué le agrada más.

—Cualquiera, uno pequeño que tenga muebles porque los míos los tiene la congregación.

—Perfecto. Enseguida llamo y arreglo su mudanza, ¿tiene muchas maletas?

—Sólo tres maletas grandes y cuatro cajas que ni siquiera desempaqué.

—Entonces no precisa un camión. Aguarde, iré a buscarla en mi camioneta en … ¿dónde está usted exactamente?

—Estoy en las afueras de Boston, en un barrio privado llamado Spring Valley al sur de Park Avenue y la veintisiete.

—Rayos, está muy cerca, conozco ese lugar. Es muy bonito y como de otra época, es un barrio moderno con un diseño anticuado. Casi como usted…—rio divertido.

—Sí, supongo que es verdad.