12 #3
—Necesito pensar en esto. No puedo darle una respuesta ahora, me siento abrumada y…
—Muy bien, aguarde. Llévese una copia del contrato, me tomé la libertad de redactarlo con mis abogados y hacerle una copia. Aquí está todo. Si tiene alguna duda, llámeme por favor. Llegaremos a un acuerdo, estoy seguro de ello—le dijo y le tendió un sobre manila con el famoso contrato. Como si fuera una carta o algo por el estilo.
Prude lo tomó y pensó que lo haría pedazos de inmediato. Pero no, no lo hizo. Ese hombre estaba loco. Simplemente.
No podía pedirle eso. pero entonces pensó en el video, en Elliot Flint metido en la mansión planeando el incendio. Ese chico era un estúpido, ¿cómo fue capaz? Vaya lío en el que se había metido.
Salió de esa oficina furiosa y aturdida. Le parecía una locura todo eso. no tenía sentido. ¿Por qué pensaba que sería una esposa apropiada para él?
Además, tendrían que viajar en Irlanda y vivir un tiempo allí hasta poder cobrar esa herencia.
Y ella acababa de pedirle un tiempo a su novio. Un tiempo para estar segura de su boda. Se sintió muy abrumada por la proposición del señor MacNeil para decirle la verdad. Quizás lo supiera puesto que había estado espiándola. Él sabía muchas cosas y al parecer le agradaba saber que era virgen porque debía ser un irlandés conservador o algo así. Sin embargo, Tamsyn le había dicho que él no era ningún santo y años atrás iba a Berestford con sus amigos a realizar fiestas con mujeres.
Sin embargo, ese hombre le gustaba, cuando entró ese día en la oficina y lo vio casi sintió los latidos de su corazón latir sin parar. Le gustaba ese hombre, y sabía que ella también le gustaba más de lo que había imaginado. Por eso siempre fue tan amable y frío. Como si estuviera estudiándola.
Pero rayos, siempre estuvo a punto de casarse con Peter, tenía un compromiso y sabía que su jefe era un mujeriego con el jamás tendría nada. Era una mujer seria y además… esos rumores de que tenía algo con él no eran más que eso.
Cuando llegaba a planta baja se encontró con Nelly.
—Prude, aguarda, espera por favor. No te vayas sin decirme qué te dijo. ¿Regresarás a trabajar con él? —se veía muy ansiosa y se preguntó si acaso no había estado espiándolos.
—No, no regresaré sólo hablamos de la liquidación y quería saber por una carpeta que no encontraba—no le agradaba mentir, pero ni loca le habría dicho de ese contrato que llevaba en un sobre en esos momentos. Un contrato prenupcial que luego leería o tiraría a la basura, no estaba segura de ello.
—Debo irme, disculpa, tengo prisa.
Su amiga la miró desconcertada, pero ella casi se precipitó sobre el primer taxi que encontró.
Estaba nerviosa. Muchas cosas le daban vuelta por la cabeza. El video, la congregación en peligro y su novio Peter. Pues si tenía que elegir siempre escogería a su prometido. Era un hombre bueno, integro, su jefe era casi un extraño para ella. Un completo extraño a decir verdad y por momentos ni siquiera le caía bien. ¿Cómo podía pensar en casarse con él? De haberle pedido sexo, bueno no habría sido fácil para ella, pero al menos habría sido algo más normal. Pero una noche era poco para él, una noche no resolvía su otro problema, el de la herencia del tío irlandés. Ciertamente que no podía entender esa gente que vivía en función de la herencia que iba recibir, una tras otra, herencia de los abuelos, de los tíos, de los padres… ella jamás recibió herencia alguna y se las había arreglado perfectamente con su trabajo, el alquiler pago y hasta algunos ahorros.
Cuando llegó a su casa se sintió nerviosa.
Claro que no iba a casarse con ese sujeto. No sabía qué clase de hombre era, si sólo fuera ambicioso y codicioso, pero ni siquiera era cristiano y lo intuía ateo, materialista y mala persona.
Sólo una mala persona pensaba en demandar a una congregación cristiana que hacía tantas buenas obras sólo porque un grupo de adolescentes había prendido fuego su mansión, pero bueno, era un empresario y los empresarios nunca perdonaban nada. Era su capital dañado y además al parecer estaba al borde de la quiebra, eso lo tenía de muy mal talante, furioso. No dudaría en hacer una demanda si ella se negaba a cumplir su parte del trato.
Elliot Flint lo había hecho, ese muchacho era un completo imbécil. ¿Acaso no pensó que hubiera cámaras en todas partes y que su cara aparecía en ellas?
Se dejó caer en una poltrona cansada y deprimida. Ese encuentro había sido como un balde de agua fría, como meterse en uno de esos ríos de lodo a bañarse porque tenía calor. Era mucho peor de lo que había pensado y ahora no tenía idea de nada.
Sólo deseó más que nunca regresar a Providence, casarse con Peter y olvidarse de todo.
Jamás debió reunirse con su jefe, debió dejar que la congregación resolviera eso, no era su culpa ni su responsabilidad lo que había pasado ahora… Ahora él esperaba que ella cediera a sus deseos, que se casara con él y aceptara ir a Irlanda y tener un matrimonio falso. Negarse traería consecuencias, consecuencias que no querría enfrentar.