El jefe 10 #5
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10 #5

—Está bien, iré mañana temprano.

—Enviaré a mi chofer.

—No, no es necesario. Tomaré el metro a primera hora.

—¿Tomará el metro?

—Sí. Me encanta viajar en Metro.

—Es un viaje largo, a su novio no le gustará que lo desafíe así.

—Es mi novio, no mi dueño.

—Muy bien, me encanta que sea independiente. Pero si quiere puedo enviar a mi chofer. Quisiera que aceptara que mi chofer la trajera sana y salva a mi oficina.

—Le agradezco, pero quiero viajar en tren, hace tiempo que no lo hago.

—La espero en el correr de la mañana, temo que va a tardar si viene en tren, pero no importa. Avíseme cuando llegue.

—Lo haré.

Y ahora que sabía que ningún demonio seguía sus pasos….

Sabía que su novio se disgustaría que saliera justo un día antes de la boda, pero al diablo. Ya estaba cansada de sus consejos. De que quisiera protegerla.

Esa vida doméstica de cuidados intensivos no era para ella. No quería terminar como su madre, encerrada en casa tejiendo ropita de bebé sin tener otra aspiración en la vida. Esperando que llegara su padre, horneando su pastel favorito. Y ella había estudiado, tuvo un puesto casi de gerencia en una empresa de publicidad.

No quería ser como ella, y necesitaba alejarse de Providence, de su boda, tomar distancia y saber si realmente quería casarse con Peter. Era tan joven y no había vivido nada. Casi nada. Pasó tanto tiempo en su caja de cristal.

Era temprano y estaba cerca del parque y se detuvo para ver a los niños jugando, corriendo felices, gritando, sonrientes. Ella adoraba a los niños y le daba tanta paz detenerse en una plaza sólo para verlos jugar, reír, ser felices. Era un momento mágico de la vida dónde sólo importa crecer, reír, soñar, descubrir ese mundo que soñamos maravilloso, casi mágico. Todo nos sorprende y nos resulta tan fascinante, tan bello. Ver ese cielo azul inmenso, ese sol mágico que nos ilumina y da calor…

Llegó a casa de su novio una hora después y lo encontró descolocado, furioso y asustado.

—Prude, al fin. Dios mío. ¿Sabes la angustia que he pasado? ¿Por qué no quisiste que fuera por ti? ¿Dónde estabas? Mi chofer dijo que no quisiste que se quedara esperándote.

En un momento corrió hasta ella y la abrazó sin dejar de hacerle preguntas. Preguntas que no se molestó en responder.

—Estaba en casa de mis padres y quise volver caminando. Estuve en la plaza y me quedé mirando a los niños jugando, sabes que me encanta hacer eso. tenía el día libre, siempre tengo el día libre. Por eso me aburro.

No le mentiría, estaba harta de que todo el mundo le mintiera.

—Pero Prude, tú no puedes simplemente desaparecer así. ¿Sabes la angustia que me hiciste pasar?

—Lo siento… es que quería caminar.

Ella se dejó caer en una poltrona cansada. Había caminado más de una hora sin darse cuenta, pero ahora sentía las piernas doloridas, y todo el cuerpo. Al menos la caminata había servido para aplacar sus nervios.

—Aquí no hay bandidos Peter, sólo demonios y gente mentirosa—declaró—Acabo de saber que mi verdadero padre no es Jason Hamilton sino un tal Andrew Jefferson.

Su novio la miró sorprendido, sabía que le pasaba algo, pero no entendía qué y eso lo fastidiaba de sobremanera.

—¿Qué dices?

Prude le contó la verdad, tenía que hacerlo. Era una pesada carga para ella.

—Andrew Jefferson? Pero no puede ser.

—¿Acaso lo conoces?

—Sí, lo conozco. Es un viejo amigo mío, es arquitecto y fue quien me ayudó con el proyecto de Saint Denis. También conocía al padre Alfred.

Ella lo miró helada y luego furiosa sintiendo cómo el calor le subía lentamente por todo el cuerpo. Era un volcán cuando se enojaba. Luego respiró hondo y comprendió que no era su culpa, que Peter nada tenía que ver con todo ese asunto siniestro de su madre, y su amante diabólico.

—Acabo de enterarme de que ese hombre es mi padre. Y que en sus años mozos al parecer se enamoró de mi madre, la siguió durante meses, pues trabajaba cerca de ella. Como supo que era casada y que jamás tendría chance de conquistarla una noche la raptó, la encerró en su pent-house y la violó varios días seguidos. Y luego, a los tres meses mi madre descubrió que estaba embarazada de su violador y en vez de abortar como habría hecho una mujer sensata me tuvo y yo, me entero, veintitrés años después que mi padre, mi amoroso padre no me engendró sino ese rico pervertido llamado Andrew Jefferson.

Peter no daba crédito a lo que decía.

—¿Y cómo crees que me siento Peter? Acabo de hablar con mi madre, de preguntarle sobre la carta del padre Alfred pues saber que el diablo me seguía me tenía muy asustada y nerviosa y me entero de algo mucho peor. Me entero de que el único diablo que veía de niña y me daba terror era mi propio padre.

—Prude, lo siento mucho. No sé qué más decirte, pero… es que no puedo creer lo que me dices. Andrew es un buen hombre, es uno de los pilares de la congregación, él ha donado gran parte de su fortuna a la iglesia, y fue el creador de los talleres de recuperación de jóvenes drogadictos y fugitivos y también de madres solteras sin hogar ni recursos. Él ha hecho mucho por la comunidad, pero jamás quiso dar publicidad, yo lo sé porque soy su mano derecha.

—¿Eres su mano derecha?

—No me culpes preciosa, yo no sabía nada y te juro que no puedo creer que hiciera eso a tu madre. Quizás tiene un pasado turbio de abuso de drogas, pero no lo creo, es muy bueno y gentil. A lo mejor fue un desliz de tu madre, una aventura que no quiso decir y por favor, no te enfades con ella, pero yo no creo que Andrew la violara como dice. A menos que se drogara o fuera otra persona.

—¿Crees que es mentira? Ella siempre amó a mi padre.

—Prudence, las personas son débiles, todos somos débiles, somos seres humanos y a lo mejor se sintió atraída por las atenciones de Andrew. Si él hubiera sido un pervertido como dices, si la hubiera violado ¿crees que la habría buscado y habría querido estar cerca del fruto de esa noche? Quizás fue un desliz, una aventura y tu madre se arrepintió. No la juzgues, pero tampoco pienses lo peor de tu padre. Toda esa historia del demonio que seguía tus pasos… seguramente la inventó para cubrir su falta para que su marido nunca se enterara de que había tenido una aventura.

—¿Y ahora quieres que piense que mi madre engañó a mi padre? ¿Que se comportó como una zorra?

—No digo eso, por favor. No hables así de tu madre, es una señora decente que siempre ayuda en la congregación, pero quizás se enamoró, fue débil. Muchas personas tienen debilidades en su juventud, en especial cuando se trata de líos del corazón. Yo no creo que Andrew le hiciera daño, es un hombre buenísimo y gentil, tranquilo. A menos que tenga un pasado oscuro de drogas o adicciones, pero lo dudo. Tienes que ver cómo trata a las personas y cómo se preocupa por la comunidad. Prude, él dejó parte de su fortuna en la congregación para ayudar porque todos los proyectos del padre Alfred necesitaban una inversión, necesitaban donaciones y hoy día muchos hacen de la caridad un negocio. Piden colaboración al gobierno, a los ricos, pero no siempre llevan a cabo aquello que prometen. El padre Alfred no era así, pero pocos confiaban en él por ser católico y porque él no era como esos predicadores que andaba por todos lados sacándose cartel de todo lo que hacía. Pero su obra está, su obra pudo llevarse a cabo por la generosidad de los donativos y del hombre que es tu padre. Un hombre ruin que violaba mujeres estaría muerto ahora o preso. Yo no creo que él sea ese hombre, pero quizás tu madre lo dijo para ocultar su propio pecado.

Prude movió la cabeza, llena de dudas. Qué difícil era todo.

—¿Y ahora a quién debo creerle? Estoy harta de las mentiras—dijo al fin.

—Pero viviremos en Saint Denis, Prude, vamos a casarnos. Todo esto no debió ser, tu madre pudo esperar para tirar esta bomba ¿no lo crees? Ahora te dejó lastimada y confundida y no es para menos.

—Al menos dijo la verdad, que no hay ningún demonio siguiendo mis pasos y que ese sujeto que veía de niña y me asustaba era mi propio padre.

—Prude, tienes que perdonarlo. Tienes que perdonar. No es tu culpa nada de lo que pasó entre ellos, te digo lo que sé de él, es un hombre bueno y muy inteligente, es gentil y no es como los ricos que viven para sí mismos obsesionados por hacer más dinero. No lo juzgues por lo que tu madre dice que hizo, quizás sea mentira y si pasó, él debió arrepentirse y por eso buscó ayuda en la congregación—hizo una pausa y se sentó en un sillón y la miró– Sé que es difícil para ti, también detesto las mentiras, y sé que una mentira trae a otra y al final no puedes saber qué es verdad y qué no lo es. Trata de sobreponerte a esto. Al menos has tenido siempre a tus padres pendientes de ti. Ellos te aman y se preocupan. Pero sería muy triste que no vieras a tu verdadero padre, que no le dieras una oportunidad. Él siempre ha estado cerca de ti y seguramente te ama. Eres su hija, Prude.

—Mi padre no es ese hombre, es Jason. Y no me gusta nada saber que fui engendrada así, que soy el fruto de una violación. Yo no creo que mi madre mintiera, la conozco bien. Ella quedó medio loca después de eso, dejó el trabajo y vivía encerrada en casa, sé que en esa época nos mudándonos todo el tiempo. Mi madre era preciosa de joven, era muy hermosa y elegante, no me extraña que ese sujeto la acosara y al verse frustrado la violara. Y por eso luego habrá querido reivindicarse, hacer el bien con otras personas para limpiar su propia conciencia, para exhumar su propio pecado. Tiene sentido si lo piensas. Es como una expiación.

—Bueno, tal vez sea eso, no lo sé, lo que te digo que ya pasó, no puedes mortificarte porque nada de lo que pasó fue tu culpa. Las personas se equivocan y creo que tu madre quiso enmendar lo que hizo al mantenerte siempre alejada de tu padre, aunque según me cuentas tú llegaste aquí casi al mismo tiempo que tu padre. Prude… escucha. Habla con él, escucha lo que tenga que decirte, a lo mejor la historia no es como te la han contado.