El jefe 10 #3
53%

10 #3

—Renuncié a mi trabajo a pesar de los ascensos y de que mi jefe me rogó que me quedara. Era un buen trabajo y me pagaban muy bien, pero acababa de sufrir un horrible ataque y tenía mucho miedo. Cuando tu padre regresó me notó cambiada pero no le dije entonces. Nunca se lo dije Prude… porque sabía que si lo hacía ese malnacido arruinaría mi matrimonio y nos haría vivir un infierno. Tu padre querría buscarlo y no tendría descanso hasta matarlo. Y luego tendría que vivir con una esposa que había sido abusada por un extraño, me vería diferente. Él me adoraba Prude, yo llegué virgen a sus brazos y nunca miré a otro hombre ni lo habría engañado, pero luego me sentí tan sucia y manchada. Hablé con mi doctora y le dije lo que me había pasado y le rogué que me diera otra medicación porque esa ya no me hacía efecto. Tenía pánico a salir a la calle, a ir a la iglesia, todo me asustaba, no podía hacer nada. Y no podía tener intimidad con tu padre sin pensar en ese demonio que me había forzado, cada vez que estaba con él sufría como si fuera un tormento hasta que comencé a sentirme mal, muy enferma. Me dolía todo el cuerpo y pensaron que era la consecuencia del ataque. Yo estaba destrozada Prudence, y por eso me conociste así, como una ama de casa haciendo tareas domésticas. Creo que ese ataque me cambió. De repente me gustaban todas las tareas domésticas y las hacía feliz, todo con tal de no salir ni tener que enfrentarme sola al mundo. Toda mi vida viví en una jaula, feliz y a salvo hasta que ese hombre me violó. Él me destrozó por dentro y no era sólo físico, era mi alma entera me sentía enferma y rota, y también culpable pues sentía que había sido una cobarde al luchar por mi vida. Pensé al menos no me mató, pudo hacerlo, en ocasiones luego de violar a las mujeres las matan yo estaba viva, pero no estaba viva en realidad, sentí que algo de mí había muerto. La doctora dijo que debía decirle la verdad a mi esposo. Que no había sido mi culpa, pero no, no lo hice. Dijo que si lo hacía me ayudaría a superarlo, pero no podía hacerlo.

Prudence abrazó a su madre y se sintió furiosa y enferma luego de enterarse lo que había pasado.

—¿Y qué pasó con ese malnacido, nunca fue preso por lo que te hizo? —le preguntó.

Su madre la miró con tristeza y Prude se apartó pues quería oír el final de la historia.

—Volví a verlo a los tres meses Prude, ese demonio se apareció un día cuando finalmente me atreví a salir con tu padre de paseo a las montañas. Apareció como de la nada y me sonrió.

Te ves hermosa Beatriz, dijo en son de saludo; como si nada y luego tomó mi mano y la besó.

—Estás esperando un bebé, y creo que será una niña rubia y hermosa como tú. ¿Tu esposo lo sabe? —dijo.

Sentí pánico de estar allí frente a ese hombre y de que me dijera eso iba a gritarle que me dejara en paz, iba a insultarlo, pero entonces me descompuse. Sentí que todo daba vueltas a mi alrededor. Fue la impresión de encontrarme cara a cara con el hombre que me había violado hacía tres meses, de verlo allí tan fresco. Tu padre se acercó y me preguntó qué me pasaba. No era la primera vez que tenía esos malestares, pero ese día me desmayé y me llevaron al hospital porque no reaccionaba. Me hicieron exámenes y me dijeron que estaba esperando un bebé y un análisis de sangre dijo que tenía casi tres meses de embarazo.

Prudence se alejó furiosa y sintió que le hervía la sangre.

—¿Quieres decir que ese hombre, el que abusó de ti es mi padre?

Ella asintió despacio con los ojos llenos de lágrimas.

—Él lo sabía Prude, supo que estaba embarazada con sólo mirarme y que era una niña. Y también supo que era suya.

—No puede ser, dime que no es verdad. Pensé que el diablo me había marcado, pero en realidad ¿es porque soy hija de ese sátiro? ¿Eso me dirás?

—Sé que es difícil para ti Prude, que siempre has pensado que Jason es tu padre y es tu padre. Pero luego de saber que estaba embarazada yo no sabía, tuve mis dudas. No pensé que tú hubieras sido engendrada esa noche hasta que naciste y vi que tenías el cabello rojizo y las pecas y esa extraña marca en tus genitales. Él también tenía una especie de marca en su entrepierna y su piel parecía de fuego. Y tú no eras como tus primas, te pareces un poco a mí, pero sé que eres su hija Prudence.

—Y mi padre no lo sabe supongo.

—No, no lo sabe. No debe saberlo nunca Prude, él cree que el diablo ha estado acechándote, pero no era el diablo. Era tu verdadero padre que durante años quiso robarte de mi lado. Quiso verte, me rogaba que te dijera la verdad un día y también dejó un cofre para ti.

—¿Un cofre? ¿Entonces tú has estado hablando con él?

—Solo unas veces. Me pidió perdón por lo que me hizo, estaba tan feliz de saber que había tenido una hija… no me mires así sé que toda esta historia te parecerá sórdida y extraña, pero él me dijo que se había enamorado de mí pero que no sabía conquistar el corazón de una mujer. Que sólo tenía relaciones basadas en el sexo y que ninguna mujer lo había emocionado como yo. Y yo dejé de odiarle cuando supe que era tu padre, que él me había hecho una hermosa niña. Fui tan feliz y entendí que a pesar del dolor de lo que sufrí al verme forzada, tú estabas allí y eras una niña hermosa y sana, habías nacido viva y tan saludable, todo eso me curó de mi anterior dolor, fue lo único bueno que me pasó y no me arrepiento. Porque pude cumplir mi deseo de ser madre. Verte crecer sana y llena de vida, con ese fuego en tu piel, tienes su fuego Prude, tienes su genio. Él es un hombre extraño, pero te adora, te quiere mucho y ha estado cerca de ti porque eres su hija. Él es un hombre extraño, solitario. No tenía familiares cercanos ni amigos. Con el tiempo lo perdoné Prude, porque luego de nacer tú me dijeron que había sido un milagro porque mi útero estaba muy débil y tuvieron que extirparlo para evitar que estallara. Pero tú pudiste nacer y eras un milagro.

Prudence sintió que casi prefería que la siguiera el diablo en vez de enterarse que su padre era un psicópata violador.

—¿Entonces era mi padre quien seguía mis pasos, el hombre que veía observarme en la escuela de traje? ¿Por qué el padre Alfred creía que era el diablo? Él le escribió una carta a Peter para decirle y yo casi muero de terror al enterarme.

—No era el diablo, tu padre no era el diablo. Sólo tenía una personalidad escondida y malvada. Como si fuera dos personas en una eso lo supe con los años cuando hablé con mi doctora y le mostré las cartas que me había escrito. Él dijo que me amaba y luego, hasta intentó que dejara a tu padre y te criáramos, pero yo amaba a tu padre Prudence, y no me deslumbraban sus riquezas ni obsequios. Al contrario, le pedí que me dejara en paz. Pero él te vio algunas veces, estaba loco por ti. Creo que sentía mucha ternura y amor por ti y también por mí. Él me quería dijo que se había enamorado de mí y que me violó porque supo que nunca podría tenerme de otra forma. Y lo único que lamentaba era haberme dejado ir esa noche porque nunca más tuvo paz después de eso. Que nunca me olvidó y sufría por no poder tenerme, por tener que verte a escondidas. Y yo tuve terror de que te robara un día así que dejé que te viera y también estuve con él. Nos vimos a escondidas. Temía que le contara la verdad a tu padre, lo confieso, pero él era tu padre y pensé que era justo que te viera. Y luego inventé esa historia del diablo para protegerte, fue una tontería por supuesto.

Prude miró a su madre aturdida.

—¿Entonces tú y ese hombre siguieron durmiendo juntos?

Su madre la miró avergonzada.

—Lo hice para protegerte, para que no te robara de mi lado, hice todo lo que me decía.

Prudence pensó que su madre estaba loca y que toda esa historia era una completa locura también. No, no podía ser. Su padre… su padre era Jason.

—Lo siento mucho cariño, pero tenía que decirte la verdad. Y en realidad inventé esa historia del diablo porque cada vez que veías a tu padre te asustabas, y un día llegaste llorando porque Jefferson quiso llevarte con él. Eras una niñita pelirroja de cabello enrulado, tan adorable como una muñeca y tan dulce. Él estaba loco por ti.

—Así que inventaste lo del demonio y hasta le pediste al padre Alfred para que me buscara un marido.

Su madre pareció avergonzada.

—Sí, lo hice para protegerte y para que tu padre nunca supiera la verdad. Porque él estaba siempre merodeando no nos dejaba en paz. No importaba cuánto le complaciera ni te viera, él quería abandonara a tu padre y te criáramos juntos. Pero yo no iba a hacer eso, quiero a tu padre, siempre lo he amado e hice todo esto por él. Sabía cuánto quería tener un hijo y te adora. Él es tu padre y siempre lo será. Tenía que decírtelo.

Sí, claro tenía que abrir la bocota.

—Pues no sé para qué. Habría preferido creer que el diablo me seguía—dijo Prude furiosa.

Su madre intentó calmarla.

—Esto ya no importa Prude, tú vas a casarte y seré muy feliz cuidando a mis nietos. Sueño con conocer a mis nietos. La doctora que te atendió dijo que eras muy fértil y seguramente tú tendrás todos los niños que yo no pude tener. Porque cuando te engendré deseaba tanto quedar embarazada…

—Oh basta de supersticiones y tonterías, eso no es verdad. Ya no quiero tener muchos hijos mamá ahora ni siquiera quiero casarme. Siento que todo ha sido una mentira, que mi vida es una maldita mentira… mi padre no era mi padre y yo fui engendrada del modo peor. Mi padre era pelirrojo y su piel era de fuego y yo lo veía y sentía terror. Era un hombre malo por eso yo decía que era el diablo. Y mi novio tampoco es quien yo creía, sólo quiere tener una esposa virgen para saciar su lujuria y no sentirse solo y rechazado. Me atará a la cama y me llenará de hijos. ¿Y tú crees que eso es todo lo que puedo querer en esta vida? ¡Maldición! Ese era tu sueño mamá, no el mío. Yo no quiero eso. pensé que él me amaba, y que sería el marido perfecto para mí. Tan bueno y maduro.