El jefe 9 #2
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—Tamsyn, tú crees que alguien de aquí lo hizo? —no pudo evitar la pregunta, se sintió mal por hacerla, pero tenía que saber la verdad.

Su amiga la miró.

—No es lo que predicamos aquí, tratamos de ayudar a los demás, hacemos una labor muy importante en la sociedad, aquí y en otras partes. Ayudamos. Nos brindamos. Es injusto que ahora quieran ensuciarnos porque un caserío infernal se prendió fuego. ¿Realmente fue intencional? Pudo ser un accidente. Sabes que en ocasiones hay personas que se meten en las casas embrujadas para divertirse y hacer videos. Inventar cosas. siempre hay intrusos merodeando esas casas abandonadas. A lo mejor fue un accidente. ¿Por qué nos acusaron? ¿Fue tu jefe Prudence? ¿Él cree que fuimos nosotros?

Ella se sonrojó.

—Lo siento mucho Tamsyn, yo los metí en esto… no sabía y él insistió.

—Prudence, por favor, habla con él, convéncele. Dile que nosotros no fuimos. No puede acusarnos sin más. No tiene pruebas. ¿O acaso tú hablaste con él de la muerte del padre Alfred?

—Tam por favor, él supo de la muerte del padre Alfred y me dijo que lo sentía y yo me enojé por todo, le reproché su afán de hacer dinero. Me sentía mal y peleamos. Bueno, además ya no es mi jefe.

—Entonces fue él, él envió a los policías. Prudence. No pelees con ese hombre, trata de suavizar las cosas.

—Suavizar las cosas? pues ya es un poco tarde. Tuvimos una fuerte discusión el viernes y ayer.

—Pero no lo hagas, no te enemistes con ese hombre. Malcolm MacNeil es el dueño legítimo de Berestford house, por eso está furioso. Acaba de perder una casa que valía millones y en realidad no sé por qué le pidió al padre que fuera pues nunca tuvo en mente venderla. Dicen que realizaba actos sacrílegos en ese lugar.

—¿Actos sacrílegos?

Su amiga asintió.

—Compró esa propiedad hace años, pero no lo dijo a nadie, pero hay quienes lo veían ir allí con sus amigos de joven, llevaban chicas y se divertían. Rituales. Ese hombre no es un simple empresario millonario aburrido, hay algo muy raro en él, algo turbio y siniestro. Y todavía no entiendo por qué quiso bendecir la casa si se dice que él adora al diablo y usaba la casa para celebrar misas negras. Tú sabes que quienes adoran al diablo son una secta muy poderosa y villana y están en todas partes. Pero su culto es secreto, muy secreto.

—Oh Tassie, ¿por qué nunca lo dijiste? Trabajé seis meses para ese hombre y nunca vi nada que me hiciera pensar que adoraba al demonio. ¡Qué pecado!

—Bueno, yo no sabía que trabajabas para él, rayos, hace meses que no hablamos. He estado muy atareada preparando mi doctorado. Pero es verdad lo que te digo. Ten cuidado con ese hombre. él tenía otra intención, ahora lo veo, quiere destruirnos. Son nuestros enemigos, siempre están allí en la sombra acechando, buscando hacer el mal. Porque sirven al demonio. Y ahora creo que él… ahora que lo pienso Prudence, él hizo esto para matar al padre Alfred y luego lo del incendio. Busca incriminarnos, destruirnos, hacernos perder fieles.

Prude se quedó asustada y aturdida por todo lo que acababa de averiguar. ¿Su antiguo jefe era el dueño de la mansión embrujada? ¿Y nunca quiso venderla, y atrajo al padre con la intención de precipitar su muerte? No, no podía ser. Era demasiado siniestro.

—¿Estás segura Tamsyn? ¿Estás segura de que se trata del señor MacNeil?

—Sí, ellos tienen parientes aquí en Providence. También poseen propiedades en Nueva York, creo que las oficinas principales están en esa ciudad. Y hay una mansión llamada Rose Park que tiene el emblema de la cruz y las rosas atravesadas por una espada. Son de una secta antigua y oscura que adoran al diablo y realizan sacrificios. No sé cómo fuiste a dar a esa empresa, creo que todo ese negocio de bienes raíces es una fachada. Como miembros de esa secta siniestra reciben donaciones y luego lavan el dinero. Son nuestros enemigos Prudence, y me alegra que dejaras ese trabajo. Lo que me extraña que él te siga llamando.

Prudence se sonrojó al recordar ese beso. No podía ser, ese hombre no parecía un malvado. Jamás habría imaginado que… pero ahora todo tenía sentido. Se había reído de que fuera a vivir en Providence junto a su novio y le había mencionado en dos oportunidades que le haría un lindo presente de bodas.

—Nadie me avisó que el padre iba a ir a ese lugar terrible, habría intentado impedírselo. Aunque ya es tarde para lamentarse. Prudence. ten mucho cuidado con ese hombre. aléjate de él, sea lo que sea que busca contigo no… no te acerques a él. Es muy peligroso. Es un hombre malo, Prude. Puede que quiera seducirte.

—Tam, voy a casarme en una semana, crees realmente que le prestaría atención a ese sujeto?

—Tú no, pero puede que esté interesado en ti y haya hecho todo esto para intentar apartarte del camino. Es un hombre perverso que no da puntada sin nudo como dice el refrán. Ten cuidado con él.

Prudence se sintió muy nerviosa con todo ese asunto, jamás habría imaginado que su antiguo jefe pertenecía a una secta secreta y nefasta, pero de pronto recordó el extraño anillo que llevaba en su dedo anular derecho, un anillo de oro con un emblema tallado. Pensó que eran sus iniciales, pero en una ocasión llegó a distinguir una especie de grifo, ¿o sería la imagen del diablo?

Peter llegó entonces para llevarla de regreso a casa. Se veía algo cansado, pero era normal, llevaba días trabajando sin parar. Siempre tenía que ir al barrio nuevo para controlar que todo estuviera bien, aunque su prioridad era que su nuevo hogar estuviera terminado.

—Peter, no te ves bien—le dijo Prudence mientras conducía de regreso a casa.

Lo había notado muy pálido y sabía que casi no descansaba.

—Estoy bien, cielo. ¿Cómo estuvo la misa? ¿De qué hablabas con Tamsyn?

Su novio tenía esa costumbre de preguntarle así no más de qué hablaba con sus amigas.

—Hablamos del incendio, Peter. Estuvo la policía ayer y todos están preocupados.

No le dijo nada más, porque todavía estaba asimilando el nuevo panorama de que el señor MacNeil era el dueño de Berestford house y pertenecía a una secta secreta que adoraban al diablo. Sabía que existían varias sectas, pero había una que era muy poderosa y tenía su sede en Nueva York. Y su jefe era de allí. Viajaba con frecuencia, tenía amigos, contactos… ella creía que eran clientes por su trabajo, pero…

—No podrán probar que fueron ellos, Prude. Tranquila. Todo esto ha sido un infortunio—dijo su novio de pronto.

—¿Un infortunio? —ella pensó que había oído mal. ¿Qué significaba que no podrían probar nada, que eran culpables de incendiar la casa?

—Es que ese incendio pudo ser provocado por jóvenes que se divierten visitando casas embrujadas en vísperas de Halloween. Quizás hicieron una fogata en los jardines o… esa casa era de piedra y madera, la parte nueva era toda de madera. Con una cerilla o cigarros…

De pronto comenzó a pensar, a hilar cosas. el padre Alfred jamás le advirtió que su jefe perteneciera a una secta extraña, ni su novio. Él no habría dejado que trabajara para quien era miembro de una secta demoníaca. Tamsyn exageraba o ella sabía algo que los demás ignoraban. Pero no le sorprendía, su familia era muy importante en el condado, antigua y aristocrática. Y el padre de Tamsyn siempre sabía de esas peligrosas sectas y las combatía, no permitía que se mudaran a Providence, usaba todas sus influencias para ello. Lo recordaba bien. Y su hija debió saber de su boca lo de MacNeil.

Qué pena que no le avisara antes. Sentía rabia por haber trabajado para ese hombre y también por haberle ayudado en el pasado a bendecir la casa.

¿Pero si creía en el diablo por qué bendeciría la casa? Era extraño todo esto. No parecía tener sentido. Quizás su amiga Tamsyn exageraba o se equivocaba de sujeto. El señor MacNeil era ateo, no creía en nada y nunca encontró nada sospechoso en su oficina, ningún símbolo, imagen, nada que dijera que adoraba al diablo. Sin embargo, ella jamás pudo tener acceso a la documentación de Berestford house, a los títulos, sí a los planos de la casa. Su jefe le había dicho que esa propiedad era de un amigo suyo. Y ahora acusaba a la congregación de haber incendiado la casa. Estaba furioso… pero nada parecía tener sentido.