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Quizás se olvidará de esa mansión siniestra. A fin de cuentas, sólo lo hacía para ayudar a un amigo, por hacer un favor más que nada. Él tenía muchas más fincas para vender y trabajaba en ello. Era una de las empresas líderes en venta de propiedades y también en diseño de barrios privados.
Entonces pensó en su novio, faltaban sólo dos días para verle. Era jueves y sabía que el sábado pasarían por ella a media mañana para llevarla a la antigua Providence. Al pueblito de May. Y se quedaría el fin de semana con su novio. Y quizás pudieran adelantar su boda. No era la primera vez que se lo pedía. La echaba mucho de menos ahora que sólo se veían cada quince días. Hubo un tiempo en que casi salían a diario, cuando él tuvo que terminar un proyecto en la ciudad de Boston.
Suspiró mientras abandonaba la oficina para ir a almorzar.
Su amiga Nelly Ashton se le unió poco después.
Notó algo raro en ella, no hacía más que sonreírle de forma misteriosa y de pronto, luego de devorar su ensalada repleta de lechuga, pollo y tomate le dijo:
—Sabes qué dicen ahora en la oficina?
Prude sabía que tramaba algo.
—Supongo que dirán que me veo más ridícula que nunca que si pienso que estoy en el convento o algo así.
Su amiga negó con la cabeza sacudiendo sus rulos apretados de permanente.
—No, no te critican. Dicen que tu jefe irlandés tan guapo y tú… se revuelcan en su oficina. Y que por eso tú te vez distinta. Sospechan que te has quedado embarazada de él. Y ya no eres virgen.
Prudence se atragantó con un trozo de pastel de queso y su amiga tuvo que auxiliarla.
—Oh por dios, son una manga de malditos—dijo al fin.
—Bueno, es que los vieron muy acaramelados conversando y dicen que él… que él te sigue como perro alzado a todas partes y tú te has puesto más pechugona porque esperas un bebé.
Prude se puso colorada como un tomate.
—Qué mierda de gente. Me critican por mi forma de vestir, por ser religiosa, por no usar ropa a la moda y ahora dicen que …
—Dicen que te comes a tu jefe y envidian tu suerte por supuesto. Sabes que aquí todos creían que el tipo era gay, porque a ninguna prestaba atención hasta que apareciste tú. A ti sí te mira y me pregunto sí…
—¿Te preguntas qué? Diablos.
—Se preguntan si ya te has cogido a tu jefe, nena, eso. Si has decidido entregarle tu virginidad.
Ahora Prude sí que estaba indignada.
—Por supuesto que no, ¿qué te pasa? Mi virginidad es para mi marido y tú sabes que estoy comprometida y pienso entregársela en mi noche de bodas.
—Ay Prudence, nadie aquí cree eso. piensan que lo de la virginidad es puro cuento y que en realidad eres una zorra regordeta y taimada en busca de asegurarse el futuro cogiéndose al jefe.
—¿Regordeta yo? Malditos. Pues a la mierda con lo que digan esas ratas de escritorio. Me tienen sin cuidado lo que piensen. Yo no soy así, soy una joven decente que sabe bien su valor. Además, no necesito revolcarme con ningún jefe para progresar en esta vida—Prude estaba tan furiosa que se pidió otro postre. Casi sentía ganas de llorar por todo eso y dijo: —Son tan rastreros y malditos. Nunca ven el bien en ningún lado. Siempre piensan lo peor de todos. Y para que sepan, mi jefe es el hombre más serio y caballero que he conocido y si no fuera así, pues yo habría renunciado hace rato.
Nelly asintió.
—Sí, ya sé, son unas ratas que cuchichean sin parar. Están muertas de envidia todos ellas. Querían acostarse con el jefe irlandés tan serio y guapo y como no pudieron inventaron que era gay. Pero no creo que sea gay para nada. He notado como te mira.
Prude miró a su amiga ceñuda.
—¡Tú también! Por favor deja de decir esas estupideces. Soy una mujer comprometida y si algún día decido dar el mal paso será con mi futuro marido y no con un hombre que no me llama para nada. Ni que fuera tan estúpida.
Su amiga hizo un gesto de que se calmara.
—Está bien, lo siento, de veras. Sólo quise preguntarte porque no dejan de inventar cosas de ti y el jefe MacNeil.
—Son inventos, no hay nada. Ciertamente que estoy deseando dejar la ciudad y largarme de aquí. He soportado demasiado por ser independiente. Y ahora hay alguien siguiéndome, ¿sabes?
La cara de su amiga cambió.
—¿Alguien siguiéndote? ¿Pero lo has visto de nuevo?
—No, no lo he visto todavía, pero siento su presencia es como una sombra y ayer justo hablaba con mi jefe sobre esa maldita mansión embrujada de Boston y luego…
Prudence le contó a su amiga de la invitación de su jefe a vender la mansión. Ella la escuchó muy atenta.
—Conmigo no cuentes, Prude, ni loca me voy a ese lugar. Ya he visto suficientes películas de terror sobre mansiones que tienen vida para tratar de investigar por mi cuenta si esas historias son reales o puro invento.
—Pues yo tampoco pienso ir, pero…
—Prude, despierta. Tu jefe está invitándote a salir, ¿no lo ves? Quiere encerrarte en una mansión embrujada para que te mueras de miedo y así él rodearte con sus brazos y besarte, hasta que los nervios pasen.
Su amiga pelirroja se puso colorada.
—¿Otra vez con eso?
—Ay por favor, es evidente. Él siempre envía a sus asistentes a vender esas mansiones encantadas o con historias turbias de fantasmas. Tiene un grupo bien entrenado para ello. Ya sabes, hablan, hablan y hablan y convencen a los compradores de llevarse el clavo de sus vidas. Son contratados con ese fin. Tú no estás para eso, además, tu trabajo es distinto. Nunca te pidió que fueras la anfitriona de una casa de esas.
—No, es verdad, pero….
—Espabila boba, el irlandés está detrás de ti. Y yo creo que a ti te gusta él, aunque digas que no. Lo cual es muy normal porque ese hombre tiene un físico estupendo, alto, fuerte y su voz… yo adoro su voz. Tiene un acento y una forma de tratar a las mujeres… Nunca creí esa historia de que fuera gay y supe que era como una especie de maldad porque no se fija en las mujeres de la empresa.
—Bueno, pues me alegra saberlo. ¿Por qué no sales tú con él?
Su amiga sonrió.
—Si me invitara no me lo pensaría ni un segundo. Pero no. No soy su tipo y punto. Le gustan las chicas rellenitas como tú. Vamos, no puedo competir con esa delantera. Ninguna puede.
Prude la miró molesta.
—Pues mi delantera y mis encantos son para mi marido, díselo a esas ratas de oficina para que dejen de molestarme con sus historias de romances sucios.
—Prude no te enfades, no es mi culpa. Siempre dirán algo. Son unas perras envidiosas. Pero tú dijiste algo que me preocupó al comienzo. ¿Alguien ha estado siguiéndote?
—Sí, es verdad. Pero como no vi a nadie no puedo ir a la policía. No me creerían. Quizás sólo eran sombras.
—Sombras? ¿Te refieres a los fantasmas?
—Sí… hace tiempo que los veo, luego de mudarme. Quizás sea eso, pero me da miedo andar sola. Yo nunca fui así, pero…
—¿Y si es un maldito psicópata? Prude, debes hablar con la policía. A lo mejor anda suelto uno de esos pervertidos que siguen a mujeres, eso no es bueno, si te sigue es porque busca algo.
—No quiero pensar en eso, me da mucho miedo y no, yo vivo sola ¿entiendes? Si comienzo a perseguirme con eso no podré dormir y ya me pasó. No hay nadie. Pero si lo veo llamaré a la policía.
—Si lo ves ya será tarde boba, llama ahora, haz una denuncia. Yo te acompaño.
—Ahora no… si veo que se repite sí. Es que no sé si no sea parte de la sugestión o cosa del demonio, tu sabes que si hablas de él o de fantasmas es como si lo atrajeras.
Su amiga meneó la cabeza nada convencida.
—¿Y si es real? Tú crees que es una sombra, un espectro maligno, pero puede que sólo sea un maldito pervertido acechándote y así empiezan, vigilan, acechan y el final es trágico.
Prude se quedó muy nerviosa con esa conversación, su amiga tenía razón, había muchas desapariciones misteriosas en la ciudad y ella estaba en esa edad en que podía ser la presa de un maldito enfermo. Vivía sola, sin sus padres, sin un novio que la cuidara, aunque hoy día los novios no cuidaban demasiado de nadie según se quejaban sus amigas.
Quizás debiera ir a la policía o chequear las cámaras de su edificio.
No, no quería que pensaran que estaba paranoica.
Pero sí debía protegerse.
—Nelly, tú sueles llevar algo para defenderte en tu bolso, un día mencionaste algo.
Su amiga sonrió y buscó en su bolso.
—Llevo gas pimienta. Por si se acerca algún maldito pervertido. Es práctico y te lo venden en cualquier tienda. El tema es que debes ser rápida. Apenas sientes que te siguen toma el spray y se lo tiras directo a los ojos. Quedará ciego durante unos cuantos minutos y eso te dará tiempo a correr y pedir ayuda, pero … no es más que una posibilidad y no muy buena. Me refiero a que, si planea atacarte, si quiere someterte planeará todo con cuidado y tú no practicas deporte ni… a veces es cuestión de reflejos, eso tampoco garantiza que puedas escapar de un chiflado. Lo mejor es que hagas la denuncia, que alertes a la policía por si anda alguien merodeando.
Prudence pensó que debía conseguirse ese gas pimienta. No era buena corriendo ni haciendo ningún deporte. Nunca lo había sido y aunque le gustaba dar caminatas por el parque una vez por semana, eso no era suficiente para estar en forma.
Pero estaba preocupada. Sin embargo, cuando regresó al trabajo su jefe la envió buscar y ella llegó muy nerviosa a su despacho pensando en las habladurías de los oficinistas. Qué malvados. Ella no tenía ningún interés en su jefe y estaba segura de que él tampoco, pero bastaba con que hubiera un jefe cañón y una secretaria de curvas tentadoras para montar un romance. Para decir que ella se acostaba con él. Qué espanto.