LA ADELFA
H a florecido. Esta noche, al asomarme antes de dormir, tenía dos flores.
Dos flores moras, pequeñas, de un lila casi azul que a la luz de la vela parece que tienen luz propia.
Las miré un rato largo sin tocarlas, con el corazón haciendo cosas raras, y luego me vine aquí a escribirlo antes de dormirme porque quiero que quede la fecha: veinte de abril de mil novecientos treinta y dos.
La primera noche que el dondiego floreció en mi ventana.
Pensé en ella enseguida, claro. Si el mío ha florecido, el suyo también, o a punto está, que son del mismo esqueje y la misma noche y casi la misma ventana, solo que hay todo un cielo entre las dos.
Y la imagen de doña Marta asomada a su balcón esta misma noche, viendo sus flores abrirse, pensando quizá lo mismo que yo, me ha llenado de una alegría tan grande y tan absurda que me he reído un buen rato, bajito, sola, en la oscuridad de mi cuarto.
Dos mujeres en dos ventanas de Córdoba, riéndose de sus flores.
Que no sabe nadie lo que pasa en los cuartos de las casas cuando todo el mundo duerme.
Mañana hay clase. Se lo voy a decir. Que ha florecido. A ver si ella me dice algo.