El Jardín: Invasión (El Exterminador 1) Capítulo XVI Las vísceras del monte.
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Capítulo XVI Las vísceras del monte.

El amanecer no trajo consuelo a El Jardín.

En el borde del monte cercano, los vecinos se habían reunido alrededor de un cuerpo extraño y grotesco, una criatura muerta a medio devorar que desvelaba la verdadera naturaleza del enemigo.

Los ojos vidriosos y la piel cubierta de escamas translúcidas reflejaban un horror biológico que ninguno había visto antes.

“Esto no es de este mundo,” susurró Frantxo mientras estudiaba con atención, el estómago encogido por el asco y el miedo.

Los hombres del pueblo, acostumbrados a la dureza del campo, miraban con mezcla de repulsión y fascinación, mientras Álvaro intentaba entender qué clase de bestia era aquella.

“Mira esos órganos, no hay nada igual en ningún animal por aquí,” decía, señalando con el dedo.

La criatura parecía una amalgama de distintos seres, mutada y adaptada para la caza y la destrucción, un diseño perverso que retaba toda lógica natural.

Frantxo sintió un escalofrío cuando notó la manera en que algunos vecinos evitaban mirar la criatura, como si el simple hecho de enfrentarla pudiera transferirles su horror.

Sin embargo, era vital conocer al enemigo para vencerlo.

La curiosidad y el instinto de supervivencia empujaban a todos a seguir adelante, a desentrañar cada misterio oculto bajo esa piel viscosa.

Mientras tanto, en el pueblo, las discusiones giraban en torno a qué hacer con aquel descubrimiento.

“Si esto es lo que nos ataca, necesitamos armas y estrategias nuevas. No podemos seguir peleando a ciegas,” dijo Perico, recuperándose de su desaparición, ahora más decidido que nunca.

La mezcla de ciencia y coraje comenzaba a forjar una resistencia organizada, aunque el peso del miedo nunca desaparecía del todo.

Frantxo comprendió que la batalla no sería solo con escopetas y palos, sino también con conocimiento y astucia. El horror era real, pero también lo era la voluntad de pelear, de proteger la tierra que los había visto nacer y crecer. La guerra apenas comenzaba.