El Jardín: Invasión (El Exterminador 1) Capítulo XVII El pastor de los mudos.
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Capítulo XVII El pastor de los mudos.

Entre la incertidumbre y la paranoia, apareció un hombre enigmático conocido como “el pastor de los mudos”.

Nadie sabía mucho de él, salvo que vivía recluido en el monte y que había sobrevivido a muchas tormentas, humanas y sobrenaturales.

Su llegada al pueblo fue silenciosa, pero sus palabras resonaron con fuerza.

“Estos bichos no son solo bestias; entienden más de lo que pensamos,” advirtió, mirando fijamente a Frantxo.

El pastor hablaba de señales, sonidos y gestos que las criaturas emitían, como un lenguaje primitivo que podían interpretar.

“No son mudos, solo hablan otro idioma. Si aprendemos a escucharlos, podemos adelantarnos,” explicó, mientras algunos vecinos lo miraban incrédulos y otros con una esperanza difícil de ocultar.

Frantxo sintió que, a pesar de su aire misterioso, aquel hombre traía consigo una luz en la oscuridad.

Durante horas, el pastor compartió relatos de sus años en el monte, sus encuentros con la naturaleza y los secretos que había descubierto.

Sus enseñanzas comenzaron a cambiar la forma en que la resistencia veía la invasión.

No solo se trataba de matar, sino de comprender, de anticipar los movimientos y buscar puntos débiles en un enemigo que se adaptaba rápidamente.

El pueblo empezó a ver en el pastor un aliado esencial, aunque no exento de misterio.

Su presencia añadía una nueva dimensión a la lucha, una mezcla de sabiduría antigua y necesidad urgente.

Frantxo, reconociendo el valor de aquel hombre, decidió que sería parte clave de la estrategia que estaban a punto de diseñar.

Mientras tanto, fuera del pueblo, las sombras seguían moviéndose, implacables, como si supieran que la resistencia estaba tomando forma, y que la guerra se intensificaría.