El Jardín: Invasión (El Exterminador 1) Capítulo X Reunión en la iglesia.
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Capítulo X Reunión en la iglesia.

La ermita del pueblo, con sus muros encalados y la puerta de madera gastada, se había convertido en un refugio improvisado para los vecinos de El Jardín.

Dentro, el aire estaba cargado de una mezcla de miedo y esperanza.

Velas parpadeaban en las paredes, proyectando sombras danzantes que parecían susurrar historias de tiempos mejores.

El sonido lejano de tambores y disparos recordaba a todos que fuera, la batalla seguía su curso implacable.

Frantxo se sentó en uno de los bancos de madera, cansado pero alerta.

A su alrededor, los rostros de hombres y mujeres reflejaban la fatiga y el miedo que no se atrevían a expresar en voz alta.

El cura, con su voz profunda y serena, hablaba de fe y resistencia, invocando la protección de Santiago, patrón y guardián de la tierra que defendían.

Pero incluso él sabía que las plegarias no bastarían si no había acción.

Las conversaciones eran un susurro constante, planes improvisados y estrategias nacidas del instinto y la necesidad.

Álvaro, de pie junto a una ventana tapiada, hablaba con varios hombres sobre la necesidad de atacar.

Frantxo asintió, consciente de que el destino del pueblo dependía de esa misión peligrosa.

Mientras la noche avanzaba, la atmósfera dentro de la ermita se cargaba de una tensión palpable.

Cada ruido fuera era escuchado con atención, cada suspiro parecía un presagio.

Frantxo pensaba en los vecinos que aún estaban afuera, luchando, resistiendo, sufriendo.

“No puedo fallarles”, se prometió en silencio, mientras apretaba los puños.

En un rincón, una anciana rezaba con fervor, su voz temblorosa pero llena de convicción.

La mezcla de fe y miedo se entrelazaba en aquel pequeño templo, una batalla interior que reflejaba la lucha por la supervivencia de El Jardín.

Allí, en la oscuridad iluminada por velas, se tejía la resistencia, el hilo que mantenía vivo el alma de un pueblo que se negaba a desaparecer.