El Jardín: Invasión (El Exterminador 1) Capítulo V La víspera.
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Capítulo V La víspera.

El sol caía con menos fuerza, y el aire comenzaba a enfriarse en El Jardín.

La fiesta había quedado atrás, pero el eco de las risas y las jotas aún flotaba en las calles polvorientas.

Sin embargo, en los rincones más sombríos del monte y en los corrales, se respiraba una tensión distinta, un susurro que pocos se atrevían a nombrar.

Los pastores, curtidos por años de trabajo y silencio, intercambiaban miradas preocupadas mientras cuidaban a sus rebaños.

“Las ovejas están nerviosas, y los perros no ladran ni al gato”, comentaba Isidoro, el más veterano, con voz grave.

“Anoche vi unas luces raras entre los árboles. No son luces de luna, ni faroles... algo distinto.” Pero nadie en el pueblo parecía dar peso a sus palabras, demasiado ocupados con las tareas cotidianas y la resaca de la fiesta.

Frantxo caminaba por la calle principal, atento a cada detalle, sintiendo en la piel el cambio invisible.

En su mente, el recuerdo de aquella estrella fugaz seguía fresco, y un nudo apretaba su garganta.

Se preguntaba si estaba imaginando cosas o si realmente algo estaba por venir.

Al pasar por la tienda de Eduardo, vio que las persianas seguían bajadas y no escuchó ni un solo ruido.

El bar que había sido el centro de tantas charlas y bromas, ahora parecía un lugar vacío y triste. La gente comenzaba a mirar con recelo, a susurrar entre ellos. “Hay que estar alerta”, dijo Álvaro en voz baja cuando se encontraron junto a la fuente. “Esto no pinta bien”.

Mientras tanto, en las sombras del monte, unas huellas extrañas se marcaban en la tierra húmeda, y un frío antinatural se colaba entre los árboles. La noche avanzaba, y el aire se espesaba con un miedo nuevo, una amenaza que ya había comenzado a asomar sus garras.