El Jardín: Invasión (El Exterminador 1) Capítulo II Todo listo para Santiago.
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Capítulo II Todo listo para Santiago.

Las calles de El Jardín vibraban con los últimos retoques para la fiesta mayor.

Las mujeres vestían trajes coloridos, los hombres ayudaban a montar escenarios improvisados, y los niños corrían entre la plaza y las casas, llenos de energía y sin preocupaciones.

El bar de Perico olía a café y a cerveza fresca, y el bullicio era la banda sonora de un verano que parecía eterno.

Frantxo paseaba por la calle principal, saludando con una sonrisa a los vecinos que le devolvían la cortesía con afecto.

No era uno más, pero poco a poco se había ganado un hueco en ese pequeño mundo.

Por la tarde, se reunió con Álvaro y Antonio, que ya no veían en él a un extraño, era la Hermandad del Tequila.

“Mañana vamos a montar un sarao que no se va a olvidar”, bromeó Antonio, mientras repasaban los detalles para la charanga y el aperitivo.

El murmullo de preparativos se mezclaba con los trinos de los pájaros y el susurro del viento entre los árboles.

El sol calentaba aún, pero las sombras se alargaban y la noche prometía estar llena de música y baile.

Sin embargo, Frantxo sentía un leve escalofrío que no sabía explicar, como si el aire llevara una amenaza oculta.

Pero sacudió la cabeza y pensó: “Bah, será cosa mía. Que hoy hay que vivir, que esto es Santiago y no todos los días se come y se bebe así.”

Mientras los vecinos ultimaban detalles, un grupo de pastores comentaba entre sí las cosas raras que habían visto en los montes cercanos.

“Las ovejas se espantan sin motivo, y los perros no ladran”, decía uno con voz baja.

Pero esas voces quedaban lejos del bullicio de El Jardín, donde el mundo seguía girando con su ritmo pausado y alegre.