El Jardín: Invasión (El Exterminador 1) Capítulo I El cielo se abre.
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Capítulo I El cielo se abre.

El sol declinaba sobre El Jardín y el pueblo se preparaba para las fiestas de Santiago con un bullicio lleno de ilusión y nostalgia.

Las calles empedradas se llenaban de vecinos colgando banderines y adornos de colores, mientras el aire se impregnaba del aroma de la tierra seca y las hierbas del monte cercano.

Frantxo, medio forastero y algo distante, miraba desde la sombra de una encina con ojos atentos, notando esa energía diferente que solo las fiestas de verano podían traer.

En su interior, una mezcla de melancolía y esperanza se batía con las risas y los cantos que emergían del bar de Perico.

Esa noche, mientras la charanga afinaba sus instrumentos y los vecinos empezaban a juntarse para la cena al aire libre, una luz fugaz cruzó el cielo.

No era la típica estrella brillante de las noches de verano; su brillo era demasiado intenso, como una chispa celeste que desgarraba la oscuridad.

Los más mayores levantaron la vista y murmuraron con cierto respeto, recordando viejas leyendas.

Pero nadie le dio demasiada importancia: “Será un lucero, o alguna estrella que se despide”, dijo uno, mientras la música y el jolgorio tomaban el relevo.

El Vallejo se llenó de voces y aplausos, con charangas tocando pasodobles y jotas que ponían a todo el mundo a bailar.

El río, que atravesaba el pueblo, reflejaba las luces de faroles y antorchas encendidas por los jóvenes que se reunían junto al merendero.

Frantxo, observando desde la distancia, pensaba en lo efímero de esos momentos, sin saber que el destino les preparaba un giro cruel.

La noche era hermosa, llena de vida, y nadie sospechaba que esa estrella no era más que el aviso de un peligro que caía lentamente sobre sus cabezas.

Mientras tanto, en las sombras de Masegoso, a varios kilómetros, algo oscuro y extraño se movía.

La tierra tembló apenas unos segundos y un silencio extraño se apoderó del bosque.

El destello en el cielo había sido la caída de algo más que un meteorito.

En El Jardín, la fiesta continuaba, ajena a la tormenta que se acercaba.