Capítulo veintiséis #2
Estaba a punto de pedirle disculpas a Yarrow.
Quizá le iba a costar mucho más prueba y error antes de lograr algún avance real.
Después de todo, Laiken había sido un maestro hechicero con una extensa formación y décadas de experiencia, mientras que ella estaba intentando reconstruir fragmentos de hechizos a partir de las notas que había dejado…
La burbuja se alzó desde el círculo como un velo brillante. Se extendió y curvó para conectarse por encima de sus cabezas y se selló formando una cúpula. Igual que una pompa de jabón, brillaba con mil colores cuando la atravesaba la luz del sol que se filtraba por el cristal del invernadero.
—Ha funcionado —dijo Yarrow con un deje de asombro en la voz.
—Vaya. —Terlu no se esperaba que simplemente… funcionara. Así de fácil. Pensaba que tendría que probar varias variaciones más del hechizo antes de que diera por resultado una cúpula así de perfecta. Se acercó a la pompa y la examinó con detenimiento.
Ninguna rotura ni fisura. Además, era preciosa. Observó cómo los colores cambiaban y ondulaban, más colores de los que había visto nunca, en tonos que se entremezclaban los unos con los otros antes de desvanecerse, como un arcoíris viviente.
—Si la creamos contra el perímetro del invernadero, podremos controlar la temperatura y la humedad del interior de las salas muertas. Podrás volver a tener el verano en mitad del invierno. —Terlu se quedó callada—. Eso si es capaz de retener el calor.
—Podemos probarlo. Puedo encender un fuego. Llevo un encendedor encima.
—Buena idea. —Le encantaba que fuera siempre tan preparado.
Yarrow cruzó el camino para recoger hierba seca de los tiestos de las plantas muertas. Después de juntar algunos puñados de dentro de la burbuja, alargó la mano hacia un montón que estaba justo al otro lado… y su mano se detuvo con un golpe sordo.
—Ah. Es sólido.
Colocó la palma en la pared de la burbuja y empujó. No la atravesó.
Terlu se apresuró a su lado. Habían caminado de un invernadero a otro, pasando por las barreras invisibles de los umbrales de las puertas y jamás les había supuesto un problema. Aquel hechizo de burbuja estaba inspirado en ese. Se suponía que debía actuar como un aislante, no como una pared.
Terlu golpeó la burbuja con los nudillos. Formó unas ondas, pero no se disipó.
—Vale, tal vez no sea perfecto todavía. Tendremos que volverlo a intentar. —Se dijo para sus adentros que no debía decepcionarse. Claro que no había funcionado a la primera. Se preguntó qué línea debía modificar para hacer que la pompa se pudiera atravesar sin perder la impermeabilidad…
Yarrow empujó la pompa con más fuerza. Se hundió, pero no se rompió.
—Mmm.
Terlu se apoyó contra ella con el hombro, esperando aparecer al otro lado, pero en su lugar salió rebotada hacia atrás. Una espiral de preocupación se le enrolló en la garganta. Solo era una burbuja. No podían estar atrapados, ¿verdad?
Yarrow sacó las tijeras de podar e intentó sajar la burbuja. Esta se curvó alrededor de la hoja.
—Creo que estamos atrapados —sentenció Yarrow con voz sombría.
—Eso… no es bueno. — No entres en pánico. Solo es una burbuja. Estallará .
Mientras Yarrow procuraba apuñalar la burbuja con las tijeras, Terlu se apresuró a revisar el hechizo.
Leyó las palabras. No decían… Ups . Vio la frase en la que se especificaba la durabilidad de la burbuja.
Se requería para que la burbuja fuera capaz de contener los niveles de calor y humedad, pero no incluía una frase para permitir que todo lo demás la atravesara.
¿Quizá hacía referencia a una frase de otra parte diferente del hechizo original?
En el perímetro de la burbuja, Yarrow estaba embistiendo con el hombro contra ella, usando toda su fuerza y su peso. Estaba empezando a mascullar blasfemias. Cada uno de los golpes resonaba con un sonido sordo que la burbuja absorbía, creando ondas como un inocente arcoíris que los rodeaba.
¿Y si no conseguía hacerla estallar? ¿Y si de verdad estaban atrapados?
—Alguien nos encontrará —dijo Terlu con la voz de bibliotecaria más tranquilizadora que pudo invocar. Se dijo mentalmente que debía centrarse en resolver el problema, no en los escenarios hipotéticos.
—Es poco probable —la contradijo Yarrow.
—En algún punto Lotti se preguntará dónde estamos.
—¿Y qué harán cuando nos encuentren? Es impenetrable.
—Si aúnan esfuerzos… —Si ejercían la suficiente fuerza en un punto desde el exterior, debería estallar, ¿no?
Aunque era verdad que los hechizos de los invernaderos habían durado décadas, quizá incluso siglos, a pesar del viento, la nieve y la lluvia que el cielo podía arrojarles.
Las burbujas solo estallaban cuando la magia se debilitaba lo suficiente como para colapsar.
¿Y si había creado un hechizo igual de sólido?
—Vale, a lo mejor sí que necesitamos un plan mejor que esperar a que vengan a rescatarnos.
—¿Tiene alguna debilidad? —preguntó Yarrow.
—No estoy segura —respondió ella mientras estudiaba el hechizo. Como estaba preocupada por la fragilidad de las pompas de los intentos anteriores, se había centrado más en su robustez. ¿Me he pasado? ¿Qué he hecho? No podía haberlos dejado atrapados allí durante décadas, sin comida, sin agua, sin…
—Ay. Ay, no.
—¿Qué pasa?
—No quería que se rompiera, que resquebrajara el cristal y matara todas las plantas. Así que lo he hecho todo lo resistente que he podido. —Había resaltado esa sección del texto, empleando una palabra que amplificara su poder. Le había parecido lo adecuado en ese instante—. Está reteniendo el aire.
—Y a nosotros.
—El aire, Yarrow. No deja pasar ni salir el aire.
Yarrow dejó de empujar la burbuja.
—¿Me estás diciendo que, si no conseguimos salir, nos vamos quedar sin aire?
Terlu asintió. Notó que las lágrimas le escocían en los ojos. Sabía que no tendría que haberse metido en asuntos de magia. Los hechizos… solo había sido una cuestión de ego pensar que podía comprenderlos…
—Para —dijo Yarrow.
Terlu se tragó las lágrimas que estaban a punto de derramarse.
—Lo siento.
—Mira las anotaciones y busca la manera de romperla —la instó Yarrow, calmado, seguro de sí mismo y tan tranquilizador como la voz de bibliotecaria de ella. No sonaba enfadado o asustado. Pero debería , pensó ella. Debería estar enfadado conmigo . Pero no lo estaba—. Puedes hacerlo.
Terlu negó con la cabeza.
—No debería…
—Más tarde si quieres te regodeas en la culpa, pero ahora mismo… —Se acercó a ella y se arrodilló a su lado—. Terlu Perna, mírame. No es culpa tuya.
Ella casi esboza una sonrisa.
—Es culpa mía, de eso no hay duda.
—Bueno, sí, pero estás intentando obrar un milagro.
No esperabas que funcionara a la primera, ¿verdad?
—No quedaba ni rastro del Yarrow que se había estado abalanzando contra el muro iridiscente como un oso furioso.
Hablaba con voz suave, ojos llenos de comprensión y las manos que posaba sobre los hombros de ella lo hacían en un gesto amable.
—¡No esperaba que fuera una trampa mortal de buenas a primeras!
Es una burbuja. No… —Negó con la cabeza.
Sumirse en la culpabilidad no los iba a ayudar en nada—.
Vale, vamos a ver cómo podemos deshacer el hechizo.
Tú rompiste mi conjuro. Y yo anulé el hechizo de hibernación de las plantas.
—En ambos casos, sin embargo, habían empleado un hechizo adicional para revertir los efectos del conjuro inicial.
No contaba con un contrahechizo a mano que pudiera lanzarle a la burbuja para hacerla estallar.
A lo mejor existía uno, pero no lo conocía.
Si tuviera acceso a toda la biblioteca de los cuadernos de Laiken…
Pero solo tenía los hechizos que había llevado consigo, los que había pensado que le podían resultar relevantes.
Quizá la clave se encontrara entre ellos, en algún lugar.
Extendió las hojas delante de sí y las examinó.
—Tú lee —le dijo Yarrow—. Yo seguiré intentando derrumbarla. —Levantó un tiesto y lo arrojó a la barrera. La burbuja se dobló, absorbiendo el impacto, y el tiesto rebotó de vuelta al círculo. Se estrelló contra el suelo y se hizo añicos.
Las palabras se le mezclaban delante de los ojos. Apretó los puños y procuró concentrarse. Notaba la garganta seca. Tragó con dificultad y dijo:
—¿Y si cavamos por debajo…?
Yarrow sacó una pala de jardinería y, tras arrodillarse, empezó a cavar.
Mientras socavaba el suelo al borde de la pared de la burbuja, ella intentó leer.
Y si no funciona, y si nos quedamos sin aire, y si nadie nos encuentra…
Sus pensamientos se sucedían los unos a los otros y le esbozaban posibles escenarios horribles.
—Se mete dentro de la tierra —anunció él unos minutos después.
Cómo no. Había formado una esfera.
No te dejes llevar por el pánico , se ordenó a sí misma. Puedes resolver este entuerto .
Yarrow apoyó las manos sobre las rodillas.
—¿Puedes… No sé… revertir las palabras?
—No funciona así. Todos los hechizos requieren las palabras adecuadas para activar ciertos ingredientes… —Se le ocurrió una idea. Un hechizo estaba formado por palabras y elementos. ¿Y si le quitaba los elementos?
—¿Y si destruimos los ingredientes? —propuso entusiasmada.