El invernadero encantado (Spellshop 2) Capítulo quince #4
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Capítulo quince #4

—Fabriiicó el invernadero para ella —dijo Dendy—.

Al principio había únicamente una sola estructura, pero fue añadieeendo más y más salas a medida que recolectaba semillas y ejemplares de plantas de todos lados.

Los barcos no paraban de llegar cargadas de ellas, y la chica parecía feeeliz.

Laiken no sabía que Ria había estaaado hablando con los marineros, y no sabía que los sobornó paaara que la dejaran subir a uno de sus barcos cuando seeee sintió preparada.

Hasta el momento, en ninguno de los cuadernos se había mencionado a una hija, pero es que no versaban para nada sobre la vida personal de las personas.

Solo hablaban de las plantas y las estructuras.

Terlu se preguntó si a Ria le habían gustado los invernaderos y si había tenido la intención de regresar, ¿o su plan había sido volar libre? Como yo, cuando me fui de casa .

—Yo eeestaba allí el día que se marchó. También Looootti. Fue la priiimera vez que Laiken la dejó sin agua. La cuuulpó por no haberle contado los plaaanes de su hija. Cuuulpó a los jardineros por no haberla detenido. Cuuuulpó a los marineros por llevársela.

—A que lo adivino… Jamás se culpó a sí mismo por retenerla aquí cuando no quería quedarse en la isla. —Terlu había conocido a gente así, que siempre le echaban las culpas de todo a los demás. Nunca analizaban sus propias decisiones.

—Siiiguió construyendo, expandieeendo el invernadero. Creía que si lo hacía másss y másss grande, entonces Ria querría volveeer. El díaaa que el barco de provisiones vino con la noticia de que habíaaa muerto… Laiken se rompió.

—Qué tragedia…

—Lo más trágico fueee que siguió pensando que volvería, y debíaaa mantener esta isla a salvo para ella. Empezó a temeeer que los demás querrían destruir los invernaderos. No vio que los demás tambiéeen los querían. O que los demás también la habíaaan querido.

—La echas de menos.

—Sssiempre.

—¿Y Yarrow? ¿La echa de menos, él?

—Él todavíaaa no había nacido cuando ella muuurió. Todo esto ocurrió hace muuucho tieeempo. Laaaiken jamás lo perdonó ni se ooolvidó. Las plantaaas recordamos yyy perdonaaamos.

Se quedaron callados y Terlu examinó dos cuadernos más que Dendy había seleccionado.

Uno se centraba en las frutas y las verduras —hechizos para que las patatas estuvieran más saludables, hechizos para ahuyentar las plagas de los melocotoneros, hechizos para que las semillas de calabaza tuvieran un sabor picante—, pero el otro parecía centrarse más en el mantenimiento de los invernaderos.

Por lo que había traducido hasta ese momento, había intentado múltiples técnicas para asegurarse de que los niveles de humedad fueran correctos y para mantener la temperatura…

Mientras leía y garabateaba con cuidado sus propias anotaciones, Dendy empezó a cantar.

Tenía una voz suave y melosa, y mecía sus hojas al compás de la melodía.

Se trataba de una vieja canción tradicional isleña sobre una sirena y un tritón que se hacían amigos de un niño.

Terlu escuchó distraídamente mientras leía.

Era agradable y tranquilizante. Para ella, no había nada mejor que leer acompañada. No necesitaba conversar constantemente, pero sentir la compañía… eso sí que lo anhelaba. Pasó otra página…

La puerta de la torre se abrió de golpe de par en par. Ambos dieron un respingo y Yarrow irrumpió con pasos agitados. Se sacudió para liberarse de la nieve que le había caído encima.

Terlu se levantó de un salto.

—¿Ha pasado algo? —¿Estaba bien Lotti? ¿Estaban las demás plantas…?

—¿Puedo quedarme aquí un rato?

—Por supuesto, pero ¿qué…?

—Hablan. —Yarrow se desplomó en la silla del escritorio de Laiken—. No paran de hablar. Solo necesito… necesito unos minutos. —Se pasó las manos por la cara.

Terlu intentó contener una sonrisa mientras regresaba a la lectura. Tal vez hubiese huido de las plantas parlanchinas, pero se fijó en que no se había ido a su casa, había ido a la torre para estar solo, con ella. No era el misántropo que fingía ser. Simplemente era… tímido.

Era un hallazgo interesante.

El día fue pasando.

Dendy revisó algunos libros más de las estanterías, y eligió unos cuantos mientras que descartó el resto. Terlu continuó con la investigación. Yarrow holgazaneó a su alrededor. Fue en busca de madera fuera y avivó el fuego. Se sacó dos patatas del bolsillo y las metió en la estufa para asarlas.

Afuera, se oía el rumor cada vez más intenso de unas voces… frenéticas. Terlu se dio la vuelta cuando algo golpeó contra la puerta. Se oyó otro golpe y Yarrow se apresuró a abrirla. Terlu lo siguió.

—Vale, me habéis encontrado —dijo él con un sonoro suspiro.

—¿Va todo bien? —preguntó Terlu detrás de él.

Todas las plantas empezaron a hablar a la vez. Sus voces se solapaban produciendo una cacofonía que hacía imposible discernir las palabras por separado. Lotti se abrió paso hasta la primera fila de la muchedumbre vegetal y gritó por encima de los demás:

—¡Tenéis que venir! ¡Uno de los invernaderos se está muriendo!