El invernadero encantado (Spellshop 2) Capítulo quince #2
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Capítulo quince #2

Terlu se arrodilló en el camino y las plantas se congregaron a su alrededor.

Cada una le dijo su nombre: el filodendro era Dendy (él), la hiedra era Risa (elle), la orquídea Amina (ella), la cala Viria (ella), el cardo Tirna (elle), la sardonia Nif (él), el mirto Ree (él), el nopal Hosha (elle), la atrapamoscas Sut (él), la campanilla Zyndia (ella), el helecho Mirr (elle)…

Procuró retener en la memoria tantos nombres como pudo.

—¿Y cómo os encontráis? ¿Estáis bien?

—¿Necesitáis algo? —añadió Yarrow.

El mirto, Ree, se enfrascó en una saloma:

—Lo único que necesito es el azote del viento en la espalda, la cubierta bajo mis pies, ¡y el maaaaaaar delante de mí! —Meneó las hojas mientras cantaba.

—Chitón —lo reprendió Lotti—. Yarrow habla en serio. Es un buen hombre y quiere ayudar.

Y eso propició que las plantas se deshicieran en explicaciones: estaban bien, estaban un poco secas, una solicitó un tiesto nuevo, otra opinó que la tierra podía tener mejor sabor, una quería más humedad, otra comentó que le hiedra (Risa) roncaba, otra dijo que la risa de la cala (Viria) era demasiado estridente, la crisantemo quería saber cuándo regresaría su jardinero favorito y le helecho (Mirr) se preguntó por qué no las habían mezclado entre las plantas que no hablaban.

Todas querían saber qué se habían perdido mientras estaban dormidas.

Se apiñaron alrededor de Yarrow y le preguntaron sobre todos los jardineros habidos y por haber, hasta que Terlu temió que el hombre fuera a desaparecer por la puerta y echar a correr hasta llegar al muelle.

Fue retrocediendo poco a poco, hasta colocarse detrás de Terlu, mientras las plantas se acercaban cada vez más.

Lotti las hizo retroceder.

—Dadles espacio. Ya os lo he dicho: es el único jardinero que queda aquí, y Terlu y él son los únicos dos humanos que hay. Además de las varias bestias y bichos que creó Laiken. También está el gato, Emeral, pero ese es un monstruo aterrador.

—No es un monstruo —intervino Terlu.

—Pero eso no tiene ningún sentido —dijo le hiedra, Risa, a Lotti—. Hay cientos de invernaderos que requieren atención. Hace falta un equipo completo de jardineros que trabaje noche y día para mantener las malas hierbas y las plagas a raya y que las plantas estén bien podadas y cuidadas.

—Y por eso necesitamos vuestra ayuda —intercedió Terlu.

Se quedó callada y esperó que Yarrow les pidiera si lo querían ayudar con sus tareas diarias, pero en su lugar dijo:

—Desde la muerte de Laiken, muchos de los invernaderos han colapsado. La magia se debilitó y los cristales se hicieron añicos, haciendo que los hechizos de temperatura fallaran.

Varias de las plantas jadearon.

—Terlu ha estado traduciendo sus diarios —continuó Yarrow—. Gracias a eso encontró el hechizo que os ha despertado. Ahora va a encontrar el hechizo para restaurar los invernaderos muertos y salvar Belde.

¿Seguro que lo encontraré?

¿Presión? Para nada. En ningún momento había dicho que pudiera hacerlo, solo que quería ver si era posible. ¿Y si no podía? No quiero decepcionar a nadie .

—Lo intentaré —se apresuró a decir Terlu—. No soy hechicera, así que no os puedo prometer nada.

—Comprende la lengua de los hechiceros y ha descifrado el código secreto de Laiken.

Terlu sintió que todas las plantas tenían la mirada —sin ojos— fija en ella, lo que hizo que le dieran ganas de esconderse detrás de uno de los pilares y desaparecer.

Jamás había tenido a alguien que dependiera de ella.

Por lo general, era bien sabido que al final la gente acababa por decepcionarse un poco con ella.

Soy simpática y amigable, sí, pero para nada impresionante… Esa soy yo .

—Sí, pero hay un largo trecho entre ser capaz de leer un hechizo y conjurarlo correctamente…

Yarrow la miró con ojitos de ternero degollado, llenos de esperanza.

—¿Pero estás dispuesta a intentarlo?

—Sí, claro, lo intentaré. Es solo que… —Terlu suspiró.

¡Por supuesto que iba a intentarlo! Lo único que no quería era prometer un milagro si no estaba segura de poder cumplirlo.

Terlu miró a las plantas, con sus hojas vivaces y alegres y la tierra retenida por sus raíces—.

Si alguna de vosotras recuerda qué hechizos usó Laiken para mantener los invernaderos estables, me sería de mucha ayuda.

—Era muy reservado con su magia —dijo la orquídea, Amina.

—Di las cosas como son, era un paranoico —espetó Risa y se enrolló alrededor de la orquídea—. Desde un principio. Pero Dendy estuvo con él más tiempo. Puede que reconozca alguno de los hechizos.

—Pueeedo intentarlo —accedió Dendy—. Es lo úniiico que promeeto.

—Lo mismo digo —se sumó Terlu con fervor.

—Es lo único que os pido —les dijo Yarrow con los ojos clavados en los de Terlu.

Con un estremecimiento, Dendy enrolló sus hojas mientras se abría paso a través de la nieve que había fuera del invernadero. Dejó un rastro tras de sí como el de una serpiente. Mantenía el cepellón lejos del suelo, sostenido por una masa de hojas parecidas a las de una parra.

—Pareces tener frío —dijo Terlu—. ¿Quieres que te lleve dentro del abrigo?

Dendy levantó los zarcillos como si fuera un bebé que pidiera que lo llevaran en brazos.

—Sí, por favor. Las plaaantas no están hechas para los cambios abruptos de temperatuuura. Además, no tengo pieees.

Terlu alzó en volandas su cepellón y él se acurrucó contra ella dentro del abrigo.

—Graaacias —le dijo Dendy—. Laaaiken solía transportarnos en una carretiiilla. Al menos hasta que se hartó de nuestra compaaaañía.

—Te puedo buscar una carretilla.

—Así está bien, no me impoooorta.

—No pesas y no te mueves. —Era aproximadamente del mismo tamaño que su primer amigo planta, pero a Caz no le gustaba que lo llevaran en brazos.

Prefería usar sus estolones para balancearse entre las estanterías de la biblioteca.

Se preguntó cómo debía ser darse cuenta de repente de que podías moverte por tu cuenta y no estar atado a un tiesto o un parterre—.

¿Salías a menudo del invernadero? Me refiero a antes.

—Al principio, iba a tooodos sitios con Laiken igual que Loottiii. Tiempo después… empezó a aborrecer que tuvieeera opiniones. Ha pasado muuucho tiempo desde la última vez queee vi su torre. Conjuró muchos hechizos siiin mí. No sé si teee seré de mucha ayuda, pero looo intentaré.

Cuando llegaron a la torre, Terlu abrió la puerta y entró con Dendy en brazos. Este se desprendió del torso de ella y saltó para avanzar impulsando su cepellón con sus frondosos zarcillos.

—Ahora está más limpia que antes —dijo Terlu.

Desde la llegada de la bibliotecaria, Yarrow había quitado el polvo y limpiado todas las superficies, y Terlu, con la ayuda de Lotti, había clasificado todos los papeles y organizado los libros y los cuadernos.

Sin embargo, el lugar seguía desprendiendo un aire a abandono.

Es por el olor , pensó ella. Incluso después de haber limpiado a fondo, el taller seguía oliendo a plantas marchitas y libros polvorientos, mezclado con el humo del fuego de la estufa.

No huele a un lugar con vida . Nadie había cocinado una sopa ni horneado un pan allí.

El único frescor procedía del aroma cítrico del jabón que Yarrow había usado para limpiar los frascos y botes.

Quizá Terlu podía ponerle remedio. Añadir algunas flores en jarrones.

Atar hierbas de las vigas para que se secaran.

Colgar unas cortinas. Había cortinas en algunas de las otras casas.

Si iba a seguir pasando la mayor parte del tiempo allí…

Preferiría estar en la casita de Yarrow antes que transformar este antro en mi casa .

Lo que menos se imaginaba era usando la habitación de la planta superior.

Ni siquiera había vuelto a poner un pie allí arriba desde el primer día, cuando había recuperado el único libro que había en la habitación, el último cuaderno de Laiken.

Era un espacio, bueno, espeluznante cuanto menos.

Parece estar encantado . No le sorprendería en absoluto que lo estuviera, al menos por los vestigios de desesperación que se percibía.

La tristeza pendía en el aire de la habitación de la planta superior, como si las mismísimas paredes recordaran que un hombre solitario y paranoico había vivido y muerto allí.

No se veía pasando ni un solo minuto allí arriba por voluntad propia.

Al menos en la planta inferior ni había ni rastro de ese miasma.

Y gracias a Yarrow, no quedaba ni una mota de polvo.

Dendy se subió a la mesa de trabajo impulsándose con las hojas. Se aposentó con el cepellón bajo los zarcillos, como si estuviera sentado.

—¿Eeeen qué puedo ayudarte?

Terlu hizo un gesto con la mano que abarcaba los papeles y los libros que atestaban los estantes, el escritorio y la mesa de trabajo.

—He descifrado su código usando el libro de código que dejó en el laberinto de los dragoncitos, pero hay más de cien cuadernos, aparte de un sinfín de hojas más.

Me llevaría una eternidad revisarlo todo, sobre todo teniendo en cuenta que no sé exactamente qué es lo que estoy buscando.

Tengo la esperanza de que puedas acotar la búsqueda.

—Pueeedo echarles un vistazo. Veeeer si reconooozco alguno.

—¡Perfecto! —Terlu fue en busca de un fajo de papeles y lo dejó delante del filodendro—. Eres el mayor de todos, ¿verdad? ¿Después de Lotti?

—¿Cómooo lo has sabiiido? ¿Me estoy marchitando? —Retorció sus tallos parecidos a enredaderas, como si se estuviera examinando desde distintos ángulos.

Terlu no sabía cómo lo había adivinado. Quizá porque su actitud era mucho más calmada que la de las demás, o quizá porque Lotti lo había elegido para que lo despertaran el primero. Quizá fuera por la manera en la que hablaba de Laiken, como si lo hubiese conocido durante décadas.

—¿Cómo era este sitio? Antes de que Laiken despachara a todo el mundo. ¿Conocías a Yarrow cuando era más joven?

—Esperaba que meee preguntaras por el hechicero, no por el jardineero.