El invernadero encantado (Spellshop 2) Capítulo catorce #2
39%

Capítulo catorce #2

—Por favor —le suplicó el cardo a Yarrow—. No permitas que nos vuelva a dormir.

Basta . Terlu dio un paso al frente y se curvó por encima de la hiedra, alzó en brazos a la pequeña planta y la acurrucó contra su pecho. Temblando, Lotti se aferró a su camisa.

—La estáis asustando —riñó a las demás plantas—. No se acuerda de nada de todo esto. ¿No es así, Lotti?

La rosa sacudió sus pétalos mientras aspiraba.

—¡No! Pero… hay… lagunas. Pensé… A veces no me regaba, y me quedaba inconsciente durante días, semanas o meses. Se enfadaba cuando me tenía que repetir algo, cuando no recordaba… Pero ¡no traicionaría a nadie! Al menos, creo que no lo haría… ¡Lo siento! —vociferó.

—Por lo visto parece que ella también fue su víctima. Todas vosotras —intercedió Yarrow desde al lado de la temblorosa hierba de fuego.

Un deje de furia empañaba su voz. Terlu también la sentía, desatándose en su interior, como un agua que burbujeaba en su estómago. Si el hechicero estuviera allí… No se trataba a los seres vivos de esa manera. Les había dado la vida, eso los convertía en su familia. No se trataba a la familia así.

—No fuimos sus víctimas —dijo Lotti con la voz amortiguada por la camisa de Terlu—. Éramos sus seres queridos. No nos habría hecho daño a ninguno de nosotros. Nos quería. Solo quería protegernos.

Dendy suspiró y enrolló sus zarcillos alrededor del tiesto.

—Eso es lo queee dijo cuando conjuró el hechizo, que era por nuestro prooopio bien.

—Era un mentiroso —sentenció la hiedra—. Un mentiroso ruin.

—Uno a uno, nos quedamos dormiiidos —dijo Dendy.

—Por nuestro propio bien, nos dijo. —Mientras hablaba, la hiedra se enroscaba y desenroscaba alrededor del pilar más cercano, visiblemente agitada—. Jamás tuvo intención de despertarnos. ¿Cómo es que volvemos a estar vivas?

—¿Dónde está? —preguntó el cardo, temblando—. ¿Va a venir?

Los sollozos del nopal aumentaron de volumen.

Terlu miró a Yarrow. No parecía que fuera a responder, así que decidió tomar la iniciativa.

—No va a venir. Murió hace algunos años. Fue Lotti quien insistió en que os despertáramos a todos. Nos ha ayudado en todos los pasos del proceso. No importa lo que ocurriera en el pasado, Lotti os ha ayudado ahora.

La pequeña rosa se removió en las manos de Terlu y se asomó por detrás de sus pétalos.

—Te agraaadecemos la ayuda —dijo Dendy con solemnidad.

—¿Está muerto? —preguntó la hiedra y se recogió formando una espiral.

—¿No va a volver? —inquirió el cardo. Su voz irradiaba esperanza.

—No —respondió Yarrow con firmeza.

—¡La oscuridad se desvanece! —proclamó la campanilla y abrió todas sus flores a la vez.

Eso es lo que necesitan oír , se dio cuenta Terlu. Que están a salvo . Sabía lo que debía decir, lo mismo que le habría gustado oír a ella.

Avanzando por el invernadero, Terlu le aseguró a cada una de las plantas que eran queridas, que estaban a salvo y que todo iba a ir bien.

Lotti se mantuvo callada y solo asomaba la cabeza para repetir lo que decía Terlu, mientras que Yarrow comprobaba la salud de sus raíces y tallos, mientras también repetía las palabras de ella.

Nadie las iba a dormir otra vez, y nadie iba a hacerles daño o llevárselas a ningún lado.

Para cuando hubo terminado de hablar con todas, el sol se había puesto y las plantas empezaban a acurrucarse en sus tiestos. Algunas se habían calmado y otras simplemente estaban exhaustas.

Por lo que Terlu podía deducir de lo que las plantas le habían contado sobre su último día, Laiken temía por ellas.

No había parado de repetirles que lo hacía por su propio bien, para mantenerlas a salvo de cualquiera que quisiera llevárselas y usarlas.

En ningún momento había especificado quién podía tener la intención de hacer algo así ni por qué, pero insistió en que aquella era la única opción.

—Ya no está. Estáis a salvo —les dijo Terlu una y otra vez, hasta que se calmaron, una a una.

Regresó al lado del filodendro que esperaba en el caminito. De todas ellas, él era el único que había mantenido la calma durante todo aquel calvario.

—Dendy, ¿estaréis bien aquí esta noche o preferís que nos quedemos? —preguntó Terlu. Podía llevar a Lotti de vuelta a la torre de Laiken y regresar para pasar la noche con las demás plantas revividas.

—Vooosotros doooos no cabéis en un tiesto —observó Dendy.

—Podríamos traer algo donde dormir —apuntó Yarrow.

—Yo me quedaré con ellas —se ofreció Lotti—. Creo… Creo que se lo debo. Aunque no me acuerde. Me quedaré aquí, por si alguna necesita algo. Y si es así, iré a buscaros. Y quizá me puedan ayudar a recordar.

—¿Estás segura? —le preguntó Terlu a Lotti. Las demás plantas no habían sido demasiado amables con ella—. Puedes regresar con nosotros a la casita para pasar la noche. Volveremos por la mañana.

Yarrow se arrodilló al lado del filodendro y le habló con voz suave.

—Estaré bien —le aseguró Lotti. Se deslizó por los pantalones de Terlu y saltó al suelo cerca de la hiedra—. Son mis amigos —añadió con su energía habitual—. Y si no lo son, lo serán.

A regañadientes, Terlu y Yarrow dejaron a Lotti con las demás plantas sintientes.

Inmersos en sus propios pensamientos, apenas intercambiaron palabras mientras cruzaban los otros invernaderos y salían hacia la casa.

La temperatura se había desplomado y el aliento de Terlu formaba un vaho delante de su cara mientras se apresuraban por entre los pinos.

Dentro, siguió tiritando mientras Yarrow avivaba el fuego que ardía en el hogar.

—¿Crees que estarán bien? —preguntó.

—No lo sé —contestó Yarrow.

Cuando hubo entrado en calor, colgó el abrigo y fue hacia la cocina, abrió el armario y dispuso unos cuencos sobre la mesa mientras Yarrow calentaba la sopa.

—¿Crees que Lotti estará bien?

—Es una superviviente.

—¿Estás tú bien? Sé que… quiero decir, me da la impresión de que Laiken era una persona importante para ti. Descubrir que conjuró ese hechizo en contra de la voluntad de las plantas…

—Les arrebató la vida porque tenía miedo —terció él.

Terlu llenó los vasos con agua aromatizada con fresa y menta, y aguardó en silencio, dándole espacio con la esperanza de que el hombre añadiera algo más.

Debía de estar saturado de sentimientos.

Aquel hechicero… Aunque no parecía haber sido alguien cariñoso, había sido para él como una figura paterna, en cierto modo.

Había sido el creador de todo lo que había en la isla, y eso incluía todas las cosas que le interesaban a Yarrow.

Debía de doler saber que les había hecho daño adrede a sus propias creaciones, que no había sido fruto de un accidente o algo que hubiese salido mal.

Les había arrebatado deliberadamente a las plantas la habilidad de pensar, sentir, moverse y experimentar la vida, sin intención alguna de volver a despertarlas.

No se trataba de un castigo por algo que hubiesen hecho, como había sido el caso de Terlu. Eran seres inocentes.

—Se suponía que debía protegerlas —dijo Yarrow—. Durante toda mi vida… Todos los habitantes de esta lista se desvivían por proteger hasta la última planta, y va él y… Laiken fue quien lo empezó todo, quien nos enseñó. —Hizo un gesto negativo con la cabeza—. No debería haber hecho algo así.

—Es lícito que estés enfadado con él.

—No sirve de nada —la contradijo Yarrow—. Está muerto. No importa cómo me sienta al respecto.

Terlu dejó los vasos sobre la mesa.

—Me importa a mí.

Yarrow la miró sorprendido y asintió, pero no dijo nada más sobre eso. En su lugar, cambió de tema:

—Voy a tener que cazar algunas moscas para la venus.

Hay hechizos en los invernaderos que controlan qué insectos pueden entrar según la zona que sea, y no sé si las moscas pueden entrar en la sala de las plantas sintientes.

De hecho, mañana debería hablar con cada una para determinar qué tipo de entorno les es más propicio.

El mirto parece echar de menos el mar… No sé cómo vamos a solucionar eso.

¿Qué te parece si trasladamos su tiesto al muelle para que al menos pueda gozar de las vistas?

Desde uno de los invernaderos se podía apreciar una vista espectacular del océano, pero falló hace ya un tiempo…

Eso le dio a Terlu una idea.

Una idea terrible, pero una idea, al fin y al cabo.

—¿Crees…? —Se quedó callada. ¿Tal vez era mejor no formular aquella idea en voz alta?

No, no podía hacer eso—. ¿Crees que alguna de las plantas tendrá idea sobre los hechizos del invernadero?

De ser así… es posible que puedan ayudarme a identificar qué hechizos usó Laiken para crearlos…

—No debería estar ni planteándoselo. Después de todo, el hechizo que había conjurado hacía escasas horas no había surtido como había esperado.

No había sido capaz de considerar qué alcance podían tener los efectos de un hechizo.

Por otro lado, las había despertado, así que, técnicamente, había sido todo un éxito.

—Si supiera qué hechizo empleó, quizá podría hallar la manera de arreglar los invernaderos que colapsaron —soltó de repente.

Él se la quedó mirando boquiabierto.

—¿Crees que sería posible?

—No lo sé —respondió ella con sinceridad—. Pero podría intentarlo.

—Sería algo… —Tragó saliva con dificultad, como si quisiera decir mucho más, pero las palabras se le habían quedado atoradas en la garganta. Negó con la cabeza—. Ya has hecho mucho. No te puedo pedir algo así.

—No me lo has pedido. Yo me he ofrecido.

—Sé que no te habrá sido fácil… Después de lo que te hicieron… Si quieres dejarlo aquí, lo comprendo. Has cumplido tu palabra. No tienes que sentirte obligada a hacer nada más.

—Pero hay mucho por hacer. —Aparte, tampoco se podía decir que la situación hubiese cambiado demasiado.

En la isla seguían estando solo Yarrow, las plantas y ella.

No había nadie que fuera a denunciarla. Y si alguien lo hacía…

Bueno, ya es demasiado tarde. Ya he conjurado un hechizo y quebrantado la ley —. Yarrow, quiero intentarlo.

El jardinero esbozó una amplia sonrisa.