Capítulo catorce
P or todo el invernadero, las plantas empezaron a despertarse.
A la izquierda de Terlu, un bucle de hiedra saltó de su tiesto y subió reptando como una serpiente por un pilar.
La orquídea rotó sus flores de color blanco y rosa pálido como si estuviera observando todo el invernadero con los estambres.
Una margarita floreció y levantó las hojas como si se estuviera estirando, mientras que la espuela de caballero se inclinó como si quisiera doblarse en dos.
Lotti bailoteó con los pétalos alzados al aire.
—¡Lo has logrado! ¡Se están despertando!
—Pero no deberían… —empezó a decir Terlu.
A su derecha, la sardonia estalló en llamas.
—¡Fuego! —chilló Lotti.
Yarrow se apresuró hacia la planta y le echó encima una regadera entera de agua. Empezó a espurriar y toser. Yarrow se arrodilló a su lado mientras que a un nopal cercano le brotaba un capullo que se abrió para revelar una flor amarilla, mientras despertaba con un sonoro «¡Eeeeeee!».
No muy lejos, un crisantemo profirió un agudo chillido.
¡Ha funcionado! ¡Ha funcionado de verdad! Solo que se suponía que debían despertarse una a la vez. Sin embargo, todas las plantas del invernadero se estaban estirando, retorciendo y despertando.
El filodendro que tenía Terlu delante fue el primero en hablar.
—Bueeeeeeno. —Tenía una voz grave y pausada, y cada vocal se alargaba como el caramelo—. No. Estoy. Muerto. Qué bieeeeeeen.
Terlu le sonrió.
—Hola. Bienvenido de vuelta. Me llamo Terlu. Y él es Yarrow, el que está ayudando a la sardonia. Y Lotti. ¿Te acuerdas de Lotti?
Lotti se acercó dando brincos al filodendro.
—¡Dendy! ¡Qué alegría verte! Te vi antes, por supuesto, pero tú no podías verme a mí, porque estabas dormido, pero ¡ahora estás despierto y yo también y aquí estamos los dos!
Te acuerdas de mí, ¿verdad? Date un tiempo.
Acabas de revivir. Soy la rosa reviviscente que vivía con Laiken.
Es el hechicero que nos creó. Por supuesto, te acuerdas de él, y si te acuerdas de él, debes acordarte de mí.
El filodendro guardó silencio durante un largo rato.
—Ay, hola, ¡bienvenido de vuelta! —Lotti saltó hacia el cardo. Su flor bulbosa era casi el doble de grande que la pequeña rosa, y se alzaba sobre ella en lo alto de un tallo cubierto de espinas.
Hecho un manojo de nervios, el cardo se echó hacia atrás.
—¡No! ¡No lo haré! ¡No puedes! ¡Que no se me acerque!
Lotti se detuvo a un metro del cardo.
—No lo comprendes. ¡Os hemos despertado! Ahora todo está bien. Estás vivo, consciente y alerta. ¿No es maravilloso?
Cerca de ella, la espuela de caballero se echó a gimotear.
Lotti se acercó al crisantemo.
—Éramos amigos. ¿No te acuerdas?
—La recueeeeerdo —dijo el filodendro, Dendy, en voz tan suave que Terlu tuvo que agacharse para oírlo. Sus hojas ondulaban al hablar—. Todooosss la recordaaaamos. Ellaaaa fue la primera de Laiken. Ellaaaa… olviiiiida.
—¿Qué quieres decir? —le preguntó Terlu.
Al lado de Yarrow, la sardonia estaba farfullando.
—Mojada. Esto es agua. Estoy mojada. Pero soy una sardonia, una hierba de fuego. Una hierba de fuego mojada. Ay, esto no está bien. Nada de esto está bien.
El nopal empezó a llorar con unos sonoros sollozos secos.
Yarrow acarició torpemente con una mano el nopal mientras con la otra secaba la sardonia mojada. Su rostro era la clara imagen del pánico.
—¿Por qué se han despertado todas a la vez? Y ¿por qué están tan tristes?
—Despertarse de la hibernación supone una gran conmoción —dijo Terlu, insegura.
Todas aquellas plantas habían estado dormidas mucho más tiempo del que había pasado ella convertida en estatua, y la experiencia de recuperar su cuerpo le había resultado de lo más desconcertante.
¿Cómo les vamos a explicar el tiempo que han pasado inconscientes sin entristecerlas más?
Y ¿qué deberían decir cuando alguna de las plantas les preguntara por Laiken?
Era inevitable que quisieran saberlo. Terlu tenía la esperanza de que pudieran retrasar ese momento.
Sería preferible que primero pudieran adaptarse a estar despiertas y conscientes de nuevo antes de que les dieran la noticia…
Para ellas iba a ser un duro golpe. Ojalá el hechizo las hubiese despertado de una en una, como tenía planeado. ¿Por qué no había ocurrido así?
Es por los ingredientes . Había enterrado el paquete en la tierra del filodendro, pero no había alejado los demás elementos.
Todos habían permanecido expuestos al aire, así que el hechizo había absorbido el poder de todos ellos para que los efectos se extendieran en un área mucho más amplia de lo que ella había previsto.
A las palabras no les había importado qué elementos activaban.
Este lío es cosa mía .
Aquella era la diferencia entre ser una hechicera con la formación pertinente y una autodidacta. No tenía a nadie que le dijera lo que no debía hacer.
La sardonia aulló.
—¡Yarrow, ayúdalas! —le exigió Lotti—. Eres el jardinero. Se supone que debes saber cómo cuidar las plantas. —Saltó de planta en planta, las saludó y expresó con efusividad lo contenta que estaba de verlas, pero las plantas no parecían estar muy satisfechas de verla a ella.
En otro estante, un mirto empezó a cantar con una voz grave y apenada. Sus hojas vibraban con la melodía, sacudiendo todo el seto, así como el tiesto.
—Ay, cómo anhela mi corazón el mar, ansía ser libre como las olas azules…
Los aullidos del nopal se intensificaron.
—¡La oscuridad! —gritó una campanilla—. ¡Ha llegado!
La hiedra bajó serpenteando del pilar y se enrolló alrededor del tiesto del nopal. El cactus alargó uno de sus brazos hinchados y abrazó un ramal de la hiedra. Acunado por la hiedra, el nopal se fue calmando. Su flor amarilla se cerró.
Eso necesitan .
—Consuélalas —propuso Terlu—. Están asustadas. —Se acercó a un lirio de agua—. Hola, me llamo Terlu. Me alegro mucho de que estés despierto. —El lirio de agua bajó su flor hacia ella.
—¿Sed?
—Yarrow, creo que las plantas necesitan agua…
—De eso sí que me puedo encargar —terció él con la voz cargada de alivio. Llenó una regadera y fue de planta en planta para ofrecerles a cada una un buche de agua. Algunas aceptaron y otras no.
Lotti lo siguió y habló con cada una de las plantas para explicarles dónde estaban y que las habían despertado de un sueño fruto de un encantamiento, ¡hurra!
Tras el saludo las atosigó con un sinfín de preguntas: ¿se acordaban de algo?
¿Recordaban sus nombres? ¿Se acordaban de aquella vez que por accidente había distraído a Laiken mientras estaba conjurando un hechizo de agua y había inundado la mitad de los invernaderos? ¿No? Tanto mejor.
—Eres la mascota de Laiken —le soltó la venus atrapamoscas.
—¡No soy una mascota! —dijo Lotti contrariada.
—Fueee la primera de nossssotros a la que creeeeó —dijo Dendy, el filodendro.
Con sus zarcillos, se impulsó para salir del tiesto y flexionó las raíces.
Recogió un puñado de tierra antes de dejarse caer en el camino al lado de Terlu.
Caz, recordó ella, también caminaba con su cepellón.
El hechizo les otorgaba la movilidad, así como la consciencia—. Rrraaara vez lo veíaaas sin eeeellaa.
—Ibas con él a todos lados —le dijo la atrapamoscas a Lotti—. Estabas presente cuando nos trajo a la vida a cada una de nosotras, y estabas presente cuando nos condenó a una muerte en vida.
—¡Muerte y oscuridad! —gritó la campanilla.
—¡No es verdad! —chilló Lotti—. ¡No estaba aquí! Estaba dormida. No es culpa mía.
La hiedra se acercó serpenteando a la rosa y la rodeó.
—Lo ayudaste cuando vino a engañarnos. Nos mentiste.
—No he mentido nunca —la contradijo Lotti—. Eres tú la que mientes.
—No ssse acuerda. No es cuuulpa suya —intervino Dendy.
—¡Lo ves! —dijo Lotti—. Espera… ¿Cómo que no me acuerdo? No estaba aquí. Díselo, Terlu. Me encontraste en estado latente en el taller de Laiken. Cuando me fui a dormir, todas estabais bien. El invernadero estaba bien. Todo estaba bien.
—Caaaada vez que se queda dormida —dijo Dendy con voz suave— se oooolvida.
—¡Yo nunca puedo olvidar! —aulló el mirto, interrumpiendo su canción—.
¡El mar azul! ¡Me ha perseguido en sueños!
¡Sal en mis hojas! ¡Ay, la sal en mis hojas!
—Se sacudió como si le sobrevinieran hipidos.
Le cayeron algunas hojas que se desperdigaron y la margarita acercó su tiesto de un salto para consolar al seto que se estremecía.
Lotti bajó con aire enfadado el caminito y se plantó delante de Dendy.
—No he olvidado ni un solo instante. ¡Éramos amigos! Tú sí pareces haber olvidado eso.
—¿Dónde está? —preguntó la atrapamoscas—. El traidor… ¿dónde está?
—Éramos amigos. Familia —siseó la hiedra—. Hasta que decidiste aliarte con él.
No parecían profesarle demasiado cariño al hechicero.
O a la pequeña rosa.
Terlu no tenía claro a quién consolar: a Lotti, a las plantas recién revividas o a Yarrow, que estaba contemplando cómo se desarrollaba aquel drama con una creciente expresión de pánico en el rostro.
Llevaba años sin tener que lidiar con otras emociones que no fueran las suyas, y a Terlu le pareció que lo más probable es que el jardinero ni siquiera fuera consciente de ellas.
Lotti se encogió y cerró los pétalos hasta formar un botón.
—No lo entiendo. ¿Por qué estáis tan enfadados? ¡No he hecho nada! ¡Yo también estaba dormida! ¡Yo fui la primera en quedarme latente! ¡Todos vosotros estabais despiertos cuando caí en la hibernación! ¡No estaba aquí cuando os indujeron el sueño!
—Ssssi que estaaabas —dijo Dendy, con voz más amable que el resto—. Te haaas olvidado, pero estabas aquí cuaaando Laiken conjuró el hechizo que nos arreeeebató la vida. Noooos dijiste que no eeeera más que un hechizo de rieeego. Que mantendría nueeestra tierra húmeda.
—Nos mentiste —repitió la hiedra mientras rodeaba a Lotti—. Mentirosa. Traidora. —Se enroscó alrededor de Lotti y la rodeó con sus zarcillos mientras la pequeña rosa se encogía.
Unas volutas de humo se elevaron de la hierba de fuego.