Capítulo doce #2
Terlu siguió examinando la pequeña montaña de trastos y joyas.
Si yo fuera una hechicera que quisiera proteger mis secretos, esto es precisamente lo que haría .
O quizá no del todo. No estaba segura de que se le ocurriría crear un laberinto de girasoles cambiante custodiado por dragones en miniatura… Era una idea bastante específica.
Un pequeño dragón dorado de alas negras como la obsidiana se separó del grupo y se acercó a ellos. Recogió el diamante con las garras y volvió a colocarlo en el centro de la rosa. Le gorjeó, agachó la cabeza, y regresó a comerse el pedazo de panal.
—Me cae bien ese dragón —dijo Lotti y cerró sus pétalos alrededor del diamante.
Terlu lo encontró en la base del montículo: un libro fino, encuadernado con tapas verdes sin marcas ni en la cubierta ni en el lomo. Lo sacó del montón y lo abrió.
—¡Sí! —exclamó.
—¿Qué es? —preguntó Yarrow—. ¿Es el hechizo?
—¡Mucho mejor! —gritó triunfante Terlu mientras lo sostenía en alto para que lo viera él—.
Es el libro de código de Laiken. —Se sentó en el suelo con las piernas cruzadas y empezó a hojearlo—.
Sí que estaba escribiendo en la Primera Lengua, pero la mezclaba con…
ah, qué interesante… Hacía tiempo que no veía este dialecto.
Sabía que debía de tener algún tipo de conexión con Ginia. Pero es una variante más antigua.
—¿Puedes descifrar el código? —Yarrow se puso de cuclillas a su lado y le echó un vistazo al libro.
Terlu le sonrió de oreja a oreja.
—Ya lo creo que sí.
Yarrow se metió la mano en el bolsillo y sacó un pedazo de chocolate. Lo sostuvo en dirección a los dragones y luego señaló al libro de código. Tras repetir el gesto un par de veces, pareció que los dragones lo entendían: el chocolate a cambio del libro de código.
Unos minutos después, los tres (y sus premios) salieron del laberinto.
Pudieron avanzar en línea recta, puesto que los girasoles les abrieron un camino hasta la puerta.
En el cielo, la aurora danzaba con los dragones mientras estos hacían cabriolas y lanzaban pequeñas llamas como si fueran fuegos artificiales.
Emeral estaba arañando con la patita la puerta del invernadero. Estaba claro que ya se había hartado de perseguir y que lo persiguieran los dragones. Terlu lo alzó en brazos y él se acurrucó contra ella y metió la cabeza bajo las alas, como si quisiera fingir que los dragones no estaban allí.
—Gracias —le dijo Yarrow con voz solemne a los dragoncitos.
—Traeremos más panal y chocolate la próxima vez —añadió Terlu.
Yarrow la miró, con las cejas enarcadas.
—Les ha gustado —repuso Terlu en respuesta a sus cejas.
—Sí, es verdad.
No sabía en qué estaba pensando aquel hombre, y se dio la vuelta antes de que pudiera preguntárselo.
Se afanaron a cruzar los invernaderos y salir al exterior, siguieron el caminito cubierto de nieve y regresaron a la torre del hechicero.
Mientras que Emeral voló para aovillarse al lado del hogar, Terlu se quitó el abrigo y se dirigió al instante a examinar el fajo de anotaciones codificadas que Lotti había separado del resto.
—¿Qué necesitas? —preguntó Yarrow.
—Papel —respondió ella sin vacilar. Sacó un lápiz de carbón de entre la colección de vasos de precipitado, frascos, macetas y guantes de jardinería, mientras Yarrow iba en busca de hojas en blanco de un cajón del escritorio de Laiken.
—¿En qué más te puedo ayudar?
Ella negó con la cabeza. Solo necesitaba concentrarse.
—No sé cuánto tiempo me puede llevar… —Trabajaría con la mayor premura posible, pero tardaría un poco en comprender cómo había construido Laiken aquel código para aprender a usarlo con soltura.
—Te prepararé una tarta de miel.
Terlu sonrió. Era un hombre de pocas palabras, pero con una excelente comprensión de lo que se requería para llevar a cabo un proyecto de investigación debidamente.
—Gracias. —Siguió leyendo.
—No, gracias a ti —repuso él—. No… No tienes por qué hacer esto. Podrías haber izado la bandera del muelle y haberte marchado con el siguiente barco. No todo el mundo habría optado por quedarse aquí.
Tras poner un dedo sobre la palabra que estaba leyendo, Terlu levantó la mirada hacia él y escrutó la tristeza mezclada con la esperanza que empañaban sus profundos ojos verdes.
Un mechón de pelo negro con vetas doradas le había caído por delante de la frente y tuvo que contener el impulso de apartárselo de los ojos.
¿Cómo podía asomarse al abismo de aquellos ojos y largarse sin más?
La manera en la que él la había mirado cuando la había conocido, como si ella fuera la respuesta…
La manera en la que la estaba mirando en aquel preciso instante…
Vale la pena arriesgarse. Él vale la pena, lo sepa o no. Y también Lotti .
—Estoy segura de que tu familia habría regresado si hubiera sabido cómo están las cosas aquí —dijo Terlu en voz baja.
Él se encogió de hombros y apartó la mirada.
—Volveré con la tarta de miel —balbuceó. Dicho eso, se marchó de la torre y ella se quedó mirando cómo se alejaba mientras se preguntaba cuántos pensamientos y sentimientos se resguardaban detrás de aquellos ojos profundos como el mar.
—Si salvas sus invernaderos ese chico cruzará el océano por ti —dijo Lotti desde la otra punta de la mesa.
—No estoy haciendo esto por ese motivo —repuso Terlu.
Pero se alegraba de saber que volvería, a diferencia de cuando había llegado a la isla, cuando se había esfumado al verla.
Dentro del laberinto, parecía que se estaban enfrentando al mundo juntos.
Le había gustado ese breve tiempo formando equipo con él.
—¿Y por qué lo haces? —preguntó Lotti mientras curvaba sus pétalos alrededor de otro lápiz de carbón.
Se bamboleó hasta Terlu—. Tiene razón… Podrías marcharte.
No tienes por qué quedarte aquí y ayudarnos.
Tienes un montón de motivos para no hacerlo y ningún motivo de peso para quedarte.
No tienes ninguna conexión con Laiken, ni conmigo ni con ninguna de las plantas de aquí.
Pero podría tenerla . Rijes Velk había pensado que ella podía hacer alguna buena obra en aquel lugar.
Le había dado a Terlu una segunda oportunidad.
Y no pienso malgastarla . Si podía ser útil…
Si podía hacer de aquel su lugar… Si podía tener un propósito…
Eso compensaba cualquier tipo de esfuerzo, por arduo que fuera.
Por eso había dejado atrás a su familia y su isla natal en primer lugar, y es lo que no había sido capaz de hallar en la Gran Biblioteca de Alyssium.
—Porque quiero hacerlo —le respondió Terlu a Lotti y tomó el lápiz extra.
No dijo en voz alta: Porque debo hacerlo.
Necesitaba que aquella segunda oportunidad en la vida tuviera significado.