Capítulo nueve #4
—¡Que no te quepa duda! —La rosa saltó por encima de un papel arrugado. Usando sus ojos, levantó una página y la descartó—. Esta no. —Se dirigió a la siguiente—. Uf, no, qué lata. Ah, aquí hay una que no se entiende. —Se la pasó a Terlu.
Esta formó una pila para cada tipo de papel mientras Yarrow limpiaba a su alrededor. Sin mediar palabra, levantó el montón y quitó el polvo de debajo. Después, limpió un taburete para que ella pudiera sentarse. Subida encima de él, Terlu siguió examinando las hojas mientras Lotti las clasificaba.
Yarrow empezó a canturrear mientras limpiaba, lo cual resultaba bastante sorprendente. No parecía ser el tipo de hombre que tarareara, pero a Terlu le gustó. Hacía que el taller se llenara de vida. También ayudaba que la estufa hubiese empezado a expulsar calor.
Mientras seguían con el trabajo, se sintió cada vez más convencida de que estaba haciendo lo correcto. No se trataba de un terrible error que fuera a terminar con ella convertida en estatua de nuevo. Es lo correcto .
Fuera se levantó el viento y lo oyó silbar por entre las ramas de los pinos. Le estaba agradecida al fuego que crepitaba en la estufa y a la luz de las lámparas. Tras examinar las páginas que Lotti le pasaba, empezó a reconocer un patrón. No era que reconociera el idioma. Era…
—Es un código —clamó en voz alta.
Yarrow giró la cabeza desde la estantería, donde estaba poniendo rectos los libros. Lotti estaba intentando limpiar una mancha de tierra que había dejado en uno de los papeles.
—¿Un código? —preguntó la rosa—. Ah, tiene sentido. Siempre andaba preocupado porque alguien hiciera un mal uso de sus hechizos. No sé qué creía que harían con ellos exactamente, ni quién podría hacer algo así, pero era una de sus diatribas favoritas.
A sabiendas de lo que veían sus ojos, para Terlu la disposición de las letras empezó a cobrar mucho más sentido. Seguía sin poder leerlo, por supuesto, pero al menos comprendía por qué no podía.
—Escribió los hechizos y las anotaciones en código.
Desvió la mirada hacia el montón de páginas quemadas.
Debía haber pasado por las llamas cualquier hechizo que no había escrito en código.
Vaya, muy… precavido por su parte . Pero casaba con lo que Lotti les había contado de él.
Al principio no parecía el tipo de persona que escribiría sus anotaciones empleando un código, pero hacia el final, se había convertido en una.
Algo lo había cambiado y los vestigios que quedaban en su taller no eran más que los residuos de su miedo.
—¿Puedes descifrarlo? —preguntó Yarrow.
Era una muy buena pregunta.
—Depende del tipo de código que sea. Si empleó uno sencillo, como por ejemplo solo cambiar las letras del alfabeto, será fácil, pero dudo de que se decantara por algo tan sencillo.
Si consigo encontrar algún texto que reconozca…
—Tal vez un hechizo que conociera o incluso una simple frase le servía.
Podía usar eso para descifrar el resto—.
O quizá la clave del código esté oculta en algún lugar de esta habitación.
Un libro de códigos. —Desconocía si Laiken habría dejado por escrito su secreto o si confiaba en su intelecto para acordarse de él—.
Lotti, tú lo conocías. ¿Crees que Laiken habría creado un libro de códigos?
Lotti lo rumió unos segundos.
—Jamás vi uno. Si lo tuviera, ¿no tendría que haberlo consultado?
Bien visto.
—Si es así, entonces tiene que tratarse de un tipo de código que no sea imposible de recordar, lo que significa que no será imposible de descifrar.
—Su entusiasmo iba en aumento. No había tenido entre manos un rompecabezas así que tuviera que descifrar desde hacía…
Bueno, ni se acordaba desde cuándo. Lógicamente desde antes de convertirse en estatua—.
Tengo que encontrar más ejemplos. —Si disponía de los suficientes textos para compararlos, debía ser plausible.
Los tres se pusieron manos a la obra:
Yarrow apiló papeles y diarios y examinó hasta el último rincón del taller para ver si había más, mientras Lotti los hojeaba, desechaba la mayoría al montón de «inútiles» y el resto al montón de «puede que al final sirvan de algo».
Sentada en el taburete, Terlu estudiaba el número creciente de ejemplos escritos en código.
Fuera, la noche se adueñaba del mundo. La luz de la luna se deslizaba por encima de la nieve y hacía que las ventanas del taller casi brillaran con un mágico tono azul claro.
El crepitar el fuego se oía por encima de los aullidos del viento, y Terlu pensó que, a pesar de estar lo más lejos que había estado nunca de la Gran Biblioteca, así era precisamente como se había imaginado que sería ser bibliotecaria: revisar textos en compañía de otros tan inmersos en la tarea como ella.
Cuando Lotti empezó a cantar con una voz que sonaba tan dulce como el agua de un arroyo, Terlu pensó que la situación no podía ser más perfecta.
Yarrow tarareó en armonía con ella, con una voz tan profunda como el mar.
El fuego siguió chisporroteando y Terlu trabajó hasta altas horas de la madrugada.