El Internado ¡Crucificado!
96%

¡Crucificado!

Como cada mañana, don Poli, el jardinero, era el primero en llegar a la huerta en busca de la fruta que llevaría a la cocina para el desayuno de profesores y alumnos. Aún estaba oscuro y esa noche no hubo luna, la oscuridad era casi total.

Pero el jardinero conocía los senderos que le llevaban a los frutales maduros. En la oscuridad caminó sin tropiezo y empezó la recolección de naranjas.

Empezó a amanecer y las primeras luces le permitieron ver que algo era diferente. Sacó su machete y empezó a internarse en la zona de los árboles mayores. Cuando vio el cuerpo del niño crucificado, se persignó, cayó de rodillas y se desmayó.

Pasaron algunos minutos y don Poli permanecía tirado, su rostro mostraba un rictus de espanto.

En cuanto recuperó la consciencia, ya los primeros rayos del sol asomaban sobre el cerro. Demudado el rostro salió a toda prisa rumbo a la oficina de la religiosa, a quien encontró en sus oraciones de la mañana.

─¡Sor anunciación, venga pronto! ─gritó desde la ventana─.

─¿Qué te ocurre, Poli?

–¡Otro niño! ¡otro niño! madre –gritaba incoherente─.

─No te comprendo, Poli ¿qué niño?

─¡Otro niño muerto, madrecita! Es horrible lo que ocurrió en la huerta.

La religiosa interrumpió sus oraciones, se persignó y salió apresurada detrás del jardinero, ya se empezaba a escuchar el movimiento de la cocina, pero nadie caminaba por los pasillos.

En cuanto llegaron al sitio de la ejecución, Sor anunciación palideció y puesta de rodillas hizo algunas oraciones, lo que pareció enfurecer al viento, que azotó con fuerza los ramajes, que crujían como si fueran a ser arrancados de los troncos.

De forma instintiva, la religiosa estrechó en su mano la cruz que colgaba de su cuello y continuó sus jaculatorias hasta que el viento empezó a amainar. En cuanto se sintió segura, se irguió y se dirigió al jardinero.

─Poli ─ordenó al jardinero─, permanece junto a la carbonería y no permitas que nadie pase a la huerta, voy en busca del padre Rector, esto me supera a mí.

Apresurada abandonó el colegio y se acercó a la casa parroquial en busca del padre Jacobo, rector del Colegio Apostólico de Propaganda Fide.

Ante la insistente llamada en la puerta, el padre portero abrió para amonestar a quien golpeaba el aldabón, pero se contuvo al ver a sor Anunciación.

─¿Qué ocurre, madre?

─¡Pronto, Pablito! Avisa al señor Rector que me urge verlo… ¡Ve, pronto!

Ante tan perentoria orden, el portero no tuvo más que obedecer, de inmediato corrió hacia donde el religioso se preparaba para tomar el chocolate de la mañana.

─Buen día, padre, perdone que lo interrumpa, pero en la puerta está sor Anunciación y me dice que le urge hablar con usted.

─No la haga esperar, Pablito, hágala pasar para que me acompañe a tomar el chocolate.

Pocos minutos después, sor Anunciación entró como tromba al refectorio, hizo el intento de prosternarse, pero se irguió de inmediato y habló al sacerdote.

─Padre Jacobo, le pido por favor que me acompañe al internado, ocurrió algo terrible que me supera y requiere su presencia.

─Dime qué ocurre, me alarmas Anunciación.

─Si no fueran suficientes las horribles muertes de algunos pupilos, hoy amaneció otro, pero fue ¡crucificado en la huerta!

─Vamos pronto, hija mía, ya me imagino tu urgencia.

─Pablito, ve a decirle al padre Fermín que nos alcance en la huerta del internado y que no tarde.

Minutos después y ante el estupor de los niños que se dirigían al comedor, los religiosos llegaban apresurados a la huerta. Al verlos llegar, don Poli se quitó el sombrero y agachó la cabeza, respetuoso. Sor anunciación le dio instrucciones y guio al Rector al sitio de la crucifixión.

─¡Jesús bendito! –exclamó el sacerdote al ver la espeluznante escena─, perdónalos, Señor, que no saben lo que hacen. El religioso oró en silencio y Sor Anunciación hizo lo mismo.

Cuando llegó el padre Fermín y vio lo ocurrido, permaneció junto al Rector hasta que terminó sus devociones.

Fermín, veo que traes tu libro, tenemos que hacer un exorcismo ahora mismo.

El sacerdote se colocó su estola bendita y empezó sus oraciones con un crucifijo levantado con su mano.

─Padre nuestro, que estás en al cielo, santificado sea tu nombre…

─Dios te salve, María, llena de gracia, bendita eres entre las mujeres…

Como si el averno respondiera a las oraciones, el viento rugió con violentas ráfagas que arrancaban hoja, frutos y ramas que volaban en furiosos remolinos, tan violentos eran que arrancaron las capuchas de los franciscanos.

Pareciera como si los culparan de algo; los vientos demoníacos azotaron con una rama el rostro de sor Anunciación, por instinto, la monja se protegió con la mano que sostenía el crucifijo, lo que, de a poco, amainó el vendaval.

─Que tu sabiduría y conocimiento –continuó el padre Fermín─ nos guíen hacia la comprensión más profunda de la Palabra de Dios y cada día nos acerquen a Él.

–San Atanasio, que tu sabiduría y conocimiento nos guíen hacia la comprensión más profunda de la Palabra de Dios y cada día nos acerquen a Él.

–Ilumínanos para vencer a los herejes, te encomendamos nuestras intenciones y necesidades, confiamos en que tu intercesión nos llevará más cerca del Señor. Amén.

Con un pequeño frasco lleno de agua bendita, el exorcista asperjó el cuerpo del niño crucificado y entre los tres religiosos lo bajaron para depositarlo en el piso. Entonces el Rector ordenó a Sor Anunciación.

─Madre, avisa a las autoridades competentes para que hagan las gestiones necesarias. No hables de crucifixión o algo semejante, instruye al jardinero para que lo mantenga en reserva. Estaré pendiente por si me requieres.

Esa mañana fue de mucha actividad, la monja directora pidió al militar encargado de la instrucción de los muchachos que se los llevara a marchar al pueblo y regresaran hasta la hora de la comida.

A los profesores les relató lo ocurrido y que ya estaban por llegar las autoridades policiacas para hacer las investigaciones, podían abandonar la escuela y regresar a la hora de la comida.

La investigación fue larga y fatigosa. El médico forense indicó que la muerte debió de ser fulminante porque la estaca había lesionado el corazón. El cuerpo había alcanzado el rigor mortis, por lo que tendría de cinco a seis horas de fallecido.

Ante la frecuencia de fallecimientos extraños, incomprensibles y sin posibilidades de hallar a un culpable, las autoridades determinaron que ya era suficiente, el colegio sería cerrado de forma definitiva.

Cuando la noticia llegó a Chalchihuites, la familia Sanjuán se trasladó de inmediato a Guadalupe para recoger a sus hijos. Se tranquilizaron al verlos bien. Fueron recibidos por la directora.

─Sor Anunciación ─habló Natividad─, lamentamos la muerte de ese niño y nos apena que se cierre el internado, pero es comprensible, no se puede permitir que sigan matando niños, aunque no entendemos la causa.

─Gracias, don Natividad, los designios de Dios son incomprensibles para el hombre, tan increíble como el hecho mismo de reunirnos con los nombres y apellidos que llevamos, solo nos queda asumirlo y aceptarlo.

─Me apena que no se participe en el desfile de la Independencia, los chicos están entusiasmados y han trabajado bastante, pero así se dieron las cosas.

─¿A dónde se irá usted, madrecita? ─preguntó Adela─.

─Solo Dios lo sabe, hija mía… solo Dios.

El matrimonio Sanjuán se despidió, al salir Adela, Natividad se volvió para cerrar la puerta y vio que la religiosa se empezaba a desvanecer y su hábito quedó en el suelo. Natividad no dijo nada, solo cerró la puerta e hizo una oración mental.

Al día siguiente del inicio de las investigaciones, el jefe del grupo encargado del caso preguntó a don Poli por sor Anunciación, el jardinero no sabía en donde se pudiera encontrar.

–No la he visto desde anoche, señor, tal vez Adelita le dé razón…

La entrevista con Adelita fue infructuosa, por lo que el investigador le pidió que lo llevara a la oficina de la directora.

Adelita lo condujo al pequeño espacio que ocupaba sor Anunciación. La oficina estaba sola, pero se notaba un cierto ambiente de abandono, lo que fue incomprensible para Adela, que conocía muy bien esa habitación y lo ocurrido, aunque era incomprensible.

─No comprendo –expresó con sorpresa–, esta habitación siempre estuvo impecable y ahora la veo polvorienta y huele a encierro.

─Mire, señor, la silla de sor Anunciación, esa tela polvosa y harapienta, parece ser el hábito de ella.

El investigador lo observaba todo, sus ojos estaban acostumbrados a ver los pequeños detalles.

–Dígame, Adelita, ¿en dónde guarda la directora los expedientes de los alumnos?

─Sor anunciación es muy ordenada y los documentos los tiene en ese archivero.

El policía se acercó al mueble y tiró de la primera jaladera, intentó sacar un expediente y al moverlo se convirtió en polvo, unos pocos fragmentos se salvaron, aunque las manchas de humedad y polvo los volvía difíciles de leer.

El detective volteó a ver a Adela, sin poder expresar lo que miraba.

─Dígame, Adelita ¿cuánto tiempo lleva usted en este internado?

─Muchos años, comandante, eso mismo pensaba hace unos días; cuando yo llegué era una joven de veinte años y mi cabello era negro, sor Anunciación era mayor que yo, de unos treinta años y su pelo era castaño oscuro.

─Mire ahora mi cabello, ya es casi gris y mi cutis está marchito. Sin embargo, la directora está igual que cuando yo llegué y nadie me ha podido decir, desde qué año está aquí.

–Me temo –dijo el investigador–, que no podré poner nada de esto, me tildarían de loco o ignorante.

─Cerremos la oficina, de hecho, se clausurará el internado, ya habrá alguien capacitado para resolver este entuerto.

Las autoridades policiacas hicieron todo lo que estaba a su alcance para esclarecer los extraños crímenes ocurridos en el internado, todo resultó infructuoso; se consultó con especialistas de otros países, sin obtener respuestas razonables.

Hubo un científico francés, Reneé Leduc, filósofo especialista en fenómenos paranormales, quien afirmó que lo ocurrido eran conflictos personales venidos de siglos anteriores; al parecer, el criminal fue un individuo que de forma injusta fue sentenciado a morir en las mazmorras del Santo Oficio acusado de herejía y todos los ejecutados en el internado habían sido esperados durante muchos años para pagar sus culpas en la injusta ejecución de aquel ignorado personaje.