El Instinto del Bosque (Instintos Feroces 1) CAPÍTULO 28 KEIRA #3
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CAPÍTULO 28 KEIRA #3

Su olor ha cambiado; se ha vuelto mucho más intenso, señal inequívoca de que está cabreado. Mi loba se remueve inquieta ante la presencia de un alfa enfadado, pero me obligo a permanecer en mi sitio.

Y tampoco soy nadie para juzgarlo.

Tiene todo el derecho del mundo a estar enfadado. Así que hago exactamente lo que me pide.

Levanto la cabeza y me enfrento a él porque, en cierto modo, no estoy mintiendo. No estoy aquí porque Marcus me haya pedido que haga esto ni porque exista algo entre nosotros. Ni siquiera sé qué demonios va a pasar entre Marcus y yo.

Y, aunque todavía no sea capaz de ponerle un nombre, es suficiente para saber que lo nuestro no estaría bien.

—Marcus no tiene nada que ver con la decisión que he tomado.

Creo que va a aceptar mi respuesta, o al menos que va a dejar el tema ahí, pero entonces chista con la lengua y hace una mueca de desaprobación.

—No sé si eres muy buena mintiendo... o muy mala ocultando lo que sientes.

—No te estoy mintiendo.

—Claro, claro.

La ironía que carga su voz consigue ponerme todavía más nerviosa. Nunca le había escuchado hablarme de esa manera y, por alguna razón, hace que vuelva a ponerme a la defensiva.

—Casualmente apareces oliendo a él...

Mi corazón da un vuelco y toda la seguridad que intentaba mantener se tambalea.

De manera instintiva, compruebo mi ropa, delatándome. Es imposible. Han pasado días desde la última vez que estuve con Marcus y, aun así, Owen acaba de decir que todavía puede olerlo en mí.

¿Cómo coño puede seguir ahí?

—Es muy leve... pero está ahí —responde tras olfatear en mi dirección.

Un escalofrío me recorre la espalda.

—¿Te besó?

La pregunta me deja helada.

Lo miro sin saber qué responder, completamente desprevenida. De todas las cosas que esperaba que pudiera preguntarme, esa no estaba entre ellas. Abro la boca con intención de decir algo, pero vuelvo a cerrarla al darme cuenta de que no sé cómo continuar.

¿Qué coño se supone que tengo que contestar?

Porque sí, Marcus me besó y yo le devolví el beso. Y no es la primera vez que ocurre, pero Owen no tiene por qué saberlo.

—Eso no es asunto tuyo.

Sus labios se aprietan y sé que acabo de cometer un error. No porque tenga derecho a exigirme una respuesta, sino porque mi forma de esquivarla acaba de darle exactamente la confirmación que estaba buscando, haciendo que el poco autocontrol que le quedaba desaparezca.

—Lo sabía —sentencia, apretando los puños sobre la mesa hasta que los nudillos se le vuelven blancos y un gruñido grave empieza a reverberar en su pecho.

Mierda.

Esto se está yendo por un camino que no me gusta en absoluto.

—No tienes ni idea —le respondo, empezando a notar cómo mi propio enfado crece al mismo ritmo que el suyo.

—Sé que desde que apareció él has cambiado conmigo.

—No.

—Sí.

Suspiro y me llevo las palmas a la cara para frotarla con frustración. No me gustan los conflictos y mucho menos estar discutiendo con él. No quiero que esto termine mal entre nosotros ni que esta situación que ya está siendo bastante difícil acabe convirtiéndose en algo peor.

—He cambiado porque no quiero hacerte creer que esto puede convertirse en algo que no va a pasar —contesto, tratando de rebajar un poco la tensión.

—¿Ni siquiera vas a darme una oportunidad?

Siento un pinchazo de culpa en cuanto lo escucho. Sé que mi respuesta va a hacerle daño y precisamente por eso me está costando tanto mantenerme firme, pero también sé que sería mucho peor alargar una situación que no tiene futuro solo por miedo a herirlo.

—Sería injusto.

—Eso no responde a mi pregunta.

—La responde perfectamente.

Resopla con fuerza y se pasa una mano por el pelo antes de desviar la atención hacia el exterior. Permanece así durante unos segundos, observando a través de la ventana mientras yo intento averiguar qué demonios está pasando por su cabeza.

Cuando vuelve a mirarme, parte del enfado ha desaparecido, aunque la tensión continúa marcando sus facciones.

—No pienso rendirme tan fácilmente, Keira —asegura con tono grave.

—Owen...

—Escúchame.

Me callo, aunque no demasiado convencida de querer saber qué viene ahora.

—No voy a presionarte. Si ahora mismo solo puedes verme como un amigo... aceptaré ser tu amigo. Pero no pienso dejar de intentar que algún día me mires de otra manera.

Su respuesta consigue que el estómago se me retuerza. Entiendo que esté dolido y que necesite tiempo para aceptar lo que acabo de decirle, pero eso no significa que quiera que se quede a mi lado esperando a que cambie de opinión.

—No quiero que esperes algo que no va a pasar.

—Eso ya lo veremos —responde, ladeando la cabeza mientras se pasa la lengua por uno de los colmillos.

No sé qué esperaba escuchar, pero desde luego no era eso.

La seguridad con la que pronuncia esas cuatro palabras consigue que me sienta incómoda por primera vez desde que lo conozco. Hasta ahora Owen siempre había sido insistente, sí, pero nunca había sentido que no estuviera escuchándome.

Y ahora no estoy tan segura.

Quizá solo sea mi imaginación, pero hay algo en su actitud que me dice que las cosas no van a ser tan fáciles como esperaba. Que, por mucho que yo crea haber dejado clara mi decisión, esto está muy lejos de haber terminado.