CAPÍTULO 13 KEIRA
KEIRA
Sentada en el asiento trasero del coche de mi tía, miro por la ventanilla y distingo a varios lobos jóvenes trotando, en forma animal, junto a la linde del bosque.
Los sigo con la mirada mientras avanzan, moviéndose con naturalidad.
Sus pelajes se mezclan con los troncos y el verde de la hierba y, por momentos, casi desaparecen entre el paisaje.
Me sorprendo pensando en cómo sería si fuera yo la que estuviera ahí fuera, corriendo, sintiendo el suelo bajo mis zarpas y el bosque envolviéndome… pero el pensamiento no dura mucho. Sé que no puedo.
Un escalofrío me recorre al pensar qué pasaría si descubrieran lo que soy en realidad, si vieran mi naturaleza… que soy una omega. Solo imaginarlo me obliga a apretar la mandíbula, porque sé perfectamente lo que vendría después y no estoy dispuesta a permitirlo.
—¿Qué ponen de desayuno? —pregunto, agradeciendo cualquier cosa que me haga dejar de pensar en eso.
Noto que me estoy poniendo nerviosa y es justo lo que menos necesito ahora. Ya tengo bastante con la dichosa resaca.