El Instinto del Bosque (Instintos Feroces 1) CAPÍTULO 11 MARCUS
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CAPÍTULO 11 MARCUS

MARCUS

Salgo del claro antes de perder el control, antes de que salte directo a la garganta de Owen y arrastre a Keira conmigo. Me había quedado para asegurarme de que la noche iba bien después de lo de Gideon… pero todo se ha ido a la mierda.

Fue listo el niñato al largarse a la primera advertencia, porque si no, habría disfrutado partiéndole la cara.

Joder…

Me encuentro en un punto en el que ya no hay margen para pensar en las consecuencias, así que lo único que puedo hacer es salir de aquí, poner distancia antes de que todo se me vaya de las manos…

Pero ni siquiera eso funciona, porque apenas doy unos pasos y ya estoy encadenado a su aroma, tirando de mí otra vez hacia donde no debo volver.

Ese olor, cálido y dulce, con ese punto salvaje que solo puede ser suyo, me llena los pulmones en cada bocanada, y maldita sea… no hay forma de ignorarlo. Me arrastra sin darme opción, como si el propio bosque me empujara de vuelta hacia Keira.

No pienso seguirla; lo tengo claro, lo tengo decidido…

o eso intento convencerme. Pero, en cuanto cruzo el límite del claro, el lobo toma el mando y arrasa cualquier intento de control.

La piel me arde, el cuerpo entero se me tensa y, cuando quiero darme cuenta, ya estoy corriendo a cuatro patas entre los árboles, dejando atrás cualquier rastro de humanidad.

La tierra húmeda bajo mis garras y el aire frío llenándome los pulmones me hacen sentir libre. A pesar de eso, estoy encadenado a ella.

Siempre ella.

En cada paso, en cada respiración, en cada puto latido.

Con cada inhalación la rabia vuelve a encenderse, porque no solo la huelo… la veo. La tengo grabada en la cabeza mientras bailaba con él. Demasiado cerca…

Joder.

Fue un reto claro, una provocación directa… y funciona.

Quiero lanzarme sobre él y arrancarlo de su lado. Necesito dejar claro, de la forma que sea, que Keira no le pertenece, que no tiene derecho a tocarla y que no voy a permitirlo… que es mía.

Solo un zarpazo. Solo uno bastaría para apartarlo, quitarlo del medio y llevármela.

El instinto es tan fuerte que las fauces se me abren y dejo escapar un rugido que retumba entre los árboles.

Ya le tenía asco de antes… pero ahora es peor.

Mucho peor.

Y estoy tan cabreado que apenas me reconozco.

Joder… qué mal estoy.

Me obligo a frenar, clavo las garras en la tierra, jadeo con los colmillos al aire, porque lo sé. Lo tengo claro. Si doy un paso más, me pierdo y no habrá vuelta atrás.

No puedo ser ese alfa.

No con ella.

Me sacudo entero, haciendo que mi pelaje negro, oscuro como la noche, se erice mientras intento soltar parte de la tensión que me tiene agarrotado.

Pero ni con esas… no puedo dejar de seguirla. Porque irme no es una opción real. No cuando necesito asegurarme de que está bien, de que Owen no hace algo que me obligue a intervenir.

Termino volviendo al claro, aunque sé que es una mala idea. Me muevo entre los árboles silenciosamente, escondiéndome entre las sombras mientras observo sin que me vean. Me mantengo a distancia, pero lo bastante cerca como para no perderla de vista.

Error. No ha sido para nada una buena idea.

La encuentro dándose el lote con ese puto engreído… y eso me hace temblar de rabia, llevándome al límite.

Tengo que reunir toda la puta fuerza de voluntad que me queda para no castigarla allí mismo y reclamarla delante de todos.

Contrólate imbécil .

Sé que no debería haber vuelto. Que debería estar en casa de una puta vez, durmiendo… pero no soy capaz.

Joder.

No puedo.

Espero hasta que se van para seguirlos a una distancia prudencial, moviéndome entre la oscuridad, pasando totalmente desapercibido.

Cuando llegan a casa de Keira, Owen la atrae hacia él para darle un último beso y, me cago en la puta. Me cuesta no abalanzarme sobre el en ese mismo instante y partirle todos los huesos del cuerpo.

Pero aguanto.

Y entonces, por fin, se marcha.

Se aleja con esa seguridad que me pone de los nervios… sin tener ni idea de lo cerca que ha estado de que lo destroce.

Intento dar la vuelta, diciéndome que ya está, que ya puedo dejarlo, que esto se ha acabado… pero no.

Ni de coña.

Apenas avanzo unos metros mi instinto tira de mí otra vez, arrastrándome de vuelta, empujándome hacia ella, porque cada paso que doy lejos me hace sentir mal, inquieto… como si estuviera cometiendo un error.

No me veo capaz de seguir soportando esto.

Mi instinto de alfa quiere reclamar lo que considera suyo… y yo estoy demasiado cerca de dejarle ganar.

Demasiado.

Sigo esperando hasta que está sola. Hasta que entra en su casa y cierra la puerta tras de sí. Solo entonces consigo convencerme de que está a salvo, de que Owen ya no está ahí para tocarla ni para provocarme.

Y aun así… no encuentro paz.

Si quiero sobrevivir a esto, tengo que apartarme antes de que me consuma por completo, porque no voy a seguir alimentando un instinto que me está devorando vivo.

Aunque mi lobo odie esta decisión, aunque me reviente por dentro… tengo que mantenerme alejado. Porque si sigo cerca, sé cómo va a acabar esto. Y no puedo permitírmelo.

Me interno en el bosque repitiéndome que no voy a volver a cometer este error, que esta vez voy a hacerlo bien.

Pero Keira ya me ha marcado.

Y no hay distancia suficiente para borrarlo.