El Instinto del Bosque (Instintos Feroces 1) CAPÍTULO 10 KEIRA #2
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CAPÍTULO 10 KEIRA #2

Voy contestando a la vez que me termino la copa, manteniendo el ritmo como puedo. No estoy borracha, pero sí noto ese cosquilleo típico del alcohol, lo justo para soltarme un poco más y dejar de sentirme tan observada.

Aun así, la sensación no termina de ser del todo cómoda.

La sudadera que llevo atada a la cintura empieza a molestarme cada vez más, así que me la quito con esperanza de estar más a gusto.

Pero ni siquiera eso es suficiente.

Todo empieza a molestarme demasiado…

Intento mantener la sonrisa por educación, pero me cuesta, y cada segundo que pasa me siento más atrapada.

Se me debe de notar en la cara, porque cuando empiezo a plantearme cómo largarme sin parecer una borde, sin soltar una excusa absurda o desaparecer sin más, aparece mi salvador para sacarme de este aprieto.

—Bueno, bueno, dejadla respirar, por favor —vocea mi primo mientras se abre paso entre ellos, obligando al grupo a apartarse hasta que terminan dispersándose.

El espacio personal vuelve y con él el aire, que entra en mis pulmones sin restricción, llenándolos de verdad esta vez.

Menos mal .

—Ten, veo que necesitas esto —me dice, colocándose a mi lado y tendiéndome un gran vaso con una expresión que me da mala espina.

—¿Qué es esto? —pregunto, alzando una ceja y mirándolo con desconfianza mientras cojo el vaso.

—Pruébalo —responde sin más.

No me fío, aun así, acerco el vaso a mis labios, pero el olor es tan fuerte que aparto la cara rápidamente, haciendo una mueca y frunciendo la nariz.

—Joder, ¿esto qué es? ¿Disolvente?

Cody se ríe claramente orgulloso de su elección.

—Deja de usar la cabeza y bebe, no te va a matar.

—Bueno… eso no lo tengo tan claro —respondo, volviendo a mirar el vaso con sospecha mientras lo hago girar ligeramente entre mis dedos—. Matarme las papilas gustativas seguro que sí. Esto tiene pinta de arrancarte hasta los recuerdos… y un par de neuronas de regalo.

—Eres una dramática. Te hace falta relajarte y esto ayuda —añade, señalando el vaso con un gesto de barbilla—. Confía en mí.

—Ahí está el problema, que me pides que confíe en ti sin darme ninguna explicación —respondo, sin apartar la vista de él, esperando que diga algo más, cualquier cosa que justifique ese brebaje sospechoso.

Pero no lo hace.

Se queda en silencio, con la mirada fija en algún punto, y en cuestión de segundos deja de prestarme atención, desconectando por completo de la conversación.

Parpadeo, confundida.

—¿Hola? Sigo aquí, ¿sabes? —añado, pasando una mano por delante de su cara para ver si reacciona.

Nada.

Ni caso.

Sigue completamente ausente, como si yo ya no estuviera delante de él.

Frunzo el ceño y, ya un poco mosca, sigo su mirada para ver qué le ha llamado tanto la atención. Entonces la veo: una loba joven, apoyada a unos metros, mirándolo directamente con una dulce sonrisa en el rostro.

Está interesada en él. Eso se nota.

Y, para mi sorpresa… es recíproco.

No tarda ni un segundo en soltarme prácticamente el vaso, dejándolo en mi mano sin preocuparse por si lo agarro o no, y se dirige hacia ella con decisión, sin mirar atrás.

Bueno, bueno… ¿es esta la parejita de mi primo? Que calladito se lo tenía. Tendremos que hablar en otro momento sobre esto.

—Vaya —murmura Flora a mi lado, alzando las cejas mientras sigue la escena con interés—. Este va a tener una noche entretenida.

—Ya veo —respondo, todavía mirando en esa dirección.

Nico levanta su propio vaso en el aire, uniéndose al momento.

—Por la fiesta.

—Y por Cody —añade Flora, chocando su vaso con el de él.

—Por sobrevivir a esto —bromeo, antes de chocar mi copa con las suyas, uniéndome a ellos.

El ambiente se va animando rápidamente. Flora ni se lo piensa: me agarra de la mano y tira de mí hacia el centro, y yo no me resisto, así que la sigo, dejándome llevar por ella.

La música retumba a nuestro alrededor, las luces cambian sin parar y el calor de los cuerpos se mezcla con el ambiente cargado, pero no me importa.

Poco a poco me dejo llevar, perdiendo la noción del tiempo mientras seguimos bailando, hasta que alguien me rompe la burbuja en la que estaba metida.

—Baila conmigo —susurran, justo a mi espalda. Me giro rápidamente para encontrarme de frente con Gideon. El alfa que conocí en la feria. A quien Owen casi muerde, por cierto.

Genial.

—Estoy bailando con ella —respondo, inclinando la cabeza hacia Flora—. Quizá más tarde.

No se da por aludido. Da un paso más hacia mí, invadiendo mi espacio personal.

—Vamos, solo un baile —insiste.

Niego con la cabeza, manteniendo el tono tranquilo.

—De verdad, ahora no —repito.

Sin retroceder ni un centímetro, extiende una mano hacia mí, ignorando por completo mi respuesta.

—Solo uno. Prometo devolverte intacta —bromea.

—He dicho que no, gracias —respondo ya con menos suavidad.

Le doy la espalda para cerrar el asunto, dejando claro que no estoy interesada y que no pienso seguir con esto.

Pero parece que no lo entiende, porque su mano aterriza en mi cintura.

Y hasta aquí hemos llegado.

Le planto ambas palmas en el pecho y lo empujo sin pensármelo dos veces, separándolo de mí con fuerza.

No es no. Punto.

¿No sabes respetar las decisiones ajenas? Pues atente a las consecuencias, machote.

Flora suelta un sonido de asombro a mi lado y se lleva una mano a la boca, mirándonos con los ojos muy abiertos, incapaz de creerse lo que está viendo. Está claro que no se esperaba este comportamiento por mi parte.

—Tranquila, fiera, no muerdo —bromea, curvando los labios en una sonrisa ladeada que deja ver sus colmillos antes de relamerse con descaro.

—Yo sí. Y no pienso repetirlo —gruño.

Me observa con un brillo de diversión en los ojos, como dando a entender que todo esto no es más que una broma, y eso solo consigue que me cabree más.

Sin apartarse, su mano vuelve al mismo sitio y tira de mí hacia él.

La hostia…

Le aparto el brazo de un manotazo y doy un paso al frente hasta plantarme frente a él, dejando claro que ni se le ocurra volver a tocarme.

Pero entonces pasa algo.

Su atención se desvía por encima de mí y su expresión cambia de golpe, tan rápido que, si no lo estuviera mirando directamente, juraría que lo he imaginado. Pasa de la diversión al… ¿miedo?

—Te ha dicho que no —la voz de Marcus me sobresalta. Lo dice en un tono tranquilo, demasiado tranquilo como para ignorarlo. Es la calma que precede a la tormenta—. Da media vuelta y vete. Ahora.

Es una orden clara y directa. No deja espacio a discusión ni a dudas.

En ese mismo instante, todo se queda en silencio. Todo el mundo deja de hacer lo que estaba haciendo, quedándose quietos, atentos a lo que está pasando. La incomodidad y el nerviosismo se extienden por el ambiente, llenándolo de tensión.

Me doy la vuelta poco a poco y lo encuentro muy cerca de mí, apenas a un par de pasos. Su presencia lo llena todo hasta el punto de que no parece haber nada más alrededor.

Su intenso aroma me envuelve y hace que todo me dé vueltas, dejándome completamente aturdida, mareada… embriagada por él, tanto que mis rodillas flaquean y tengo que esforzarme para no perder el equilibrio.

Marcus es grande, muy grande, y en este punto su cuerpo entero parece preparado para reaccionar en cualquier momento, lo que lo hace aún más intimidante, porque no hay nada relajado en él, nada que suavice lo que transmite.

Todo en él es una advertencia imposible de ignorar.

Podría arrasar con todo si quisiera, lo sé sin que nadie tenga que decírmelo.

Aunque lo que realmente me deja boquiabierta es su mirada.

Tiene los ojos entornados, clavados en su objetivo, y en ellos hay algo oscuro que arde con una furia peligrosa.

Se me encoge el estómago al sentir la amenaza flotando en el aire, tan presente que casi se puede tocar, y aunque sé que no va dirigida a mí, me deja sin aliento.

Y, joder…

También me hace sentir segura, de una forma que no termino de entender y a la que no quiero darle más vueltas ahora.

Eso es lo que más me desconcierta, porque en lugar de apartarme o querer salir corriendo, lo que siento es justo lo contrario.

Gideon levanta las manos en señal de paz y, sin decir una sola palabra, da media vuelta y se va, sin mirar atrás en ningún momento.

Sabe perfectamente que quedarse sería un error, y está claro que no piensa cometerlo.

Lo sigo con la mirada hasta que apenas puedo distinguirlo, y cuando desaparece por completo, vuelvo a girarme hacia el gran alfa que tengo justo a mi lado.

Ahora, su objetivo soy yo.

Por la forma en la que me mira y por cómo aprieta la mandíbula, sé que está cabreado, aunque no tengo ni idea de por qué… y, siendo sincera, tampoco me importa.

¿Segura?

No le encuentro sentido. Da la sensación de que mi presencia le molesta, y aun así aparece para hacer de guardaespaldas sin que yo se lo haya pedido.

Una parte de mí ronronea, feliz y cálida por lo que ha hecho, cómoda en esa protección que no esperaba, pero la parte obstinada y rencorosa no tarda en reaccionar, recordando su comportamiento anterior y apartando ese pequeño resquicio de debilidad para tomar el control otra vez.

Aun así, me resulta imposible no fijarme en sus labios carnosos, marcados por una mueca de disgusto.

Y, sin ser realmente consciente de lo que hago, me muerdo el labio inferior, con una necesidad absurda de que esa misma boca recorra mi piel, de sentirla sobre mí.

Ya estamos otra vez con lo mismo… Parece que me gusta hacerme la vida más difícil de lo que ya es, martirizándome yo sola.

Para mi sorpresa, sus pupilas se dilatan y en su mirada aparece un deseo tan claro que hace que se me corte la respiración.

No… Me lo estoy imaginando otra vez. Estoy viendo cosas donde no las hay.

Un calor intenso me recorre por dentro, y es tan fuerte que tengo que apretar los muslos para intentar aliviar el dolor punzante que siento en el clítoris, arrastrando mis pensamientos en una sola dirección, haciendo que lo único que se me pase por la mente sea acercarme, acortar la distancia y…

Aprieto los dientes. No.