CAPÍTULO 3 KEIRA #4
Owen inclina ligeramente la cabeza hacia atrás y chasquea la lengua, dejando ver que el comentario no le ha hecho ninguna gracia. Durante un segundo parece que va a decir algo más, pero al final lo deja pasar y vuelve a centrar la atención en mí.
Aprovecho ese pequeño silencio para responder.
—No, no te preocupes por eso. Me encantaría ir —contesto, forzando una sonrisa todavía más falsa que la suya.
No necesito comprobar su reacción; sé perfectamente que no le ha gustado y que ahora mismo estará poniendo mala cara.
Que le jodan.
Él, en cambio, asiente satisfecho con la respuesta.
—Genial. Te esperamos a las nueve —añade.
—¡Siii! —Flora aparece a mi lado y me agarra del brazo con cariño, pegándose a mí con total confianza—. No sabemos nada de ti y tengo muchísima curiosidad por cómo es la vida en la ciudad. Seguro que todo es súper diferente.
Habla rapidísimo, casi sin respirar, y me hace gracia su entusiasmo. Tiene una expresión tan sincera que termino ablandándome.
—Además, la feria es divertidísima —sigue—. Hay puestos nuevos este año y han traído una noria enorme. Bueno, enorme para nosotros —se corrige—. Igual tú vienes de la ciudad y te parece pequeña, pero para aquí es todo un acontecimiento.
Nico aparece y se coloca a su lado, pasando un brazo por su cintura.
—Prepárate, porque no va a parar de hacerte preguntas en toda la noche.
Ella le da un golpecito en el brazo, fingiendo estar ofendida.
—¡Mentira!
Cody carraspea desde la puerta, interrumpiendo la conversación. No me había dado cuenta de que se había apartado hasta allí en algún momento; ahora está apoyado contra el marco, esperándome.
Me separo de ellos y levanto la mano para despedirme.
—Bueno, luego nos vemos.
Doy un par de pasos hacia la salida, pero antes de cruzar la puerta me vuelvo hacia Owen. No sé muy bien por qué.
Él se da cuenta y me dedica una sonrisa ladeada, totalmente de chico malo. De esas que en el instituto habrían hecho suspirar a medio curso… por no decir a todo el instituto entero.
Aparto la vista, intentando actuar con total normalidad. Que mi cerebro no se ha desconectado y que sigo siendo perfectamente capaz de mantener la boca cerrada y la saliva en su sitio, en vez de quedarme ahí plantada con cara de idiota.
Mientras camino hacia la puerta no puedo evitar preguntármelo.
¿Habrá estado mirándome el culo?
Espero que sí.
Estoy bastante contenta con mi cuerpo. Como loba, mi constitución es más grande y atlética que la de los humanos. Mantenerme tonificada y definida me resulta casi natural.
Y qué coño… me encanta mi culo.
Así que espero que lo haya visto bien.
Y que Malena, sobre todo, haya sido testigo de ello.
Una vez llegamos a la camioneta, abro la puerta del copiloto y me subo. Cody rodea el capó y ocupa el asiento del conductor.
Cerramos las puertas casi al mismo tiempo y nos abrochamos los cinturones.
—Lo siento, prima, tendremos que dejar para otro día la remodelación de tu cuarto.
Es verdad. Iba a comprar algunas cosas para mi habitación.
Me fastidia un poco porque tenía ganas de cambiarla, aunque tampoco es que vaya a invitar a nadie allí.
¿Verdad?
—No te preocupes, otro día —contesto, restándole importancia.
Total, mi habitación puede esperar. Ya tendré tiempo de cambiarla. Porque no, no voy a invitar a nadie.
—¿Qué te han parecido? —pregunta, arrancando.
—Agradables.
Luego, añado antes de que pueda seguir preguntando:
—Aunque, ya que estamos… y como veo que no te has enterado, que sepas que tu amiga Malena me ha dado una bienvenida de lo más cálida.
Cody se gira hacia mí de golpe, claramente sorprendido.
—¿En serio? ¿Qué ha pasado?
Se pasa una mano por la cara, incómodo.
—Perdona… mi padre estaba mareándome con lo de la avería. Estaba intentando escaquearme, pero no he podido salir de ahí.
Se recuesta de forma brusca en el asiento y luego se gira hacia mí con más atención.
—Dime. ¿Qué ha pasado?
—Pues que, al parecer, que yo haya aparecido le ha jodido la vida.
Abre un poco la boca, como si de pronto entendiera exactamente lo que ha pasado.
—Ya… —murmura—. Quizás tenga algo que ver con que está enamorada de Owen. Y parece que le has hecho gracia a él, así que… creo que ya te puedes imaginar el resto.
—¿Y qué culpa tengo yo? —resoplo —. Es su problema, no el mío.
—No seas mala, prima —responde, aunque sin mucha convicción—. Es buena chica.
—Si si… buenísima.
Suelta una pequeña risa por lo bajo y vuelve a concentrarse en la carretera.
—¿Y Owen? —pregunta después de unos segundos.
Ah.
Ya hemos llegado a eso.
Me acomodo, apoyando el hombro contra la puerta mientras subo una pierna al asiento.
—Encantador.
—Aha…
Me vuelvo hacia él.
—¿Qué?
—Nada… —masculla.
Conduce unos segundos más en silencio antes de soltarlo.
—Por cierto… Owen y Marcus no se tragan.
Vaya.
Eso sí que no me lo esperaba.
—¿Y por qué me dices eso?
Encoge un hombro mientras gira el volante.
—He pensado que deberías saberlo.
Maravilloso.
A este paso, mi vida va a acabar siendo una especie de telenovela de lobos.
Lo que me faltaba.
¿Qué se puede esperar de un pueblo tan pequeño?
Aquí todo el mundo se conoce y cualquier cosa acaba convirtiéndose en asunto público antes de que te dé tiempo a entender qué demonios está pasando.