27 #4
―Aaaaah, sí, eres el único, aaaaaah, aaaaaaah… ¡eres el único que me ha follado por detrás!, aaaah...
―Mmmmmm, ¡joder, qué morbo! ¿Y tu marido no te lo ha pedido nunca?
―¡Cállate, no quiero que hables, aaaaaah, aaaaah… de él…!
―El día que nos pilló…
―Aaaaah, déjalo, cállate, joderrrr, aaaaah, aaaaah…
―El día que nos pilló lo vi en la puerta, mirándonos. Se quedó parado, viendo cómo te sodomizaba…
―Adrián, paraaaaa, aaaaaah, no hables de él…
―Me asusté, me asusté mucho, te lo juro que el corazón se me puso a mil, pensé que me iba a dar un puto infarto…
―Aaaaaah, aaaaaah…
―Pero lo tenía a punto, no podía detenerlo, se me puso más dura todavía, y tú, ufffff…, estabas disfrutando tanto… que ni te enteraste de que tu marido estaba allí… y él parado, mirándonos, viéndolo todo…
―Aaaaaah, aaaaaah, cállate, no sigasssssss…
―Quise avisarte, pero tú no parabas de gemir en alto y me pediste que me corriera en tu culo, y Fernando lo escuchó.
Por si él tenía dudas, le anunciaste en ese instante dónde tenía la polla metida y luego te lanzaste contra mí, ¡prácticamente me follaste!
, ¡me sacaste toda la leche con ese!, y yo no lo pude evitar, sabía que tu marido estaba allí y, aun así…
, aaaaah, me corrí, me corrí dentro de ti…
Yo creo que hasta se puso cachondo al vernos…
―Cállate, joder, aaaaah, aaaaaah, sigue follándome, pero cállate…
―Pero si es verdad… o, si no, ¿por qué no dijo nada?, solo se quedó parado, mirándonos…
―¡¡¡Aaaaahhhhgggg, aaahhhgggg, voy a correrme otra vez, voy a correrme otra vez, aaaahhhhgg!!!
―¡Dime que soy el único que te ha follado por el culo!, ¡¡dime que soy el único!!, eso me da mucho morbo.
―¡¡¡Aaaaaah, aaaaaah, eres el único, aaaaaah, eres el único, aaaaaah, me corro, joder, me corroooo, joderrrrrr, aaaaaah, aaaah, aaaaah, aaaaah, síííííí, síííííí, síííííí!!!
Y un nuevo orgasmo sacudió a Mónica, que no dejó de acariciarse con la mano entre las piernas mientras embestía su trasero. Después tuve que parar, a mí ya no me quedaba mucho y Mónica también parecía haber llegado a su límite.
―Para, para, yaaaaaa… ¡me has destrozado… aaaaaaah, qué dolor más rico…! Sácala, por favor, para… ¡no puedo más, joder!
―Estoy a punto…
Mónica se incorporó hacia delante y un plop me indicó que mi polla acababa de salir de su culo. Rápidamente se giró y me la agarró con la mano, mirándome a los ojos, y comenzó a sacudírmela a toda velocidad.
―¿Qué vamos a hacer ahora, Mónica?
―¿Cómo que qué vamos a hacer…?
―Sí, después de lo de hoy…
―Pues nada, hoy se acaba todo… no va a pasar nada más.
―Quiero volver a quedar contigo…
―No, Adrián, lo mejor es que esto se termine ahora. Por nosotros y por Iker. No podemos seguir viéndonos; además, te recuerdo que te casas en un par de semanas…
―Te escribiré, te llamaré y volveremos a quedar aquí… Quiero seguir follándote… y tú también, no lo niegues… ¡te conozco demasiado bien! Y hoy has vuelto a sacar a la Mónica que llevabas dentro y ya no puedes detenerla…
―No, ¡VALE YA! ―gritó soltándome la polla y se apartó de mí.
Buscó el tanguita y el sujetador, que estaban tirados por el suelo de la habitación, y se sentó en la cama para ponérselos.
―Te he dicho que esto se acabó…
Pero no le di tiempo a que se vistiera, me situé rápido entre sus piernas y la empujé contra la cama, haciendo que cayera bocarriba.
―¡¡¡Adrián, noooooo, aaaaaah, noooooo!!!
Me coloqué encima y reptamos juntos hasta que topamos con el cabecero. De un golpe certero se la clavé en el coño y Mónica soltó un grito desgarrador, levantando las piernas y cruzándolas en mi espalda.
―¡Dime que no quieres volver a sentir esto y paro!
―¡¡Aaaaaah, aaaaaah, joderrrrr, nooooo, aaaaaaah!!
―¿Quieres que pare?
―Aaaaaah, noooo, noooo, no pares…
Aquel misionero fue delicioso. Los dos sudando, abrazados, embistiéndola de manera cariñosa, comiéndonos la boca, pellizcándonos, mordiéndonos, y al terminé dentro de Mónica, llenando su coño una vez más mientras ella jadeaba.
―¡¡Sí, no pares, córrete, aaaaaah, córrete, aaaaaaahh!! ―me pidió.
Luego me quedé unos segundos sobre ella, nos fundimos en un morreo y apoyé mi frente en la suya.
Las gotas de mi sudor caían en su cara y Mónica sacó la lengua para recoger mis fluidos salados.
Colocó las dos manos en mis glúteos y me pidió que siguiera unos instantes más con mi polla dentro de ella.
―No puedo parar de follarte, Mónica, de verdad que no… Y a ti te pasa lo mismo…
―Esto es una puta locura, Adrián…
―Lo sé… ¡es adictivo!
―Cuanto antes lo dejemos, mejor… no podemos volver a…
―¿No quieres que volvamos a estar así? Joder, míranos, este polvo todavía ha sido más rico que los anteriores, ufffff. ¿De verdad no quieres quedar otro día?
―No me lo pongas más difícil…
―Dime ahora que no quieres verme más, que no quieres repetir un encuentro como el que acabamos de tener, que no quieres que vuelva a tener mi polla dentro de ti… Si me lo dices, me visto y me voy… ―Se la retiré con suavidad y la dejé extendida en su coño.
―Aaaaahhhgggg, Adrián.
―Vamos, dímelo, ¿qué es lo que quieres de verdad?