El inquilino universitario 2. El reencuentro 28
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Elvira cumplió su promesa y terminamos mi despedida de soltero de madrugada, sentados en la playa. Otra vez los dos solos, con unas copas de más, frente al mar.

―Espero que Sofía no se tomara a mal que la semana pasada no fuera a la despedida de las chicas, pero ya sabe la situación que tengo en casa… ―comentó agarrándose a mi brazo, apoyando la cabeza en mi hombro.

―Claro, lo entiende perfectamente.

―Hoy sí me apetecía salir con Pablo, Sergio y contigo… Ojalá sigamos mucho tiempo los cuatro juntos, ¡os necesito!

―Siempre vas a poder contar con nosotros, ¡te lo prometo!

―Y tú te nos casas también la semana que viene. Ya solo nos queda Pablo…

―Sí, ja, ja, ja.

―¿Nervioso?

―Pues ahora sí, un poco…

―Por cierto, no sé si va a venir Fiorella, no te lo puedo confirmar.

―Joder, Elvira, ¿todavía andáis así? Sofía se va a pillar un buen rebote, ja, ja, ja.

―Sí, hablamos hace tres días y volvimos a discutir, así que te diría que no contéis con ella. Me está viniendo bien pasar una temporada sola, así puedo pensar en lo nuestro y no sé si realmente quiero volver con ella…

―Yo creo que sí. En el fondo formáis una buena pareja, aunque sea una relación un poco tóxica…, no podéis vivir la una sin la otra.

―Lo mismo pienso yo. Es un amor odio muy intenso. Demasiado. ¿Y tú qué tal estás?

―Bien, ¿por…?

―No sé, este finde te he visto distraído, ausente… Estás raro, ¿te ocurre algo, Adrián?

―No, no…

―Vamos, que a mí no me engañas… suéltalo…

―De verdad que no.

―No estarás teniendo dudas con lo de la boda, ¿no?, que tú eres capaz de…

―No, no es eso…

―¡Ah!, no es eso, pero, entonces, sí que te pasa algo.

―Bah, déjalo, Elvira, prefiero que…

―¡Dímelo, porfa!, ahora no me dejes así.

―El otro día me acosté con Mónica ―le solté de repente.

―¡¡¡¿Quéééé?!!!, ¿Mónica, Mónica?, ¿la del chalet?, ¡¡¿la de la universidad?!!, ¡¡tu casera!!

―Sí, claro, no hay otra.

―¡¡No me jodas!!, ¿en serio te la has follado? No sabía que os estabais viendo…

―Hemos quedado algún día para tomar café ―le confesé omitiendo la parte de Iker. Eso jamás se lo contaría a nadie―. Y una cosa llevó a la otra y…

―¡¡Eres un hijo de puta!! El año pasado lo de Laura, y ahora esto. A ti te gusta joderla bien antes de un gran evento, ¿no?

―Eso parece.

―¿Y os habéis visto más veces?

―No, solo una ―respondí en bajito.

―Pero vais a repetir…

―No lo sé…, ufffff, ¡estoy hecho un lío! Tienes razón, no dejo de cagarla constantemente. No puedo mantener la polla dentro de los pantalones… ¡y Sofía no se merece esto!

―Bueeeeno, ahora no te hagas el mártir, no te pega nada, Adrián…

―Joder, se supone que eres mi amiga y me tienes que apoyar y aconsejarme, decirme que soy un cabrón, que voy a casarme, que no vuelva a hacerlo y todas esas mierdas…

―Sabes que yo no te voy a decir eso, pero tampoco me das ninguna pena, eh… Vaya, vaya, así que por eso estás tan raro.

―No dejo de pensar todo el rato en lo que pasó el otro día, ¡uffff, fue la hostia!

―Mmmmmm, y te encantaría repetirlo...

―No…, bueno, sí, no lo sé…

―Pues, ya que estamos de confesiones, me gustaría decirte que yo tampoco dejo de pensar en lo que ocurrió en tu casa el día que te ayudé a pintar la habitación…

―¿Ah, sí?

―Sí.

―Me dejaste con un buen calentón, por cierto…

―Lo siento, aunque me encantó volver a acariciarte las tetas. ¡Eran tal y como las recordaba! Me dio mucho morbo…

―Y a mí hacerme un dedo en tu casa, uffff… sabiendo que Sofía podía llegar en cualquier momento…

―¡Vaya dos estamos hechos!

―¡Tal para cual!

―Ni que lo digas.

―Oye, y ya que estamos, ¿me contarías lo de Mónica? Me gustaría saber cómo te la follaste…

―¿Qué te gustaría saber exactamente?

―Todo, dónde os visteis, lo que pasó entre vosotros. Todo lo que me quieras o me puedas contar…

―Quedamos en un hotel que han construido nuevo…

Y durante diez minutos le relaté mi affaire con Mónica, sin omitir ningún detalle.

―¡¡Ufff, vaya historia!! ―exclamó Elvira―. ¿Y no habéis vuelto a hablar…?

―No, no creo que volvamos a vernos. Ella sabe que estoy a punto de casarme y nos despedimos sin quedar en nada…

―Vaya, vaya con Mónica…

―¿Te sorprende?

―Pues un poco sí, a ver… se ve que es una tía morbosa y tal… son cosas que se notan, pero no pensé que tanto.

―¡Es una pasada, ni te lo imaginas!

―Y dime la verdad, si te volviera a llamar, ¿quedarías otra vez con ella?, sé sincero…

―Pensándolo bien…, creo que sí…

―Entonces, muy arrepentido no estás.

―Sí lo estoy, me siento fatal por Sofía, la quiero, pero no lo puedo remediar, es que Mónica me pone mucho.

―No me extraña, a mí también me gustaba, ¡ufffff, me ha encantado la historia! ―afirmó Elvira bajando las manos y me desabrochó el pantalón.

―Ey, ey, Elvira, ¿qué haces?

―Darte mi regalo de despedida.

―Ya me has regalado un reloj…

―Creo que esto te va a gustar más, además, te debía una por lo que pasó en tu casa… ―Y me sacó la polla agarrándola con fuerza. La cubrió con mi sudadera para ocultármela y comenzó a pajearme muy despacio―. ¿Es que no quieres?

―Mmmmmm, Elvira… ya sabes que no le puedo decir que no a una buena paja y menos si me la haces tú…

―Me he puesto cachonda cuando me has contado lo tuyo con Mónica, uffff, ese momento en el que ella te pide que se la metas por el culo ha sido brutal… Y creo que a ti también te ha gustado recordarlo, mmmm, ¡la tienes durísima!

―Es que lo haces de maravilla. Me encantan las pajas así, sin prisa…

―¿Hay mucha diferencia de follar con Sofía a hacerlo con Mónica? ―me preguntó de repente.

―Pues no lo sé… esa adrenalina a mil que siento cuando estoy con Mónica no la tengo con Sofi…, es diferente.

―Entiendo, ¿cómo describirías el sexo con Sofía, con Mónica y el que tenías conmigo?

―Mmmm, interesante pregunta. Tú eres la más viciosa de las tres, sin duda.

Me encanta cuando alguna vez te veo en una revista de moda o del corazón, siempre tan bien vestida, peinada, tan guapa con esos escotazos.

No me extraña que las marcas se peguen por contratarte.

Una empresaria de éxito con un estilazo como el tuyo y que además es la novia de una top model.

Pero al verte me acuerdo de lo cerda que eres en la intimidad, nada que ver con la imagen seria que trasmites, y eso me da mucho morbo, que la gente no sepa lo jodidamente guarra que eres… y yo sí lo sé…

―Buena descripción.

―Mónica es más recatada, al menos al principio, pero termina perdiendo su lucha interior y después le sale ese animal que lleva dentro.

Intenta ser cauta, ponerle un poco de cordura y, cuando se abandona al placer, uffff, es como una bomba que explota…

Y Sofía es algo intermedio entre Mónica y tú, también es muy viciosa, le gusta hacer de todo…

―¿Así que te doy morbo cuando me ves en las revistas?

―Sí, mucho.

―Y eso que no te he contado la cantidad de proposiciones indecorosas que me llegan a diario.

―¿Ah, sí?

―Sí, ya hace tiempo que tuve que bloquear la mensajería privada en todas las redes sociales. Solo pueden escribirme a los que yo sigo, y, aun así, continúo recibiendo bastantes propuestas de youtubers, instagramers, famosos, actores, futbolistas… tanto chicos como chicas…

―Joder, Elvira, ¿en serio?, ¿y nunca has aceptado?

―En Barcelona he quedado alguna vez con un par de influencers y me he acostado con ellas.

―Mmmmmmm, ¿puedo saber sus nombres?

―Sí, claro, pero no digas nada de esto, ehhhh, las dos tienen novio. Son… y…

―¡Qué hija de puta!, ¿en serio has follado con esas dos?

―Sí.

―Uffff, estoy a punto de correrme, Elvira.

―Pues suéltalo, no pasa nada…

―Aaaaah, aaaaah, dale más rápido.

―¿Así?

―Sí, eso es, aaaaah, aaaaaaah…, ¡joder, me corro, aaaaah, aaaah, aaaaaah!

Y exploté debajo de la sudadera mientras Elvira me daba besitos por el cuello y me la sacudía a toda velocidad. Luego me restregó la mano por el estómago para limpiarse y enseguida la retiró y se quedó abrazada a mí.

―¡Uf, qué rico, me ha encantado!

―Me alegro de que te haya gustado ―susurró.

―Sí, claro, y la semana que viene la boda. ¡Menuda semanita me espera! Te juro que a veces me dan ganas de dejarlo todo y salir corriendo.

―¡Pues hazlo!

―Sí, claro. Tú lo ves muy fácil.

―Vente conmigo a Barcelona.

―¿Y qué voy a hacer contigo en Barcelona?

―Salir corriendo. Empezar de cero. ¿No es lo que querías?

―Era una manera de hablar, Elvira.

―Pues parece que lo decías en serio. Yo podría ofrecerte un puesto en mi empresa. Ganarías el triple que ahora… y, quién sabe…, hasta podríamos concedernos otra oportunidad, ja, ja, ja ―insinuó Elvira intentando que pareciera una broma.

―¿Lo dices en serio?

―¿Y por qué no?

―Pues porque no, no puedo hacerle eso a Sofía, irme de repente, desaparecer como si nada. Acabamos de comprarnos un piso, nos casamos la semana que viene.

―¿Y…? Solo se vive una vez. Si no estás contento con la vida que llevas ahora…

―Muchas gracias por tu oferta, pero la vida no es así, y sí estoy contento…

―Pero antes has dicho, bah, da igual…, piénsalo al menos… ―insistió.

―¿Te gustaría que volviéramos a ser pareja? ¿Es eso lo que me estás proponiendo?

―¿Y a ti?

―No funcionaría y los dos lo sabemos.

―Pero echaríamos unos polvazos increíbles… ―susurró con voz sensual.

―Eso sí…

Elvira se me quedó mirando. Estaba seria, reflexiva, y sin que me lo esperara se abalanzó sobre mí y me besó en la boca.

―¿Qué haces, Elvira?

―Lo que llevo deseando hacer toda la noche ―contestó volviendo a la carga, fundiéndose conmigo en un morreo a orillas del mar. La dejé unos segundos, sintiendo su lengua y después me separé de ella.

―Elvira, para, por favor, es mejor que olvidemos esto. Me gustas mucho, ya lo sabes, pero...

―Piénsalo al menos. A mi madre le quedan meses, puede que semanas y después me iré para siempre.

¿No te lo imaginas?, tú y yo en Barcelona, juntos, sería la hostia.

Viviríamos en un chalet de lujo, iríamos a fiestas exclusivas…

, podríamos viajar a cualquier parte del mundo…

―Y se quedó recostada en mi hombro―. La oferta seguirá en pie durante una semana, pero expirará el sábado que viene... , justo el día de tu boda…

Continuará…