25 #2
Y ahora mi polla se posó directamente en su piel, lo que hizo que se me pusiera más dura. Era Mónica la que al pajearme me la restregaba contra ella, pero todavía me excité más cuando comenzó a ronronear y a mover con sutileza las caderas.
―Vamos, Adrián, termina ya, venga, ¡córrete!
―Aaaaah, estoy a punto ―suspiré en su cuello y, acto seguido, pasé las manos por su costado y llegué hasta la parte final de su espalda.
Un par de veces intenté acomodar mi polla entre sus piernas, pero Mónica adivinó mis intenciones y se apartó, por lo que solo le rocé el glúteo con el capullo.
Ella seguía a lo suyo, meneándomela con la mano derecha, y pasó el brazo izquierdo hacia atrás y rodeó mi trasero.
Yo acompasé los movimientos con los de Mónica, como si estuviéramos follando.
De mi polla no dejaba de salir un reguero de flujo que ya babeaba casi todo su culazo y ella me apretó contra su cuerpo en una perfecta armonía.
Aceleró el ritmo de su paja y yo no me pude resistir más y bajé la mano para sobar ese culo que lucía casi desnudo delante de mí.
―Aaaaaah, córrete, córrete…, aaaaah ―me pidió otra vez.
Pero yo todavía podía aguantar un poco más y tiré con fuerza del hilo del tanga que se perdía en sus glúteos, lo aparté y con un rápido movimiento traté que mi polla se colara entre sus piernas y ahora sí.
¡Rocé la entrada de su coño!
―Para, paraaaaa, paraaaaa, ¡¡¡¿qué haces?!!! ―gritó Mónica, que se giró con violencia soltándome la polla.
Se me quedó mirando con la respiración acelerada y estiró el brazo para que no me acercara.
―Te dije que no me tocaras, joder…
La agarré de la mano con la que me empujaba el hombro y tiré de ella hacia mi cara. Metí un dedo en la boca y se lo lamí como un puto perro.
―No me dejes así, estoy a punto de correrme ―anuncié pegándome un par de sacudidas delante de ella, dando un pasito hasta ponerme a su altura―. Vamos, Mónica, termina lo que has empezado y después me iré… y no volverás a verme…
Fui chupando sus dedos uno a uno, desde el pulgar hasta el meñique, pasando la lengua por un lado y luego los metía dentro de mi boca, simulando que les hacía una mamada.
Mónica me miraba atentamente, y se le estaba empezando a poner una cara de viciosa que me tenía asustado.
Después dejé caer un salivazo justo en todo el capullo, tiré de su brazo, bajé su mano, y la puse sobre la polla.
No tuve que decir nada.
Mónica me la agarró y comenzó a meneármela a toda velocidad desde el principio.
Sin compasión. Destrozándomela. Golpeándome con el puño en los testículos cada vez que llegaba al final y estrujándome el glande en el camino de vuelta.
Una deliciosa paja agresiva y placentera que me iba a hacer explotar en unos pocos segundos.
―Aaaaah, aaaaaah, joder, Mónica, más despacio, más despacio, joderrrrrr…
Pero ella ya no quería alargar más aquella agonía y enseguida me di cuenta de que Mónica deseaba que me corriera para terminar y que me fuera de la habitación. Se lo había prometido, pero ahora que lo tenía tan cerca era una putada terminar de esa manera, y más viendo cómo se encontraba Mónica.
Medio desnuda, jadeando, cachonda, dejándose sobar y con mi polla en la mano.
Me rozó el ano con una de sus uñas y yo tensé los glúteos, aquella caricia furtiva me había gustado demasiado, pero no quería precipitarme de esa forma tan patética mientras ella me metía un dedo por el culo, porque estoy convencido de que eso es lo que pretendía Mónica.
―¡Acaríciame los huevos!, aaaaah, los huevos, vamos, ¡no puedo aguantar mááááás!
Y casi de inmediato sentí como la mano que antes se encontraba en mi trasero ahora palpaba mis testículos desde abajo.
Me los sujetó con delicadeza e hizo una ligera presión.
Yo estiré los dos brazos y agarré sus glúteos con fuerza, los estrujé y atraje su cuerpo contra el mío.
Entonces Mónica se revolvió agitando su cuerpo.
―Nooooo, noooooo, nooooo, no me toquessss…
―Aaaaah, aaaaaaah, mááááás, mááááás, ¡¡me corro, joder, mierda, me corro, joderrrrrr!!, ¡¡¡AAAAAH, AAAAAAH, AAAAAH!!!
Se apartó de mí, resistiéndose, cuando busqué su boca, pero no me la soltó, mi polla se puso más dura y de repente un lefazo salió volando hacia el cuerpo de Mónica.
Lo hizo con tanta potencia que incluso le alcanzó en toda la cara y ella se giró con un pequeño gritito, que acompañó de un gemido al sentir mi segundo disparo, que atravesó su canalillo y llegó hasta su cuello.
Y ella siguió pajeándome, destrozándome sin compasión la polla.
El tercero bañó su ombligo y Mónica continuó acariciando mis huevos y descubriendo mi prepucio para que me derramara sobre su piel.
Los dos gemíamos y yo no dejé de tocar su culazo en todo momento hasta que Mónica me exprimió hasta la última gota, y entonces hizo algo que me dejó descolocado. Se pegó a mí y reposó su cabeza en mi hombro, sin soltarme la polla, aplastándola contra su cuerpo, como si le diera morbo sentirla.
Tuve que pedirle que se detuviera porque en ese instante la tenía demasiado sensible y, después de esa explosión de placer y descarga de adrenalina tan brutal, me dejé caer hacia atrás y me senté en la cama.
Desde allí pude observar bien a Mónica, apenas la tenía a dos metros y su estampa era la viva imagen de la lujuria.
De pie, en ropa interior, con los brazos caídos, la respiración agitada, y con su cuerpo semidesnudo lleno de semen, me miraba directamente a los ojos.
Mi primer lefazo le había atravesado la cara desde la barbilla hasta la frente y ella se lo trató de limpiar con la mano, pero lo único que consiguió fue esparcirlo y mancharse más, pues no se había dado cuenta de que también tenía los dedos empapados.
Y no solo era la cara, abundantes gotas de semen cubrían sus pechos, también el estómago y en el ombligo se le había formado un pequeño charquito, que, debido a la gravedad, le iba goteando hasta las braguitas, pasando por su coño, hasta que caía al suelo.
¡Tremendo! ¡Me había corrido encima de Mónica y le había bañado por completo su cuerpazo!
―¡Eres un cabrón, ya te has salido con la tuya!, ¿contento? ―me recriminó.
Me eché un poco hacia atrás en la cama, apoyando las manos y le mostré mi verga en todo su esplendor.
Seguía empalmadísimo y duro, y no dejaba de escurrirme semen por los dos lados de mi tronco.
Me palpitaba sola, sin tan siquiera tocármela, y lo peor es que ese orgasmo no había calmado mi calentura.
Más bien al contrario. Estaba todavía más cachondo.
Ella se giró en dirección al baño y me deleité con su culo en movimiento, pero le pedí que se detuviera antes de dejarme solo.
―¡Mónica!, ¡espera!
―¿Qué pasa ahora?
―Lo siento, sí, soy un cabrón, pero no me he salido con la mía ―dije desnudándome del todo, y me incorporé de la cama, me puse de pie y me acerqué a ella sujetándome la polla.
―¿Cómo dices?
―Que sí, que tienes toda la razón del mundo…
―Eeeh, ¿dónde te crees que vas?, y ahora, ¿por qué te has desnudado?―me preguntó asustada al verme avanzar tan decidido.
Me solté la polla y dejé que fuera bamboleándose a cada paso que daba, hasta que me situé a medio metro de ella.
―¡No te limpies todavía, por favor!, es increíble verte así ―le pedí mordiéndome los labios.
―¿Cómo no me voy a limpiar?, joder, me has dejado hecha un asco, por Diosss, ¡te has corrido encima de mí!, quieto, para ahí, ni se te ocurra dar otro paso más, me lo prometiste, me dijiste que después de esto te ibas a ir de la habitación…
―De verdad que pensaba hacerlo, pero no puedo dejarte así, no es justo para ti ni para mí. Yo estoy todavía más caliente que antes y tú…, ¡mírate!, no me quiero ni imaginar lo que estás sintiendo por dentro…
―Adrián, noooo, nooooo…, vale ya…
―Lo siento, Mónica, es lo único que puedo decirte, te pido perdón antes por lo que voy a hacer, porque ya no me voy a detener… Voy a hacer lo que estás deseando, ¡lo que estamos deseando!
―Nooooo, nooooo…, ¡no podemos, Adrián!, ¡no podemos hacerlo!
―Claro que podemos, Mónica, de hecho, esto ya no tiene marcha atrás, estamos desnudos en un hotel, me acabas de hacer una paja y me he corrido encima de ti…
―Noooo, déjalo ya, ¡he hecho todo lo que querías!, no sigas, me lo prometiste, por favor… ―suspiró apagando el tono antes de terminar la frase, agachando la cabeza.
―¡Mira cómo tengo la polla!, sigue dura y no para de palpitar… Ven aquí, Mónica, no te resistas más… ¡Quiero estar dentro de ti!, todavía tenemos dos horas por delante y, ahora sí…, esto ya es inevitable, ¡ahora voy a follarte!…