22 #2
―Fantaseé muchas veces con lo que habría pasado si ese día no nos hubiese descubierto tu marido ―interrumpí a Mónica para que me dejara seguir hablando―.
Al año siguiente, podría haber seguido viviendo con vosotros, otro año igual, un curso entero, los dos solos en ese chalet, ¿te lo imaginas?
Echo mucho de menos los ratos que pasábamos juntos, en general, no solo en la cama…
joder, Mónica, lo que teníamos era un sinsentido: sexo enfermo, primitivo, irracional…
Aunque tarde o temprano hubiera finalizado, era imposible aguantar ese ritmo, pero, no sé, quizás podríamos haber acordado un último encuentro y después cortar por lo sano; pero viviendo bajo el mismo techo sabes que eso no habría pasado…
y, mirándolo ahora con perspectiva, lo que sucedió fue lo más lógico, Fernando nos tenía que descubrir…
Nos arriesgábamos mucho, muchísimo…, ¿te acuerdas?
―Vale, Adrián…, déjalo ya, acepto tus disculpas y…
―Solo dime, por favor, qué pasó entre vosotros el día después, y ese verano.
―Pues ya te supondrás que no le sentó nada bien a Fernando, me preguntó cuánto tiempo llevábamos juntos y ese tipo de cosas…
―¿Y fuiste sincera con él?
―Sí, se lo conté todo.
―¿Todo?
―No entré en ese tipo de detalles que estás pensando, por supuesto, no hacía falta…, y después me dejó, se fue de casa, estuvimos unas semanas separados, aunque nos seguimos viendo a menudo. Luego me enteré de que estaba embarazada y decidimos seguir adelante. Formar una familia. Y hasta hoy…
―Entiendo, tuvo que ser durísimo para ti...
―Sí.
―Pensé mil veces en llamarte, de verdad que sí, me arrepiento de no haberlo intentado más, de no ir a buscarte, y ya al año siguiente comencé a salir con Elvira en segundo de carrera, estuvimos juntos unos meses, pero nunca llegué a estar enamorado de ella.
―Hacíais buena pareja …
―Eso dicen todos, pero no funcionó, y después de Elvira, conocí a la hermana de Sergio y, ¿qué te voy a contar?, pues que en un par de semanas nos casamos…
―¿Con ella sí que hubo ese feeling que no tenías con Elvira?
―Sí, desde el principio, siempre nos ha ido muy bien juntos, pero ¿sabes una cosa?
, lo que tuve contigo ¡no sé describirlo!
, ese nudo en el estómago, ese fuego que corría por mis venas, el corazón desbocado latiendo con fuerza en el pecho, la respiración acelerada media hora antes de salir de clase, sabiendo que en unos minutos íbamos a vernos…
, eso nunca lo he vuelto a sentir con ninguna otra mujer, ni de lejos…
―Bueno, no debe…
―Y sé que a ti te pasaba igual ―interrumpí a Mónica―. Me encantaba cuando temblabas de emoción y cómo le dabas rienda suelta a esa tensión acumulada… ¡Uf, juntos éramos increíbles!
―Vale ya, Adrián, prefiero no seguir hablando de esto ―dijo Mónica poniéndose de pie y adoptando una actitud defensiva de nuevo.
Se alejó de mí y apoyó la espalda en la pared, con los brazos cruzados. Traté de no inmutarme y seguí hablando, sentado en la silla, removiendo los posos del café en mi vaso de cristal, pero, al verla de nuevo en esa postura, me puse de los nervios y mi polla se desperezó bajo los pantalones.
―Antes dijimos que era inevitable que lo nuestro terminara mal, pero tampoco es cierto del todo…, no tiene por qué ser así ―dejé caer en voz baja.
―Acabas de decirme que no quieres saber nada de Iker. Cuando salgamos de aquí, no volveremos a vernos… ¿a qué te refieres?
―Por eso mismo. Lo de Iker está aclarado, pero lo nuestro no…
―¿Lo nuestro?
―No te voy a negar que volver a verte me ha despertado muchos recuerdos, demasiados, y el estar aquí contigo, en esta habitación de hotel, encerrados…
―No sigas por ahí, Adrián ―me pidió con rotundidad estirando el brazo y negando con el dedo―. Deberías irte ya.
―Nos debemos un final acorde a lo que vivimos…
―Anda, deja de decir tonterías.
Me puse de pie y me acerqué muy despacio, situándome delante de ella.
―¿Se puede saber qué te pasa?, ¡¿qué estás haciendo?! ―me preguntó Mónica.
―Solo sería una última vez. Me caso en dos semanas, me estoy arriesgando igual que tú, ahora estamos en igualdad de condiciones.
―Apártate, por favor…, no digas sandeces… ―me pidió con la voz temblorosa, los brazos cruzados, agachando la cabeza.
Apoyé el dedo índice en su barbilla y subí su cara. Nos miramos directamente a los ojos, ella negó y giró el rostro.
―No volverás a saber nada de mí, te lo prometo. ¡Joder, Mónica, ya estás temblando!
―Vete, ¡te he dicho que no me toques! ―Y me apartó con brusquedad la mano que rozaba su rostro.
―Nadie sabrá jamás lo que ha pasado aquí…, solo sería hoy…
―Pero ¡¿tú te estás escuchando?!, ¡¡no quiero hacer esto!!
―Sería un secreto entre tú y yo…
―Yo sabría lo que ha pasado y con eso es suficiente, no me lo perdonaría en la vida. Ahora está Iker, tengo una familia y Fernando no se lo merece. Hoy no va a pasar nada entre nosotros… ni hoy ni nunca…
―El corazón te debe estar latiendo a mil pulsaciones, yo estoy igual ―afirmé tirando con fuerza de los botones de mi pantalón para mostrarle a Mónica mi bóxer blanco.
―¡¡¡Ey, ey, ey, para, para, para…, ¿qué haces?!!!
―Estás tremenda con esa falda, ¡es que no puedo resistirme!, vamos, Mónica, nos lo debemos, una última vez ―insistí acercándome más a ella.
Casi la tenía acorralada contra la pared, y Mónica seguía con los brazos cruzados, resistiéndose, apartando su mirada, pero yo no quería forzarla, eso no me gustaba, necesitaba que se tranquilizara y apoyé las manos en sus hombros.
―Shhh, relájate, Mónica, ¡madre mía, cómo tiemblas! ―exclamé quitándome la camiseta y quedándome desnudo de cintura para arriba―. Vale, ya está, quiero que me abraces y te relajes, por favor, shhh, estás aquí conmigo, no pasa nada…
―Adrián, no ―murmuró con la respiración entrecortada―. ¿Qué estás haciendo?
―Siente mi cuerpo, eso es, abrázame…
―¿Qué haces?, nooooo…
―Lo que tú deseas, pero no te atreves. ―Y cogí sus brazos, desprotegiéndola, e hice que me envolviera con ellos.
Sentí sus dedos en mi espalda y ella se pegó más a mí, abrazándome y reposando la cabeza en mi pecho.
―Noooo, Adrián, para, no voy a hacer esto…
―Uf, mira cómo me tienes… ―susurré bajando una mano y sobándome el paquete delante de ella―. Vamos, Mónica, solo una vez más, nos lo debemos…
―Noooo, Adrián, paraaaa, paraaaaa…
―Abrázame, no te separes, ¿sientes el calor que desprendo?
―Noooo, nooooo, no va a pasar nada… te lo digo en serio…
―Ya está pasando y todavía no te has dado cuenta. ¿Has olvidado todo lo que hacíamos?, cosas que solo sabemos tú y yo…, ¡nadie más! Jamás he vuelto a follar así con nadie…
―Paraaaa, nooooo… noooo… ―suspiró con la respiración cada vez más entrecortada.
Acaricié su mejilla y traté de buscar su boca, pero ella me negó el beso y mis labios fueron a parar al otro lado. Rozaron el lóbulo de su oreja y después los posé en su cuello.
―Noooo, nooooo… ―se resistió un poco más. De repente sentí sus dedos clavándose en mi espalda y me rozó con las uñas, lo que hizo que mi polla se pusiera todavía más dura.
Bajé las manos por sus costados y llegué a la altura de sus caderas. Podría haber sobado su culo, pero quería ir despacio, hacérselo desear. Le agarré uno de sus brazos y tiré con firmeza hasta que la palma de su mano me rozó el paquete.
―¡Solo una vez más, Mónica!, por favor…, mmmmm, lo estás deseando…
―Noooo, no podemos hacerlo…, noooooo…
―Hemos llegado hasta aquí y ya no hay marcha atrás. Vamos, Mónica, ¡no te resistas más!
―Para, para, para, para…, noooooo… ―Y en ese instante le solté brazo, dejando su mano reposar en mi entrepierna―. Noooo, Adrián…, ahora tengo una familia, tú te vas a casar…, nooooo, noooo… ¡No podemos hacer esto!
Y en cuanto sintió mi polla, retiró el brazo como si le hubiera dado un calambre, pero se quedó allí junto a mí, con la cabeza pegada a mi torso. Y al momento volví a sentir sus dedos acariciando mi espalda.
―Noooo, Adrián, nooooo, esto es una locura… ―susurró levantando la cabeza, lo que hizo que sintiera su cálido aliento en mi cuello.
El corazón se me aceleró desbocado. Los bóxer blancos a duras penas podían contener mi erección y, al igual que Mónica, comencé a temblar…