20 #2
Salimos juntos a abrir y mi amigo se sorprendió al verme con Elvira.
―¡Vaya, qué sorpresa, Elvira!, ah, es verdad, que hoy ibas a pintar la habitación ―afirmó al vernos con la ropa vieja y manchada.
Saludó a Elvira con dos besos y nos dijo que iba a tomar un poco el sol y pegarse un baño.
―Me lo tenías que haber recordado y así os habría echado una mano…
―No hace falta, Elvira es una pintora excelente…, mira, pasa para que veas qué bien ha quedado, todavía nos falta darle otra capa.
Sergio se coló en la habitación, dio el visto bueno y, en apenas dos minutos, se despidió de nosotros.
―¿Luego os pasáis por casa y tomamos una cerveza? ―nos invitó.
―Si no se nos hace muy tarde, puede que sí ―le explicó Elvira―. Todavía nos queda terminar.
―Si ya prácticamente lo tenéis…
―Los remates y dejarlo perfecto es lo que más tiempo lleva…
―Dentro de un rato os paso a buscar y no quiero excusas ―dijo Sergio antes de bajar a la piscina.
Volvimos a la habitación con dos botellines bien frescos y nos sentamos en el suelo, uno frente al otro.
―No creo que luego me quede, eh ―me advirtió Elvira.
―Ya lo suponía, pero ya sabes cómo es Sergio, se pone muy intensito…
―Ja, ja, ja, sí…, encima nos ha interrumpido la historia, se estaba poniendo muy interesante lo que me estabas contando.
―Tienes la mente igual de calenturienta que yo. ―Y estiré el brazo para chocar nuestros botellines mientras Elvira me miraba atentamente, levantando las dos cejas con una sonrisa maliciosa.
―Es todo bastante…, eh, sórdido, esto que te está pasando, ja, ja, ja… Te has follado a la mujer de tu mejor amigo, vivís al lado, los hermanos se excitan escuchándose entre ellos…, no me digas que no.
―Visto desde ese punto….
―No creo que haya más puntos de vista o, no sé, quizás es que esté demasiado cachonda, llevo bastantes días sin follar.
―¿Me estás proponiendo algo?
―Ya te gustaría. ¿Me follarías aquí?, en el suelo, ahora mismo… ―me preguntó dándole un trago a su botellín.
―¡Pum, directa!, ¡sin rodeos!, joder, qué sutil eres, Elvira. Me pones mucho, pero no…, y no será por falta de ganas; además, Sofía podría llegar en cualquier momento, ¿no querrás que nos pille retozando aquí como dos animales?
―Mmmmm, eso le da más morbo al juego, ¿no?
―¡Elvira!
―¿Qué pasa?, ya se te ha puesto dura solo con pensarlo, ¿verdad?
―¡Que hija de puta eres!
―Mmmmm, ¡me encanta calentarte!, y ahora, con todo esto de mi madre y tal, pues últimamente no es que tenga muchas ganas de nada, pero, claro, llevo dentro mucho acumulado y tengo que liberar tensiones…
, necesito contacto humano…, anda, porfi, ven aquí, ponte detrás de mí y por lo menos hazme un masajito en los hombros, eso sí puedes hacerlo, ¿no?
―Está bien…
Elvira le dio otro trago a su botellín y esperó a que me sentara a su espalda. Yo abrí las piernas, las pasé por ambos lados de su cuerpo y comencé a masajear sus hombros.
―Aaaaah, ¡qué bien! ―ronroneó en cuanto acaricié su piel.
―Estás demasiado tensa, Elvira, tienes los hombros durísimos…
―Sí, estoy muy rígida, apriétame fuerte, clávame los putos dedos con fuerza, aaaaah, joder, eso es…
Le hundía bien los pulgares en los omoplatos y la parte central de la espalda y luego subía hasta el cuello, intentando descontracturar un poco esa zona. Elvira dejaba que la masajeara con las piernas flexionadas, mirando hacia el suelo.
―¡Ah, qué bueno!, esto es mejor que el sexo…
―Tampoco te pases, ja, ja, ja.
―Ya te digo yo que sí, y eso que ya sabes lo que me gusta.
―No te me vayas a correr, eh, ja, ja, ja…
―Pues no será por falta de ganas, ¿te importaría?
―Claro que no…, pero no creo que puedas llegar al orgasmo solo con un masaje de espalda, ¿no?
―Te lo he preguntado en serio… si te importaría que me corriera ahora…
―Ya te he dicho que no. ¿Qué tienes pensado hacer?
―Tú sigue ahí con los dedos y déjame a mi… ―me pidió Elvira estirando la espalda y echándose ligeramente hacia atrás.
No sabía qué es lo que pretendía mi amiga, pero enseguida escuché los pantalones de su short abrirse. De repente, y sin que me lo esperara, se metió la mano por dentro de las braguitas.
¿Es que acaso Elvira se iba a hacer un dedo en mi puta casa?
―Aaaaah, sigue masajeándome, lo haces muy bien, aprieta fuerte, vamos, que me duela un poco…
―¿Te estás tocando delante de mí?
―Síííí, aaaaah, aaaaah, ¿te molesta?, estoy muy tensa y necesito correrme…, no pares, por favor…
―Joder, Elvira…
―Tranquilo, aaaaah, aaaah, no voy a tardar nada, aaaaah, aaaaah…, ya estoy casi a punto…
Me acerqué a su espalda y besé su hombro derecho, pero Elvira me pidió que dejara de darle besitos y siguiera clavándole mis dedos con fuerza. Su culo comenzó a hacer círculos en el suelo y echó la cabeza hacia atrás, emitiendo un ligero suspiro.
―Aaaah, aaaaah, dime cosas, dime guarradas al oído, cabrón, en eso también eras muy bueno, y no pares de masajearme…
―¿Qué quieres que te diga?
―No sé, por ejemplo, en Ibiza, ¿qué fue lo que más cachondo te puso cuando me viste follar con Fiorella?
―Me gustó todo, desde el principio, cuando te comió las tetazas, mmmmm, eso ya me puso cachondísimo…
―Aaaaah, aaaaah, sigueeee, mááááás, mááááás, aaaaaah…
―Y luego cuando le lamiste el coño, ¡qué ganas le pusiste!, los lengüetazos sonaban increíbles desde mi posición, esos ruiditos me volvían loco…
―Aaaaaah, aaaaaah, aaaaaah ―comenzó a gemir más alto, ya moviendo las caderas adelante y atrás―. ¿Has visto qué mojadita estoy? ―Y se metió el dedo unas cuantas veces para que yo escuchara cómo chapoteaba.
Hice el amago de bajar la mano y acariciarla, pero ella me la apartó y negó con la cabeza.
A mí me daba apuro la situación, porque Sofía podía llegar en cualquier momento, pero también estaba excitado viendo a mi mejor amiga masturbarse delante de mí.
Y echó la cabeza más hacia atrás, apoyándola en mi hombro.
―Sigue hablando, mááááás, dime qué más te gustó…
―Cuando se corrió en tu cara me puso mucho, y después, mientras os frotabais los coños, joder, no me la podía ni tocar…
―Aaaaaah, aaaaaah, aaaaah…
―¿Ya te vas a correr?
―Podría hacerlo, pero quiero aguantar un poquito más, sigueeee hablando…
―Está muy buena la italiana, menudo cuerpazo tiene, y ese coño debe saber delicioso, ¿verdad?
―Aaaaah, sí, es muy dulce y delicado, ¡me encanta su sabor!
―¿Sabes cuándo se me escapó todo?
―¡Dímelo!
―Cuando le soltaste el salivazo entre las dos tetas, ¡uffff, con eso me corrí enterito!, mmmmmm, ¡qué hija de puta pervertida eres!, ¡¡le escupiste a una de las mayores top models del mundo!!
―Aaaaaah, aaaaaah, aaaaaah, ¡lo tengo a puntito!
Y aproveché para bajar las dos manos y acariciar sus pechos por encima de la camiseta.
Me encantó volver a tener sus inmensas tetas entre las manos después de tantos años.
Elvira seguía con la cabeza apoyada en mi hombro y no dejaba de meterse el dedo y menear las caderas en círculos.
Ya ni tan siquiera podía cerrar la boca y me llegaba con nitidez el sonido de la humedad que brotaba entre sus piernas.
―Aaaaaah, aaaaaah… ―Y ella misma tiró de la camiseta hacia arriba para que pusiera directamente las manos en su caliente piel―. Así, tócamelas, tócamelas, apriétalas, mmmmm, ¡¡aaaaah, aaaah!!
―Mmmmmm, ¡cuánto tiempo!, ¡me encanta las tetas de zorra que tienes!
―Aaaaaah, aaaaaah, aaaaah, ¿te gustan mis tetas de zorra?
―Claro que me gustan, ¿a quién no?
―Sofía también las tiene enormes…
―Sí, pero son distintas…
―¡Descríbemelas!
―¿Quieres que te cuente cómo tiene las tetas mi novia?
―Síííí…
―¿Eso te pone cachonda?
―Sí, mucho, me ponen muy cachonda las tetas de golfa de tu mujer… Yo las tendré de zorra, pero las suyas son de golfa, son enormes y le rebosan por todas partes…
―Las tuyas son más redonditas, tipo Sydney Sweeney. Y las de Sofía, eh…, son más pesadas, tiene las areolas más grandes y oscuras. ¡Me encantan las dos, cada una en su estilo!
―Y si tuvieras que elegir unas, ¿cuál te gustan más?
―Eso es como elegir entre papá y mamá…, no podría…
―Aaaaah, aaaaaah, aaaaaah…, ¡voy a correrme ya!
―¿Pensando en las tetas de mi novia?
―Aaaaaah, aaaaaah, ¿te gustaría?
―Sí, ¿alguna vez te has pajeado pensando en Sofía?, dime la verdad… ―pregunté sin dejar de sobar sus pechos con las dos manos.
―¡Unas cuantas veces!, no sé por qué, tú novia siempre me ha dado mucho morbo, es de esas tías que dan morbo, aaaaaah, aaaaah…
―Lo sé…
―¿Te excita saber que alguna vez me he corrido pensando en tu futura mujer?
―Sí, me pone mucho…, estoy empalmadísimo…
―¡Apriétame los pezones!, ¡hazme un poquito de daño!, AAAAAH, AAAAAH, AAAAH, asíííí, cabrón…
Agarré los dos piercings, que sobresalían, y tiré de ellos, estirando sus pechos todo lo que pude.
A Elvira se le escapó un gritito de dolor, pero yo creo que todavía se puso más caliente.
La situación era muy excitante y los gemidos de Elvira eran más bien contenidos, por lo que yo podía estar alerta por si escuchaba el ascensor desde la habitación, no fuera que nos pillara Sofía.