20
Sobre las cinco de la tarde, quedé con Elvira en mi nuevo piso. Le había dicho que tenía que pintar una habitación de azul clarito y ella se ofreció a ayudarme. Puntual, llegó con un short vaquero viejo y una sudadera gris ancha.
Lo primero que me llamó la atención fue que Elvira había perdido por lo menos cinco kilos en las últimas semanas, no estaba tan delgada como en la universidad, pero se notaba que no pasaba por su mejor momento.
A pesar de eso, el mini pantalón vaquero era tan corto que asomaba por debajo parte de sus glúteos y, aunque estuviera más flaca, todavía seguía luciendo unas poderosas tetas bajo la sudadera.
Comenzamos a encintar la habitación y, para sorpresa mía, Elvira era toda una manitas. Por lo que me contó, ya había pintado unas cuantas veces y se le daba bastante bien lo de cubrir cada esquina y el suelo. Era una todoterreno, y en una hora ya lo teníamos preparado para empezar a pintar.
―¿Sofía no va a venir? ―me preguntó de cuclillas removiendo la pintura con un palito.
―No le gustan mucho estas cosas, prefiere que las haga yo, se pasará luego a ver qué tal ha quedado y a dar el visto bueno, por supuesto…
―El otro día en la cena, no sé…, parecía molesta conmigo. ¿Está enfadada por algo?
―Eh, no, que yo sepa, bueno, como estamos quedando mucho últimamente, quizás esté un poco celosa por eso, pero ya le comenté que pensaba seguir viéndote y que, si se molestaba, era cosa suya.
―O sea, que ya lo habéis hablado, no quiero causarte problemas, Adrián, lo siento.
―Demasiado tarde ―dije estirando la mano para ayudar a que se levantara―. Y no me causas ningún problema, ya sabes que puedes contar conmigo para lo que necesites ―Y nos dimos un abrazo que se alargó más de la cuenta.
―Muchas gracias ―interrumpió el silencio, secándose una lágrima y volviendo a reanudar su tarea con la pintura―. Por cierto, Laura tampoco parecía muy contenta.
―¿Ah, sí?, ¿se notaba?
―Bueno, yo porque sé lo que pasó entre vosotros, pero… es verdad que hay un poquito de tensión entre vosotros...
―Sí…, aunque yo pensé que no era tan evidente. El otro día quise hablar con ella, pero Laura prefiere olvidarlo, como si no hubiera sucedido.
―Normal.
―Espero que no me juzgues por eso…
―¿Yo?
―Me importa mucho tu opinión y lo que pienses, eres de las pocas personas de las que puedo decir eso.
―Ya sabes que a mí no me gusta meterme en la vida de los demás, y bueno, yo tampoco soy la más indicada para juzgarte, ¿o te recuerdo lo que pasó en la playa el día de la despedida de soltero de Sergio?
―Fue un calentón tonto y tú… solo tenías ganas de tocar una polla; tampoco iba a hacerte el feo, ja, ja, ja…
―Ja, ja, ja…, ¡qué cabrón!, por cierto, ya sabrás que estamos organizando tu despedida de soltero. A la de de Sofía no voy a poder ir, no me apetece mucho con esto de mi madre y tal, pero sí me gustaría salir un día con Sergio, Pablo y contigo para celebrarlo como se merece.
―Claro, eso está hecho, pero solo si me prometes que vamos a terminar otra vez en la playa tú y yo solos.
―Prometido.
―Mmmmm…
―Esto ya está listo, ¿empezamos a pintar? ―dijo rápido Elvira cambiando de tema.
―Sí, claro, venga, tú esta pared y yo esta de aquí… Y bueno, ¿tú qué tal con Fiorella?
―Bufff, eso sí que es complicado de explicar, tanto que ni yo misma sé cómo estamos…
―¿No seguís juntas?
―Ahora mismo no. Tuvimos una bronca muy fuerte y rompimos, nos suele pasar antes de que ella se vaya una temporada larga a trabajar.
Más o menos llevábamos un mes sin hablarnos antes de que me enterara de lo de mi madre y consideré que al menos debía saberlo.
Cuando se lo conté, ella quiso venir a verme, pero tenía mucho trabajo, creo que estaba en Bali haciendo un reportaje para una marca de biquinis.
Y además, ella tiene su segunda residencia en Nueva York, se compró allí una casa y le está haciendo reformas, vamos, que al final le dije que ni se molestara en venir… y, aunque ella insistió, yo no la dejé…
―No sabía que ella vivía en EE. UU.
―Ese ha sido también el mayor motivo por el que discutimos, al final la distancia es muy jodida para tener una relación.
A ver, que luego a cada una le gusta tener su espacio, pero ya sabes lo que pasa cuando estás tiempo sin ver a tu pareja.
Yo sé que ella ha tenido sus rollos, lo mismo que yo, aunque a mí tampoco es algo que me importe. Es complicado.
―Pues sí, suena difícil, queréis estar juntas, pero no…, sois como el perro del hortelano…
―Cuando nos vemos, pues muy bien, pero luego es como que Fiorella es más independiente y no siente la necesidad de estar tanto tiempo conmigo, y eso me jode mucho.
Al final me tengo que estar yo molestando, bueno, que tampoco es molestia…
, pero soy yo la que tiene que poner de su parte y viajar muchas veces para poder vernos.
―La verdad es que hacéis muy buena pareja. En vacaciones se os veía muy bien. Tenéis mucha química. ¡Sois tremendas cuando os juntáis!, y desde luego que no pasáis desapercibidas.
―Hablando de eso, perdona por lo de Ibiza, quizás me pasé un poco…
―Un poco sí, pero reconozco que fueron la hostia esas vacaciones, ¡joder, me teníais encendido todo el día!, y no solo a mí, Sofía también estuvo cachonda toda la semana.
―¿Ah, sí?
―Sí, y eso que no es lesbiana…
―Ja, ja, ja…
―Pero con esos cuerpazos que tenéis… Y ya lo de la última noche, ¡uf, fue espectacular!
―Me alegro que te gustara
―Me encantó… Ya te supondrás que me corrí allí escondido mientras os veía follar.
―Lo suponía ―dijo Elvira como si nada, dejando la brocha dentro del bote de pintura.
Comenzaba a hacer calor en la habitación y, en cuanto se puso a pintar, ya no pudo resistir más y se quitó la sudadera. ¡La muy zorra llevaba debajo una camiseta blanca de tirantes sin sujetador y se le marcaban con claridad los piercings de los pezones!
¡Eso me ponía cerdísimo!
Desde mi lado, me quedé observando cómo cogía de nuevo el rodillo y le daba con brío a su pared.
La estaba dejando perfecta y ya llevaba más de la mitad, cuando yo apenas había pintado solo un cuarto; pero no podía dejar de mirar esas tetas bamboleándose mientras ella subía y bajaba repasando cada detalle.
―Deja de mirarme, bobo… ―me pidió sin tan siquiera girarse hacia mí.
¡Qué bien me conocía!
Me supuse que no le haría mucha gracia a mi chica si aparecía en ese momento y se encontraba a Elvira de esa manera, enseñándome parte de sus glúteos y transparentando las tetazas con esa camiseta de tirantes finos.
Se había recogido su media melena en una especie de coletita y se movía con una agilidad sorprendente.
Y yo seguía absorto, contemplando sus fibradas piernas y ese vaivén continuo de sus pechos, que me estaban empezando a poner cachondo.
―Pues ya casi he terminado ―anunció Elvira. Y al darse la vuelta se encontró con que yo apenas había llegado a la mitad―. ¿Pero todavía estás así?, a este ritmo, si no llego a venir, te tiras toda la tarde para pintar una habitación…
―No tengo prisa, ya sabes que me gusta tomarme las cosas con calma, es que me has desconcentrado cuando te has quitado la sudadera.
―Eso va a ser… Espera anda, que te ayudo ―Y Elvira se puso a mi lado para terminar el trozo que faltaba.
Luego pintamos las otras dos ya sin separarnos; yo mirándola descaradamente; y ella dejándose observar. Le encantaba sentirse deseada por mí, y eso era algo que se podía notar con claridad. Yo también la conocía muy bien. Y ya terminando, escuchamos unos ruidos en la casa de al lado.
―Ese debe de ser Sergio…
―¿Ah, sí?
―Sí, esta habitación y la nuestra están pegadas a su casa. Las paredes son finas como el papel de fumar.
―¿Sabe que venía?
―No le comenté nada, seguramente se estará preparando para bajar a la piscina. Como está haciendo mucho calor estos días, han adelantado su apertura…
―¿Y dices que vuestra habitación también está pegada a la suya?
―Síííí…
―Ejem…, ejem…
―Ya sé por dónde vas, y sí, también eso que estás pensando, ¡se escucha todo! ¡Todo!
―¡Madre mía!, ¿en serio?
―Y tan en serio.
―¿Y les habéis oído alguna vez?
―Sí, unas cuantas, se nota que están recién casados, tengo que decirte que follan bastante a menudo.
―Menos mal que de momento vives tú solo…
―¿Por?
―No sé, lo digo por Sofía, debe ser extraño que tu hermano esté en la habitación de al lado dale que te pego con su mujer y ella escuchándolo desde aquí…
―A mí me da mucho morbo.
―Tú porque eres un salido, ja, ja, ja…
―El otro día…, eh, bueno…, no sé si debería contarte esto…
―Sí, porfi ―me pidió Elvira dejando el rodillo y mirándome atentamente―. Vamos a esperar a que se seque y luego le damos un repasillo… Venga, soy toda oídos, cuéntame algo morboso…
―Eh, me da un poco de corte.
―¿Ahora te da corte?, después de todo lo que hemos pasado, ja, ja, ja…
―Bueno, pues eso, que follamos mientras ellos lo hacían, a su mismo ritmo.
―Mmmmm…
―Y yo le decía cosas a Sofía también.
―¿Qué tipo de cosas?
―Pues, por ejemplo, le decía que su hermano se estaba follando muy duro a Laura, que seguro que se la había metido a pelo y que después se iba a correr dentro.
―¡Joder, eso es demasiado morboso!, ¿y Sofía qué te decía?
―Aunque no lo quería reconocer, la verdad es que se puso bien cachonda, comenzó a mover el culo al mismo ritmo al que follaban ellos en la habitación de al lado.
―Ufff…
―Y nos corrimos los cuatro, prácticamente a la vez; yo le decía a Sofía: «Vamos, dile a tu hermano que acelere y que se corra».
―¡Qué marrano eres!, ¿y conseguiste que dijera eso?
―No del todo, pero poco le faltó… ¡estaba encendidísima!, y no es la primera vez que lo hacemos… Luego se enfada conmigo, pero cuando está caliente le pone mucho que le hable de ellos. Y su hermano y Laura también se pegan unas buenas folladas… ¡no se cortan porque estemos al lado!
―Mmmmmm…, me está gustando demasiado esta historia… ¿No me vas a ofrecer ni una puta cerveza?
―Sí, sí, claro, perdona…
Y de repente sonó el timbre. Elvira se me quedó mirando extrañada y yo afirmé con la cabeza.
―Es Sergio, seguro que viene a buscarme…