El inquilino universitario 2. El reencuentro 19
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Las noticias sobre la madre de Elvira no eran nada buenas.

Enseguida detectaron que tenía metástasis y le dieron un año de esperanza de vida.

Como mucho. Ni tan siquiera la podían operar.

Sorprendentemente, mi amiga se lo tomó mejor de lo que pensaba, como si ya se lo esperara, y aceptó la situación con una entereza admirable.

A pesar de todo, yo estuve ahí, acompañándola, apoyándola en todo momento, quedando tres o cuatro veces a la semana porque sabía que esos ratos conmigo le venían muy bien para desconectar de la situación tan dramática que tenía en casa.

El sábado por la noche teníamos cena de parejitas en casa de Sergio y Laura, y yo invité a Elvira por mi cuenta, sin consultarles.

Mi amiga aceptó y me sorprendí al comprobar que no le sentó nada bien a mi novia cuando se enteró de que ella también iba a asistir a la cena en casa de su hermano.

Me recriminó que en las últimas semanas había pasado más tiempo con Elvira que con ella y tuvimos una pequeña discusión, que no me gustó.

Aun así, no cedí y le dije que me daba igual si le molestaba, porque pensaba seguir quedando con Elvira todas las veces que me necesitara.

La cena a cinco fue un poco fría. Entre que Sofía seguía molesta y celosa con Elvira, que teníamos que guardar las formas por lo que estaba sufriendo y que Laura no acababa de estar todo lo a gusto que debiera conmigo, aunque fuéramos mejorando en ese aspecto, más que una cena entre amigos, aquello fue un velatorio.

Y Elvira, que no era tonta, se dio cuenta de lo que pasaba.

En cuanto comimos el postre, dijo que estaba muy cansada, nos dio las gracias y se despidió de nosotros, que tampoco tardamos mucho en irnos.

Ya una vez en casa, al ver lo que había pasado con Elvira, Sofía se sintió avergonzada por su comportamiento y se disculpó conmigo.

Por supuesto que acepté su perdón y nos metimos en la cama abrazados, sin muchas ganas de nada después de una velada tan triste; pero cuando estábamos en silencio, comenzamos a escuchar unos tímidos gemidos en la habitación de al lado.

―No puede ser, ¿otra vez?… ―dijo Sofía, que estaba a mi espalda.

―Pues yo creo que sí, je, je, je…

―¡Qué pesados!, están a todas horas, con eso de que quieren tener un hijo…

―Me parece normal, ¿no?, nosotros también follamos muy a menudo, mmmmm, ¡escucha cómo gime Laurita!

―¡Idiota!

―¿No te pone cachonda?

―No, aunque a ti ya veo que sí ―Y bajó la mano para comprobar que ya la tenía dura.

Tan solo había necesitado unos gemidos de Laura para empalmarme y Sofía tiró del elástico de mis calzones hasta sacarme la polla.

―No te acostumbres a esto ―susurró comenzando a meneármela mientras besuqueaba mi cuello.

―Mmmmm, tu hermanito ya se la ha metido, ¿escuchas el vaivén de la cama?

―Cállate…

―Hazlo despacio, por favor, sigue el ritmo al que están follando ellos.

―¿En serio?

―Sí, uf…, ¡qué morbo me da!

―¿Así le parece bien al señorito?

―Sííí, me encanta…, tranquilo, Sergio, no corras…, muy bien, a ese ritmo…

―¿Te quieres callar?

―¿Por qué?, ¿no me digas que a ti no te gusta?

―Pues no…

―Ya, por eso estás tan mojadita ―dije estirando el brazo y acaricié su coño por dentro del pijama.

―Es mi hermano, ¿cómo me va a poner eso?

―Espera…

―¿Qué haces? ―me preguntó al ver que me daba la vuelta.

―Ssssh, déjame ―le pedí tirando de su pantalón y desnudándola de cintura para abajo―. ¡Gírate!

―¿Qué…?

―Que te vuelvas, joder, te la quiero meter…

―Pero.

―Vamos, hazlo…

Y Sofía cambió de postura, dándome la espalda y ofreciéndome su culo en la posición de cuchara. Con un solo golpe de cadera se la metí hasta los huevos y me agarré a su cintura.

―¿Quieres que te folle también al mismo ritmo?

―Olvídate de ellos, por favor, aaaah, aaaah…

―Así, a esta velocidad es perfecto…

―Mmmmmm…

―Tranquilo, Sergio, no corras, fóllatela despacito…, no tenemos prisa.

―Aaaaah, aaaah, aaaaah…

―¿Así te gusta?

―Síííí…

―Pues te estoy follando a la misma velocidad que tu hermano…

―Para, por favor…

―¿Es que no te los imaginas?

―Adrián, aaaaah, por favor, aaaah…

―Estarán desnudos en la cama y, si están buscando quedarse embarazados, se la estará metiendo a pelo…, como yo.

―Aaaaah, aaaaah, paraaaaaa…

―Eso es, ahora un poco más rápido, Sergio, pero todavía no te aceleres del todo…

―Aaaah, aaaah, aaaah, aaaah…

Pasé una mano hacia delante y le metí un dedo en la boca para que me lo chupara.

Me encantaba cómo lo hacía Sofía cuando estaba tan cachonda, sacando la lengua y lamiéndolo de una manera tan vulgar.

Y yo seguí provocándola, diciendo toda clase de cerdadas que se me ocurrían sobre su hermano y Laura.

―Mmmmm, muy bien, clávasela hasta el fondo, cabrón, Diossss, eso es, métesela hasta los huevos… ―Y de un golpe de cadera se la incrusté todo lo que pude, pegando mi cuerpo a su culo.

―¡¡Aaaaaah, joder!! ―exclamó Sofía pasando una mano hacia atrás para ponerla sobre mis glúteos y empujarme contra ella.

Sacó la lengua, la introdujo entre mis dos dedos y los lamió como si fuera un coño.

Sofía se había encendido a lo bestia en un par de minutos y ahora estaba cachondísima; y mientras tanto, los gemidos en la habitación contigua iban a más.

Yo seguía acompasando mis movimientos con el crujir de la cama y todavía me puse más cerdo cuando mi novia comenzó a menear sus caderas al ritmo al que follaban su hermano y Laura.

¡Era increíble, nos habíamos acompasado los cuatro!

―Muévete, zorra, muévete, no pares, sssssh, no corras, escucha cómo lo hacen ellos, muévete a su misma velocidad, mmmmm, eso es…

Aunque los gemidos se escuchaban más altos, la velocidad a la que follaban no aumentaba el ritmo y Sofía se contenía las ganas de que me la follara más duro, sin dejar de lamer mis dedos.

―¿Quieres que te folle más rápido?

―Sí, dame más, más fuerte, dame más, aaaaaah…

―Pues dile a tu hermano que acelere, joderrrr…

―¡Cállate y fóllame más rápido!

―A mí no me lo digas, díselo a Sergio, él es el que está marcando el ritmo... de los cuatro, mmmm...

―Mmmmm, cállate y fóllame, joderrrrr…, aaaah, aaaah, aaaah…

―Seguro que se la ha clavado hasta los putos huevos, mira cómo gime Laura, mmmmm, y encima a pelo. Tu hermanito se va a correr dentro y la va a dejar bien preñada.

―Aaaaah, aaaaah, aaaah…

―Sssssh, no corras, no corras, Sofi, sigue a su ritmo, muévete, eso es, eso es, sigue a su ritmo, mmmm, qué bueno…

Me daba mucho morbo acompasar nuestros movimientos con los de la habitación de al lado. El vaivén de la cama era lo suficientemente indicativo para saber que ya estaban subiendo de intensidad, lo que agradeció Sofía sacando el culo más hacia fuera.

―Eso es, así, mmmmm, así me gusta… ―suspiró mi novia.

―Agradéceselo a tu hermano, que se la está follando ahora mucho más duro...

―Aaaaah, joderrrrr, aaaaah, aaaaah…

―Creo que se va a correr dentro en unos segundos, ¿te gustaría que se la follara más fuerte?

―Ooooh, sííííí, quiero máááás, sííííí, aaaaah, aaaaah…, dame más fuerte…

―¡¡Díselo a tu hermano, aaaaah!! ―exclamé embistiéndola con potencia desde atrás.

―Aaaaah, aaaaah, dale más fuerte, dale más fuerte, aaaaaah…

―Eso es, díselo a tu hermanito, zorra, sigueeee…

―Más fuerte, aaaaah, aaaaah, dale, dale, cabrón…, ¡fóllatela!

―Ahora sí, joder, ahora sí, ¡la está reventando!

―Aaaaah, aaaaah, dale, dale, aaaaaah, no pares, aaaaah…

―Se va a correr dentro, ¿quieres que yo también lo haga a la vez que él?

―Aaaaah, sí, quiero que te corras, mmmmmm.

―Tendrá la polla hinchada y húmeda, a puntito de explotar, mmmmmm…, se va a correr en su coño y le va a dejar la lechecita bien caliente dentro…

―Aaaaaah, aaaah, aaaaah, no puedo más, no puedo mááás…

―¿Te vas a correr a la vez que ellos?

―Sííííí, síííííí, vamos, fóllame, no te pares…, aaaaah, aaaaah…, sigueeee… ―Y me agarró los dos dedos que tenía en su boca, juntándolos, metiéndoselos dentro y chupándolos como si fuera una polla.

―¡Dile que se corra!

―¡Córrete, córrete!

―No, a mí no, di su nombre, jodeeer, dile a tu hermano que se corra.

―Deja de decir eso, estoy a punto, aaaah, aaaah, aaaah…

―Y ellos también, dilo y déjate llevar, sé que estás esperando a que terminen…, lo tienes ahí, retenido, ¿verdad?

―Aaaaaah, aaaah, no puedo más, aaaah, aaaaah…

―¡Menuda follada le está pegando ahora, joder, cómo chilla Laura!

―Aaaaah, aaaaah, aaaaah…

Y de repente se le escapó un gruñido a Sergio, señal inequívoca de que estaba llegando al orgasmo. Aquello me hizo explotar casi de inmediato y mucho más a Sofía, que se dejó llevar con mis dos dedos en su boca y mi polla clavada hasta el fondo de su coño.

―AAAAAH, CÓRRETE, AAAAAH, CÓRRETE, AAAAAH, AAAAH, AAAAH, CÓRRETE, CÓRRETE ―gritó a lo bestia Sofía, alcanzando el clímax, y yo no supe si se lo decía a su hermano o a mí, pero me dio igual, fue tan morboso que también descargué en su interior sin dejar de llevar el ritmo al que follaban en la habitación de al lado.

Cuando terminó, me mordió los dedos y los escupió de su boca. Me empujó hacia atrás con el codo y se quedó recostada sin tan siquiera girarse.

―¡Eres un capullo! ―me recriminó mientras se subía los pantalones de pijama.

―¿Es que no te ha gustado?, si ha sido la leche, no nos habíamos corrido así en la puta vida.

―Te he dicho que te callaras, casi me cortas el rollo, imbécil.

―Tranquila, Sofía…, no te enfades, ya te lo dije la otra vez, vamos a tener que acostumbrarnos, porque esto va a ser así siempre.

―Pues lo mismo tenemos que cambiar de habitación, no voy a estar así to…

―¡No digas tonterías!, esta es la habitación de matrimonio de la casa, la que tiene el baño.

―Sería algo provisional, de momento no vamos a tener hijos y podemos dormir en cualquier lado; y ellos bajaran mucho la frecuencia con el paso de los años.

―Sabes que siempre te doy la razón, pero en este asunto no. Lo siento, Sofía, pero no vamos a cambiar la cama a otro sitio solo porque te moleste escuchar cómo follan tu hermano y Laura.

―Pues no vuelvas a hacer esto, ya te lo dije la otra vez y no me has hecho caso…

―¿Por qué?, si te ha encantado…

―Porque no está bien, y ya está.

―¿Y si fuera otra pareja la que estuviera en la habitación de al lado?

―Bueno, eso sería distinto…

―Porque te excita escucharlo, ¿verdad?, ¡reconócelo!, a mí no me molesta…, y no seas cabezota, mira, si se pusieran a follar ahora otra vez, seguro que me dejarías bajarte los pantalones y yo también te volvería a follar…, pocas veces te he visto correrte así…

―Esto no está bien, Adrián, joder, déjalo, por favor.

―Es solo un juego, ¿vale?, un juego entre nosotros, no te voy a juzgar porque te corras pensando en la polla de tu hermano.

―¿Pero qué dices?, yo no me he corrido pensando en su polla.

―Durante el orgasmo le has dicho que se corriera, lo he escuchado perfectamente, hasta se te ha escapado su nombre… ―mentí.

Me jugué un farol, pues no sabía si esos gritos, al llegar al clímax, iban por mí o por Sergio; por supuesto que no había dicho el nombre de su hermano, pero Sofía cayó en la trampa.

―¡No lo he dicho!

―¡Pues claro que sí, pero ni te has dado cuenta!, estabas en otro mundo… Que sepas que no me ha molestado, más bien al contrario, has hecho que yo también me corra, ¡ha sido la hostia!

―¿En serio he... he dicho su nomb...? ―tartamudeó.

―Sí…

―Puffff, ¿y tú eso lo ves normal?, ¡joder, qué vergüenza!

―Es un juego, una fantasía, ufffff, me encanta que seas tan morbosa.

―Pues a mí no me gusta, así que te pido por favor que no lo hagas más… ¡Eso no es natural!, se nota que tú no tienes hermanos, por eso no lo entiendes.

―Eso será, pero es que… hasta me puse cachondo el día que os vi bailando juntos.

―¡Estás fatal!

―Fue muy sexy, la verdad…

―Vale, ya, Adrián, te lo digo en serio. No vamos a volver a hablar de este tema. ¡Asunto zanjado!

Aunque Sofía no quisiera reconocerlo, yo tampoco quise insistir. Solo tenía que esperar a la siguiente vez que Sergio y Laura se pusieran a follar para volver a recurrir a esa fantasía tan incestuosa.

Tal y como se había corrido Sofía, no tenía ninguna duda de que ella me seguiría el juego de nuevo cuando eso sucediera...