El inquilino universitario 2. El reencuentro 18 #2
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Apoyó los dos codos en el bordillo y dejó caer la cabeza hacia atrás.

Todavía estaba caliente después del fallido polvo con su marido.

Fernando era un buenazo y, como tal, se comportaba en la cama, pero, cuando ella estaba así de excitada, le faltaba que él actuara de otra manera.

Le hubiera gustado que fuera más rudo, que se le pusiera dura y la embistiera con fuerza tirando de su pelo.

Incluso que le azotara el culo y la insultara mientras se la follaba con las manos en su cintura.

Pero Fernando nunca se iba a comportar de esa forma. Él la veneraba como a una diosa y trataba a Mónica con el máximo cariño y respeto. Y en ese momento se le vino a la cabeza Adrián.

Más bien, no había podido dejar de pensar en él.

En el hotel, se había asustado mucho cuando él se acercó y puso las manos sobre sus hombros.

Se había dado cuenta de la imponente erección que lucía el joven y el corazón se le aceleró al ver como avanzaba con paso firme hacia ella.

Y es que lo de las fotos le había descolocado del todo.

Desde luego que no se esperaba que Adrián le enseñara esas instantáneas de cuando salía de fiesta con los jóvenes universitarios y ella les acompañaba en las cenas que hacían en la bodega de su chalet.

Y luego estaban las fotos del día en el que se acostaron por primera vez.

Ella se había puesto ese vestido tan corto para provocarle, para jugar con él; le gustaba sentirse deseada por esos jovencitos y sobre todo por su inquilino, pero, al final, la situación se le fue de las manos y terminó la noche metida en la piscina con Adrián.

No debería haberlo hecho, y de nuevo recordó lo que sintió cuando traspasó la barrera y se dio ese baño nocturno con el chico.

Cerró los ojos y se mordió los labios. Se le escapó un gemido sin tan siquiera tocarse y otra vez retrocedió a esa noche.

El forcejeo bajo el agua y el calor al sentir la polla del universitario de diecinueve años rozándose contra su coño fue indescriptible.

Antes ya se había puesto cachondísima bailando con él y dejando que Adrián le sobara el culazo a dos manos en medio del bar.

Cualquier vecino podría haberles visto, pero aquella noche, con unas copas encima y el estado de euforia en el que se encontraba, le dio igual bailar como una zorra con Adrián en medio del bar.

Esa sensación de restregarle el culo por la polla y sentir la dureza del chico entre sus dos glúteos le encantó.

¡Menuda polla tenía y qué dura estaba!

Se derritió al instante cuando Adrián le propuso darse un baño al llegar a casa.

Intentó hacerse la digna, y de primeras le dijo que no, pero se moría de ganas por hacerlo y notó cómo se le mojaban las braguitas mientras se negaba a la propuesta del jovencito.

Al final aceptó, tampoco le costó mucho a Adrián convencerla, y salieron del bar cogidos de la mano.

Ya no se soltaron hasta llegar al chalet y caminaron agarrados de la cintura, como si fueran novios, protegidos por la oscuridad de la noche.

Mónica se sintió como una fulana, notando la mano del chico peligrosamente cerca de su culo y yendo de esa manera por la calle, donde cualquiera podría haberles visto.

Se le escapó otro gemido recordando esa noche y se apretó los pechos.

Su cabeza voló hasta el momento en el que ella cedió y dejó que Adrián le comiera la boca en la piscina.

¡Se sentía tan rica esa polla en su coño!

, mmmmm…, al final subió las piernas y rodeó con ellas la espalda del chico para notarla bien y dejó que se restregara contra su cuerpo.

Tuvo un momento de pánico cuando Adrián desabrochó uno de los nudos de la braguita del biquini, pues eso ya era la última resistencia antes de dejarse follar, y se escapó como pudo, nadando hasta el otro lado.

Podía haber salido de la piscina y subir a la habitación, con lo que nada de todo aquello hubiera sucedido, pero sus piernas no respondían.

Y al girarse se encontró a Adrián, que avanzaba decidido hacia ella.

El muy cabrón se quitó el bañador y todavía tembló más al verlo flotando en el agua, eso significaba que el universitario de diecinueve años se encontraba completamente desnudo y con la polla dura.

Intentó anudarse el biquini, pero estaba tan nerviosa y le temblaban tanto las piernas que no tuvo tiempo; y, cuando se quiso dar cuenta, Adrián ya estaba encima de ella.

Bajó la mano y se acarició rememorando el preciso momento en el que Adrián situó su palpitante polla sobre su coño.

Ya no podía resistirse más. Mónica salió del agua y se puso a cuatro patas sobre una de las hamacas.

Si Fernando hubiera bajado, se la habría encontrado con el culo bien abierto y frotándose el coño como una guarra.

Cerró los ojos y se metió dos dedos, fantaseando con que la polla de Adrián entraba por primera vez bajo el agua.

Jamás había sentido nada parecido y perdió los papeles cuando el chico comenzó a bombear, follándosela duro en su piscina de agua caliente.

Adrián la avisó, pero ella no quería que aquello se terminara nunca y le ordenó que siguiera, sin importarle que se corriera dentro.

Su cuerpo tembló y no tardó nada en llegar al orgasmo mientras se masturbaba desnuda y a cuatro patas en la hamaca de su piscina.

Habían pasado diez años, pero lo recordó como si acabara de suceder.

Un tremendo clímax la atravesó desde los pies a la cabeza y descargó toda la tensión acumulada a lo largo del día.

Se quedó unos segundos más en esa postura tan obscena, acariciándose despacito aunque acabara de correrse. Tenía el coñito muy sensible y se pasó la yema del dedo por el clítoris con mucha suavidad, disfrutando de esa maravillosa sensación.

Solo tenía que hacer un último esfuerzo y ser fuerte, quedar de nuevo con Adrián y convencerle de que lo mejor para todas las partes era que se olvidara de Iker; solo así podría tener un futuro tranquilo junto a su familia.

Pero su cuerpo seguía temblando, con ganas de más, hacía demasiados años que no encadenaba dos orgasmos consecutivos, y necesitaba correrse de nuevo.

Estiró el dedo corazón, buscó su estrecho ano, que seguía abierto en esa postura tan erótica, y con un poco de presión logró penetrarse.

Le daba vergüenza comportarse así a sus 53 años, perdiendo las formas, a cuatro patas y metiéndose un dedo por el culo. Y en apenas un par de minutos le vino otro orgasmo, todavía más intenso que el anterior.

Se dio la vuelta y se quedó tumbada bocarriba en la hamaca, estaba algo más relajada, aunque sus muslos seguían temblando. Negó con la cabeza dudando qué hacer con Adrián. Solo tenía que quedar una última vez con él, y después sacarle de su vida y olvidarle para siempre.

Solo tenía que resistirse una última vez...