El inquilino universitario 2. El reencuentro 16 #2
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Después llegó el momento de recoger y fregar todo, y de eso nos encargamos Mónica y yo, mientras Fernando se tomaba un descafeinado en el jardín.

Cuando terminó, apareció por la cocina, llevó la tacita para que la limpiáramos y nos dijo que se iba a echar un rato la siesta en el sofá.

Siempre lo hacía, pues le gustaba viajar descansado por la tarde.

Y en cuanto nos dejó solos, Mónica negó con la cabeza, suplicándome con la mirada, sabiendo mis intenciones.

Me porté bien con ella y no hice ni dije nada hasta que terminamos de recoger. Dejé el trapo de cocina en una silla y, con las mangas de la sudadera arremangadas, le dije a Mónica que fuera a echar un vistazo al salón, que yo la esperaba allí.

―No vamos a hacer nada, y menos en la cocina ―susurró acercándose a mí.

―Vete a ver si se ha dormido…

Y con la polla ya bien dura me quedé esperando a que Mónica regresara. Cinco minutos después, me sorprendió que todavía no lo hubiera hecho, y en calcetines, para no hacer ruido, me acerqué despacio al salón.

Mónica estaba sentada en un pequeño sofá, y al lado, en el grande de tres plazas, su marido dormía plácidamente la siesta con la tele encendida a un volumen muy bajito.

Al verme, negó con la cabeza y yo entendí que Fernando todavía estaba despierto.

Le hice un gesto con la mano para que se acercara, pero ella volvió a decir que no.

Regresé a la cocina y cogí el móvil. Ya llevaba un buen calentón encima y no se me ocurrió otra cosa que mandarle un whatsapp.

Adrián 15:34

Te estoy esperando, ¿no se ha dormido?

Mónica 15:34

Sí, pero no voy a ir

Adrián 15:34

La tengo dura y me la acabo de sacar

Mónica 15:35

Vale ya, espérate a la noche

Adrián 15:36

No puedo, ni tú tampoco. Quiero follarte ahora.

Miré el móvil ansioso, deseando que llegara su respuesta, pero Mónica dejó que pasaran otros tres minutos sin escribirme. Y cuando ya iba a desistir, la vi entrando con prisa en la cocina.

―No podemos seguir haciendo esto, Adrián…

―Lo sé ―dije bajándome el pantalón y sacándome la polla―. Antes te he dicho una pequeña mentirijilla, todavía no la tenía fuera…

Fui hacia ella y la apreté con fuerza el culo para pegarla contra mi cuerpo.

Me lancé ansioso a su boca y nos fundimos en un morreo agresivo en medio de la cocina.

Mónica se separó de mí y en una especie de jadeo me suplicó que lo dejara estar hasta la noche.

Entonces me besó el cuello y me agarró la polla.

―Tenemos que parar ―susurró comenzando a meneármela.

―¿Dónde quieres que te folle?

―Aaaaah, Adrián, Aaaah ―gimió cuando metí las dos manos por dentro de su chándal y las braguitas para sobarle el culo.

―Dime, dónde…

―Por favor…, aaaah, aaaah…

―Me tienes cerdísimo, ven aquí, zorra. ―Y la empujé contra la mesa de la cocina, tirando del pantalón de chándal hasta descubrir sus glúteos.

―¿Qué… qué haces? ―tartamudeó muy nerviosa.

―No te muevas ―la ordené mientras salía hasta la puerta de la cocina para comprobar que su marido seguía dormido―. ¡Voy a follarte aquí mismo!

―No, noooo, por favor, aaaaah, por favor, Adrián, aaaaah…

Pero ya era tarde, le había metido la polla entre las piernas y con cada golpecito que le daba en el coño la hacía gemir.

―Vamos arriba ―me pidió sin cambiar de posición, ofreciéndome su culo desnudo.

―No, voy a follarte aquí, me encanta que tu marido esté ahí dormido y esa adrenalina de que nos pueda pillar… todavía me pone más cachondo ―Y de un golpe de cadera, no se lo hice desear más y la penetré.

―Aaaaaah, aaaaaah…

Tampoco podíamos montar un escándalo y me la follé de manera suave, con movimientos amplios, sacando y metiendo toda la polla hasta los huevos, pero deteniendo el movimiento final, sin poder impactar mi pubis contra sus glúteos para no hacer ruido.

―Joder, Mónica, después quiero follarte en la piscina durante horas y que esta noche duermas en mi cama…

―Aaaah, aaaaah, Adrián…

―¿Te gusta la idea?

―Me vas a volver loca, aaaaah…, aaaah.

―¿Quieres que pare?

Y ella estiró el brazo hacia atrás, apretando sus dedos sobre mi culo, empujándome contra su cuerpo.

―Venga, termina…, aaaah, aaaah…

―Vale, pero con una condición.

―¿Qué quieres?

―Que después no te duches, y te vuelvas a subir las braguitas, quédate con mi corrida dentro hasta que se vaya tu marido por la tarde, ¿vale?

―Vamos, córrete…

―¿Te parece bien lo que te he dicho?

―Sí, aaaaah, síííííí, aaaaah, vale, aaaah…

―Está bien…

Aceleré los golpes de cadera, sin poder embestirla, sujetándola firme mientras ella me seguía clavando los dedos en el culo y, unos segundos después, eyaculé dentro, inclinándome en su espalda y girando su cuello para ver la cara de placer que ponía.

―Aaaaaah, aaaaah, me estoy corriendo, aaaaaah, qué rico, aaaaaah…, me estoy corriendo dentro de ti, Mónica…

Me separé deprisa y al sacar la polla varias gotas de semen comenzaron a desbordarse. Yo mismo le subí las braguitas y el pantalón de chándal.

―No puedes ducharte, eh…, quiero que lleves mi semen dentro toda la tarde… y ahora puedes volver con tu marido al salón y esperar a que se despierte de la siesta…

―Adrián…

―¿Qué…?

―Nada, da igual.

―No, dime, me encanta dejarte así de cachonda, ¿quieres que luego te folle en la piscina?

―Sí…

―¿Vas a pasar la noche conmigo en mi cama?

―Adrián ―murmuró todavía de espaldas a mí, con la cabeza agachada.

―Anda, vuelve con tu marido… Ya sé que ahora te apetecería subir a la habitación y hacerte un dedo hasta correrte, siento haber durado tan poco, pero me ha puesto muy cachondo follarte en la cocina…

con Fernando ahí al lado… Luego te lo recompensaré, te lo prometo, pero, eso sí, antes tienes que ponérmela dura con una buena mamada…

El jueves, a las siete, asistí puntual a la cita con Mónica.

Ella me estaba esperando dentro del coche.

Aparqué a su lado y entró directa desde su asiento de conductora hasta el mío de copiloto, con un simple «hola».

Después me dirigí a la puerta de acceso y ella me dio la tarjeta negra para que la pasara por el lector.

Todo de manera muy secreta y clandestina. En cuanto la tuve a mi lado ya me puse de los nervios. Era inevitable. Y es que simplemente, con su mera presencia ya me excitaba. En un par de minutos ya estábamos dentro del complejo hotelero otra vez.

Mónica y yo solos. Nuestra cuarta cita...