15 #4
―¡Dilo!, ¿Te ha excitado? ―Y con un golpe de cadera le entró hasta los huevos.
Ya tenía toda mi polla clavada en su culo, pero Sofía se resistía a darme el gusto y reconocer que le había vuelto loca escuchar a su hermano y su cuñada montárselo en la habitación de al lado.
―¡Fóllame! ―me pidió con la voz temblorosa. Y yo la embestí con un golpe seco, haciendo que pegara la cara a la pared.
―¡Dímelo, di que te ha puesto escucharlos!, y después te voy a dar por el culo sin parar hasta que te corras…
Volvió a girar la cabeza y nos morreamos otra vez unos segundos, sacando los dos la lengua. Sofía echó la mano hacia atrás y me acarició la mejilla, buscando mi boca, y cuando nos separamos ya no pudo más y suspiró.
―¡Sí, sí, aaaaah, síííííí, me ha excitado!
Aquellas palabras me pusieron a mil, ¡era increíble!
, mi novia me acababa de reconocer que se había puesto cachonda escuchando follar a su hermano mientras me la chupaba.
Sofía todavía era más morbosa de lo que me imaginaba y mi cabeza regresó a la pista de baile, cuando ellos bailaban esa bachata de manera tan sensual.
¿Se habría excitado Sergio bailando con Sofía?, desde luego que el vestido era toda una declaración de intenciones y era casi imposible no fijarse en cómo se bamboleaban las tetas de su hermana con cada movimiento que hacía.
Y, satisfecho por haberle hecho confesar a mi novia lo que quería, me puse erguido detrás de ella, con los dientes apretados, y sujeté con firmeza sus caderas. Se iba a enterar la muy zorra.
Lo único que tenía que hacer era follármela duro y asegurarme de que los que estaban al otro lado de la pared nos escucharan bien.
Y eso hice. Primero le solté un sonoro azote en sus carnosas nalgas, ¡PLAS!
, y Sofía gimoteó. Después una embestida, otra cachetada y le saqué la polla para dejarla apoyada entre sus glúteos.
Dejé caer un salivazo en la parte baja de su espalda y este fue resbalando hacia abajo, atravesó su ano y cayó en las sábanas. Me embadurné bien la polla con mi propia saliva y le rocé su sensible entrada trasera con mi glande.
―Aaaaah, ¿qué haces ahora?, ¿por qué la sacas?, ¡¡vamos, fóllame!! ―me suplicó Sofía tirando de un glúteo hacia fuera, enseñándome su ojete abierto.
Aproveché ese momento y se la volví a clavar de un solo golpe. Sin miramientos. Hasta el fondo.
―¡¡¡AAAAAHHH!!!
El gemido de Sofía fue atronador y a la tercera embestida cayó bocabajo en la cama. La agarré por el pelo, pegué su boca a la pared y luego me la follé a lo bestia, haciendo que nuestros cuerpos sonaran de manera escandalosa con cada sacudida que le pegaba.
Aquellos gritos de placer los estaban escuchando en todo el portal, no solo en la habitación de al lado, pero reconozco que me dio muchísimo morbo llevar a mi chica a ese nivel de excitación, en el que ya no se preocupara en absoluto de que su hermano y Laura estuviesen a tan solo dos metros, separados por una pared, fina como el papel de fumar.
Era casi como si estuvieran en nuestra habitación.
Me la follé duro, sin contemplaciones, embistiéndola lo más fuerte que pude, la tiré del pelo y azoté sus glúteos sin parar.
En tres minutos nos corrimos los dos a la vez.
Ella chillando como una loca, con la cara pegada a la pared y babeando de placer; y yo descargué dentro de su culo con unas últimas sacudidas todavía más salvajes.
Nos costó recuperar el aliento y nos quedamos un par de minutos más desnudos, yo tumbado sobre ella, besuqueando su hombro, y Sofía con la cabeza agachada, ocultando la cara entre su pelo, como si ahora le diera vergüenza lo que acabábamos de hacer.
―¡Ha sido una pasada, Sofi!, pocas veces te había visto así…
Ella se apartó sin decirme nada y se quedó recostada de medio lado, dándome la espalda.
―¿Estás bien?
―¡Déjame!, hoy te has pasado de la raya…
―Perdona, cariño, solo ha sido un juego para ponernos cachondos y ya está… Lo hemos disfrutado, ¿no?…
―No me ha gustado, te has puesto muy pesado con lo de mi hermano, que sea la última vez...
―Sí, puede que tengas razón, pero bueno, también tenemos que acostumbrarnos a esta situación, las habitaciones están pegadas…
, así que va a ser inevitable. Nosotros les vamos a oír a ellos y ellos a nosotros.
Es así. Por mí no hay ningún problema y es normal que nos excite escuchar a otras personas teniendo sexo.
Es instintivo. Y a ellos les pasará lo mismo.
Entendía que Sofía se pudiera sentir violenta con la situación.
Tampoco debía ser nada fácil para ella. Acababa de descubrir que le daba morbo saber que su hermano y Laura estaban follando en la habitación de al lado y también que le gustaba gemir bien alto para que ellos supieran que estaba destrozando su culo.
Solo debía darle tiempo y dejar que Sofía se acostumbrara. A mí me daba un morbazo tremendo hacer que gritara para que lo escucharan su hermano y Laura, y pensaba disfrutar de esa situación todo lo que pudiera.
Y esa noche no quise forzar más. Todavía teníamos muchísimos años por delante…