15 #3
Y justo su hermano aceleró la velocidad de las embestidas, haciendo gemir un poco más alto a Laura.
No es que fuera especialmente escandalosa, como mi chica, pero a mí me daban mucho morbo esos suspiros entrecortados y el intenso ritmo al que follaban.
Se escuchaba a la perfección el sonido de la cama crujir con los vaivenes, e incluso el golpeteo del cabecero contra nuestra pared.
¡Menuda follada le estaba pegando!
―Venga, sigue… ―le pedí a Sofía, a la que parecía que se le habían pasado las ganas.
―Eh, sí, claro ―Y me dio un beso en el capullo para volver a mirarme a los ojos.
―¿Te corta el rollo que estén ahí tu hermano y Laura dale que te pego…?
―Bastante, la verdad…
―Si lo piensas bien es muy morboso, mmmmm, que me comas la polla mientras ellos están ahí follando… ¡Vamos, chúpamela!
No dejó de mirarme a los ojos en ningún momento y abrió la boca para engullir mi polla lo más profundo que pudo.
―Eso es…
Cerró los labios sobre mi tronco, me la agarró con firmeza y comenzó un sube y baja mientras yo la tiraba del pelo.
La situación era extraña, para que engañarnos, pero a la vez, a mí me parecía muy excitante y pervertida: ella haciéndome una mamada al ritmo al que follaba su hermano en la habitación de al lado.
―Ahora, acaríciate…
―¿Qué…?
―Que te metas la mano entre las piernas y te hagas un dedo mientras me la chupas, vamos, quiero verte…
No se lo tuve que repetir y apoyó un codo en la cama para mantener el equilibrio y el otro brazo lo introdujo por debajo de su cuerpo hasta alcanzarse el coñito con los dedos.
Se le escapó un gemido cuando comenzó a acariciarse y sacó la lengua, pegándome un par de lametones obscenos sin dejar de mirarme a los ojos.
Sergio embestía a Laura a toda velocidad y de repente soltó un gruñido desesperado, indicándonos que ya se estaba corriendo.
Había sido corto, pero muy intenso, y ese gemido final de su hermano pareció encender todavía más a Sofía, que cerró los ojos incrementando el ritmo al que se metía el dedo y se clavó mi polla hasta el fondo de la garganta.
―¿Quieres que te folle la boca?
Ni tan siquiera me pudo contestar cuando tuvo la primera arcada, pero yo la conocía bien. Dejó mi capullo tocando su campanilla y con ganas de que se la clavara incluso más profundo. Sus labios ya rozaban mi vello púbico y le sujeté la cabeza con las manos.
―¿Te has puesto cachonda escuchando follar a tu hermanito?, menudo polvazo le acaba de pegar a Laurita, mmmmm, seguro que se ha corrido dentro de ella…
Y después levanté las caderas, acomodando mi polla en su garganta.
Sofía tuvo otra arcada, pero resistió, y con el segundo envite todavía llegué más lejos. Entonces Sofía apoyó las manos en mi muslos y dejó de masturbarse para concentrarse bien en lo que iba a suceder a continuación.
Y es que estaba tan cerda que se iba a dejar follar la boca.
Descendí lo justo hasta tocar con el culo el colchón y levanté con fuerza la cadera otra vez, sujetando su cabeza para que ya no pudiera escapar.
Después comencé un mete saca pausado, pero llegando bien hasta el fondo, y los ojos de Sofía se fueron poniendo más y más rojos.
De vez en cuando le daba alguna arcada, pero resistía bien mis empujones, y cuando su saliva ya le desbordaba la comisura de los labios, fue cuando aceleré todavía más.
Me daba igual si la hacía vomitar o si Sofía protestaba. Ella bajó la cabeza y permitió que mi polla se acostara en su garganta, y yo me aseguré de sujetar su pelo para que ella no pudiera salirse. Su respiración se aceleró, las babas apenas la dejaban respirar y yo me la follé con más rabia.
Como pudo se zafó de mis manos y logró sacarse mi polla unos segundos, tosiendo y escupiendo la cantidad de saliva que inundaba su boca.
Me miró suplicante con los ojos llorosos y yo le agarré de nuevo por el pelo.
Ella todavía respiraba de manera agitada y de su barbilla colgaba una cantidad ingente de saliva que iba cayendo entre sus pechos.
¡Menuda imagen!
―¿Qué pasa?, ¿quieres más?, joder, ¿tan cachonda te ha puesto escuchar cómo tu hermanito se la metía hasta los huevos…?
Y sin mediar palabra se agachó y ella misma se la clavó de nuevo hasta tocar su campanilla.
La dejé un poco de respiro y fue ella la que llevó el ritmo, prácticamente follándome la polla con su boca; lo hacía tan bien que por un momento pensé que lo que quería era que llenara su garganta de leche caliente.
Pero tras atragantarse dos o tres veces más, se la sacó y me miró con los ojos llorosos.
Ella sabía las pintas de furcia que debía tener, con sus tetazas llenas de babas colgando y la boca salivando por todas partes, y se limpió los labios con el dorso de la mano de manera vulgar.
Me agarró la polla y después de pegarle unas cuantas sacudidas lentas, tirando bien de ella para que se me pusiera más dura, le soltó otro sonoro beso en el capullo y susurró:
―Fóllame…
―¿Eso quieres...? ―dije tirando de su pelo con fuerza.
―Sí…
―¿Y por dónde la quieres?
Su respiración se agitó más, miró mi polla sin dejar de menearla, y sus ojos me mostraron lo excitadísima que se encontraba. Se inclinó y besó mi capullo para luego restregársela por una mejilla.
―Mmmmm, por donde dijiste antes…
―¿Ah, sí?, ¿la quieres por detrás?
―Sí ―susurró―. ¡Dame por el culo, por favor!, aaaaah, ¡dame por el culo!
―Uf, Sofi, no sabía que estabas tan caliente…, joder, si te follo así, vas a chillar como una cerda…, ya lo sabes, ¿estás segura?, tu hermanito nos va a escuchar…
Ella dudó un par de segundos con mi polla en la mano y resopló antes de incorporarse. Me dio un muerdo en la boca y después se puso a cuatro patas, apoyando la cabeza en la pared que daba a la habitación de su hermano.
―Me lo prometiste… ―murmuró meneando la cadera de derecha a izquierda.
―Vaya, vaya, mi novia la quiere hoy por detrás ―dije dejando caer un salivazo entre sus dos glúteos y luego restregando mi dedo en su ano―. ¿Y si te la meto por el coño? ―pregunté dando unos golpecitos con mi polla en sus labios vaginales.
―Mmmmmm, mmmmm, vale, métemela por donde quieras, pero hazlo ya, joder…
―Pero antes has dicho que la querías por el culo, así que tienes que decidirte por uno de los dos sitios ―afirmé clavando mi dedo índice en su recto, haciendo que la espalda se le pusiera en tensión y sus glúteos duros.
―Aaaaaah, vamos, me da igual, métemela y fóllame…
―No puedes más, ¿eh?
―Aaaaah, aaaaah, no, si sigues con ese dedo en mi culo, me voy a correr, aaaah ―Y sacó el trasero hacia atrás, ofreciéndome su voluminoso culo.
Me incliné sobre ella, saqué el dedo y apoyé la polla a la entrada de su ano.
Sofía ya estaba lo suficientemente dilatada para recibirme.
Con un ligero empujón, noté mi capullo desgarrando sus entrañas, pero lo quise dejar ahí.
Apenas la había penetrado medio centímetro. Agarré sus tetas y le susurré al oído.
―Antes te has puesto cachonda escuchando follar a tu hermano, ¿verdad?
―Cállate, joder, y métemela…
―Reconoce que te has puesto caliente y te la meto hasta el fondo ―aseguré colando mi capullo en su interior.
―Aaaaah, aaaaah, aaaah…
―Vamos, solo tienes que decirme que sí, que te has puesto cachonda, no pasa nada, es normal, a mí también me ha excitado escuchar cómo destrozaba el coñito de Laura…
―Eres un cerdo, aaaah, aaaah…
―Lo sé, y eso te encanta…
―Métemela, Adri, por favor, aaaaah, aaaah, no seas cabrón…, estoy chorreando ya…
―Dime lo que quiero escuchar y te follo, y en menos de un minuto te vas a estar corriendo, ¿por qué no lo reconoces?
―¿Qué quieres que diga? ―me preguntó girando la cabeza y buscando mi boca para darme un morreo con lengua.
―Que te ha excitado escuchar los gemidos de tu hermano y Laura, solo eso…, ¿te ha excitado? ―Y mi polla avanzó otro poco más.
―AAAAAH AAAAAAH…