El inquilino universitario 2. El reencuentro 15 #2
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Desde luego que era una pareja singular, todo el día discutiendo, pero siempre querían estar juntos.

Y Sofía se giró, incrementando la temperatura del baile y metiendo una pierna entre las de Sergio, para hacer una especie de lambada.

Y ahora sí, sus cuerpos se juntaron más de la cuenta y hasta me pareció que un par de veces llegaron a rozarse.

¡Joder, mi polla saltó bajo los pantalones al ver esa escenita incestuosa!

El cabrón de Sergio incluso daba golpes de cadera, simulando una especie de embestida, y Sofía, acalorada, miró hacia nosotros con una sonrisa traviesa. Su hermano la tenía bien sujeta de las caderas y me fijé en cómo a mi chica se le bamboleaban las tetazas bajo el vestido.

El sujetador no se lo había quitado, o ya hubiera sido demasiado escandaloso, pero yo solo podía pensar en que no llevaba braguitas y eso me ponía cachondísimo. Y ella rodeó el cuello de su hermano con los dos brazos, permitiendo que por una vez él llevara el ritmo de las sacudidas y se dejó hacer.

Al terminar la canción se acercaron a la barra, probaron su copa y acto seguido Sofía me ofreció la mano para sacarme a bailar.

Yo todavía seguía excitado recordando lo de Laura y con el show que nos acababan de brindar, y no fui tan sutil como su hermano.

En la siguiente bachata metí las piernas entre las suyas y sin cortarme un pelo pegué mis caderas contra su cuerpo para que notara mi erección.

A Sofía se le escapó un gemido e imitó la misma postura que había adoptado con su hermano, rodeando mi cuello con sus brazos y dejándome a mí, aunque fuera nulo, llevar el ritmo. Mis embestidas sí llegaron hasta su coño y ella buscó el encuentro, rozándose duro contra mi polla.

Me encantaba lo cachondísima que estaba mi chica.

―¿Lo has hecho? ―le pregunté al oído.

―¿El qué…?

―Ya sabes, lo de quitarte el…

―Quedamos en que lo tenías que comprobar tú… y que solo tenías una opción, mmmmm, si fallas, esta noche no pasará nada entre nosotros…

―¿Seguro?, porque te noto muy encendida, yo creo que hoy tienes más ganas que yo…

―Entonces, tendremos que asegurarnos de que aciertas, ¿no?

―Eso parece… ―dije tanteando con mi mano en la parte baja de su espalda.

Fui buscando el tacto de la ropa interior bajo su vestido, pero, si lo que llevaba era un tanguita, me iba a ser casi imposible averiguar si se lo había quitado. A pesar de eso, Sofía dejó que le manoseara la espalda y el trasero, en busca de algún indicio que me indicara si lo llevaba o no.

Tampoco podía ser demasiado descarado, pero en ese momento, frotándonos los sexos, cada vez con más fuerza y ya sin disimular, lo que me apetecía era meter la mano bajo su falda, sobar su culazo y apartar sus glúteos con los dedos para encontrar el hilo dental que se perdía entre ellos.

―¿Qué me dices…?, ¿lo llevo puesto...? ―me preguntó Sofía dándome un sensual muerdo en el lóbulo de la oreja.

Sujeté sus caderas y de un golpe le incrusté la polla en el coño. Ella atrajo mi cabeza contra su cuello y me pareció que se le escapaba otro gemido. Nos frotamos con más fuerza. En ese instante ya no estábamos bailando.

Era como estar follando, pero con ropa.

―Tendría que asegurarme, y creo que soy hay una manera de comprobarlo…

―No me digas que…

―Sí, lo voy a hacer.

―Aquí no, podrían vernos Laura y mi hermano.

―Siguen en la barra, pero, si es eso lo que te preocupa, ven, vamos hacia allí y nos perdemos entre la gente.

Nos desplazamos hasta casi la otra punta de la sala de baile.

Ya no pude más y, lo más disimulado posible, metí la mano bajo la falda de Sofía.

Me volvió loco sentir su carnoso culo y, antes de comprobar si seguía con el tanguita puesto, se lo sobé unos cuantos segundos, haciendo que se pusiera todavía más caliente.

Luego subí mis dedos hasta llegar lo más arriba posible, busqué en la parte baja de la espalda y después introduje el dedo índice en la separación de sus glúteos, pero no encontré nada.

Allí no había ni rastro de su tanguita, pero, aun así, quise asegurarme, hice todo el recorrido hasta llegar a su ano y después reinicié el mismo camino de vuelta.

Nada.

Al llegar a su culo, ya estaba seguro de que mi novia iba sin ropa interior y seguimos bailando, tratando de disimular, aunque fuera evidente lo que estaba pasando. Antes de sacar la mano, jugué con mi dedo unos segundos en su pequeño ano, sin llegar a metérselo.

―Hoy tengo ganas de follarte el culo… ―afirmé mirando a mi chica directamente.

―¿Ah, sí?, entonces no puedes fallar, mmmmm, ¿qué me dices?, ¿llevo el tanguita o no?

―¿Si fallo, me das otra opción?

―No, no… ―Y movió sus caderas buscando que la penetrara un poquito.

Mi dedo se coló travieso en su recto y Sofía ya no se pudo reprimir, soltando un evidente gemido mientras me restregaba el coño en toda la longitud de mi falo y después se mordió los labios.

―Aaaaah, cabrón, dímelo…, aaaaah…

―No llevas nada, zorra…, ¿he acertado?

―Mmmmm, muy bien, ¡has acertado!, yo creo que ya puedes sacar esa manita, ¿no?

―¿Sabes lo que más cachondo me pone de todo esto?

―Dime, ¿te pone saber que no llevo nada debajo?

―Mucho, ¿y sabes por qué?, porque antes has estado bailando con tu hermanito y él no sabía que no llevabas ropa interior…

―¿Y eso ete excita?, ja, ja, ja, ¡eres un puto pervertido!

―No lo dudes, y esta noche te voy a follar duro y te voy a hacer gritar tanto que Sergio y su mujer te van a escuchar gimiendo como una cerda al otro lado de la pared mientras te enculo a lo bestia…

, y después me voy a correr en tu cara y tú me lo vas a pedir bien alto; ellos van a entender tus palabras muy clarito cuando me supliques que te lo eche todo por la cara… ¿Has visto lo pervertido que soy?

―Aaaaah, cabrón, para, para, sácame ya el dedo o vas a hacer que me corra aquí mismo…

Se le habían encendido los coloretes y ya tenía a mi novia como a mí me gustaba. Le hice caso y saqué la mano de debajo de su vestido para terminar el baile con unos roces más, deseando regresar a casa.

Unos minutos más tarde, cogimos un taxi los cuatro, que nos llevó hasta nuestro nuevo piso, subimos en el ascensor, nos despedimos de Laura y Sergio en el rellano, y luego entramos cada uno en su piso.

Nos lo tomamos con calma y encendimos un par de velas en la habitación para darle un ambiente más íntimo.

Puse a Sofía frente al espejo, y me situé detrás de ella, quitándole el vestido lentamente.

Tan solo llevaba puesto el sujetador, aparté sus glúteos, pegándome a su trasero, pasé las manos hacia delante y le sobé las tetas de manera vulgar, haciendo que Sofía cerrara los ojos y dejara caer su cabeza hacia atrás, reposándola en mi hombro.

―No me gusta verme así, estoy muy gorda… ―suspiró con la voz quebrada mirándose al espejo.

Mi pantalón tocó el suelo en cuanto le desabroché el botón y mi polla salió disparada golpeando sus nalgas.

―¿Qué estás gorda?, ja, ja, ja, ¿has visto cómo me tienes de caliente?, ¡estás buenísima, joder! ―afirmé soltando el broche de su sostén, dejando sus pechos a la vista

―¿No piensas que estoy gorda?, menudo tipín tiene Laura, y ya ni te digo cuando estuvimos en Ibiza con Elvira y la italiana…

―¡Mira, qué tetazas tienes!, ¡estás buenísima!, a mí me encantas así, si hasta tu propio hermano se ha puesto cachondo bailando contigo…

―No digas eso ―suspiró negando con la cabeza.

―¿No te gusta?

―Pues no, ¿o es que quieres cortarme el rollo?

―Yo creo que se le ha puesto dura con esos movimientos de bachata…

―Calla, idiota, ahhhggg, qué asco… ¡prefiero no tener esa imagen en mi cabeza!

―¿Te da asco pensar en Sergio empalmado mientras baila contigo? ―dije sobando sus tetas.

―Vale, ya… ―Y se giró a toda velocidad, quedándose frente a mí―, vamos a la cama…

Caminé hacia atrás mientras Sofía me agarraba la polla, hasta que topé con el colchón tirado en el suelo y me dejé caer.

Mi chica se puso a cuatro patas y se subió para venir gateando hacia mí.

Pude ver sus enormes tetas colgando y estiré el brazo para sopesarlas entre mis manos, comprobando lo pesadas y duras que las tenía.

―Déjame a mí ―me pidió apartando mi mano.

Besuqueó mi pubis y mi ombligo y descendió hasta los muslos, mientras me sujetaba con delicadeza la polla y no paró de darme besitos a su alrededor, haciéndomelo desear con más fuerza.

―Vamos, cómemela… ―le supliqué, tirándola del pelo.

Sofía levantó la cabeza y me miró a los ojos.

Puso mi polla en vertical, apuntando hacia el techo, y, sin dejar de mirarme, me propició un sonoro beso en toda la punta.

Aquello me puso la carne de gallina. Luego sacó la lengua, rodeando mi capullo con ella, tenía a mi novia calentísima, dispuesta a hacerme una sensual mamada, y yo me moría de ganas por metérsela en la boca.

Todavía me lo hizo desear un poco más y comenzó a pasar la lengua por los laterales de mi tronco, arriba, abajo, arriba, abajo, todo a una velocidad exasperantemente lenta.

El ambiente en la habitación era perfecto, con la iluminación justa de las velas, no teníamos ninguna prisa y el alcohol que habíamos bebido, hacía que todavía tuviéramos más ganas de follar.

La noche iba a ser muy larga.

Y de repente nos llegaron unos gemidos de la habitación de al lado.

¡No podía ser!, eran Sergio y Laura. Estaba claro que ellos no se habían demorado tanto en los previos y ya estaban follando directamente.

Fue una escena un tanto peculiar, viendo a mi chica jugueteando con su lengua por toda mi polla mientras teníamos como música de fondo los jadeos de su hermano y Laura.

No sabía cómo iba a reaccionar Sofía, a mí me dio la risa y me tapé la boca con la mano, pero al mirarla, Sofía se había quedado extrañamente parada.

―¿Estás bien?

―Sí, sí… ―me contestó saliendo del trance momentáneo en el que se encontraba.

―Tendremos que acostumbrarnos a esto, es lo que hay, su habitación está pegada a la nuestra.