El inquilino universitario 2. El reencuentro 15
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El pesado de Sergio ya había organizado una cena a cuatro para el fin de semana. Y eso que yo quería haberlo pasado tranquilito en casa, con Sofía, disfrutando de la piscina, viendo una peli, y por la noche echar un polvo en el colchón tirado en el suelo.

Entre Sofía y su hermano organizaron la cita a cuatro, eligieron el restaurante y Laura y yo no tuvimos más remedio que aceptar su plan.

Esa noche de agosto hacía buenísimo y terminamos cenando en la terracita de un mexicano.

Tenía que reconocer que nuestras dos chicas se habían puesto guapísimas.

Sofía, con ese bronceado de playa, llevaba un vestido oscuro de tirantes finos y falda corta al vuelo para disimular sus caderas, y el escote que lucía era tremendo.

Era casi imposible no fijarse en sus pesadas y grandes tetas tratando de escapar por todos los lados.

Y Laura, con un vestido también, pero distinto al de Sofía, aunque no estaba tan morena como mi novia, resaltaba el color de su cuerpo en contraste con el blanco de la tela.

Los tirantes eran más gruesos y la falda más corta y ajustada a su pequeño cuerpito.

Se había dejado el pelo suelto, lo que le daba un aire más sensual, pues por lo general solía llevar coleta, que con su estatura le hacía todavía más aniñada; pero esa noche no, Laura se había vestido dispuesta a mostrarnos sus armas de mujer.

La cena transcurrió como suelen ser normalmente, con Sofía y Sergio discutiendo como el perro y el gato.

Daba igual el tema que sacáramos, siempre terminaban igual los dos hermanos.

No se podía hablar de política, de guerras, de feminismo, de trabajo, de cine, de la vida en general…

, ellos tenían visiones distintas en cada tema.

En el fondo hasta me hacía gracia la situación, pues era un amor-odio típico de hermanos. Se pasaban el día juntos en el trabajo, se habían comprado las casas pegadas y no dejaban de hacer planes en parejitas. Todo eso sin parar de discutir a la más mínima oportunidad.

Tuvimos que zanjar la discusión Laura y yo. Cuando terminamos de cenar, las chicas propusieron ir a un bar latino, que era una especie de salón de baile muy conocido en la ciudad. Sergio y yo, que somos bastante torpes, no nos opusimos y entramos en el local que estaba abarrotado.

Ya habíamos estado más veces y me gustaba el ambiente.

Yo no es que sea un gran bailarín, más bien al contrario, pero en ese sitio no me despegaba de Sofía ni un milímetro, pues no solían faltar candidatos para sacar a bailar a nuestras novias.

Había chicos dominicanos, colombianos, que estaban bien buenos, a la caza de cualquier mujer blanca que se dejara engatusar.

Aquel local era un nido de cornudos en potencia y no eran pocos los hombres que iban allí con sus chicas para ver cómo sus parejas se movían con algún latino.

Pero nosotros no éramos de esos, así que no nos quedó más remedio que salir a bailar con las chicas.

Agarré a Sofía de la mano y puse la otra en su cintura para que fuera ella la que me guiara a mí y no al revés, como sería lo normal.

Mi chica movía su voluminoso cuerpazo con armonía y buscó varias veces el contacto con mi polla, haciendo que enseguida me pusiera caliente.

No lo podía remediar, viendo sus increíbles tetas bamboleándose al ritmo de la música y cómo de vez en cuando se daba la vuelta, pegaba su trasero contra mi paquete, restregándose arriba y abajo para excitarme más, y luego se volvía a girar con una sonrisilla maliciosa.

―Te estás pasando ―le advertí.

―¿Ah, sí?, ¿y qué vas a hacer?

―Pues no me va a quedar más remedio que follarte luego en casa…

―Mmmm, ya veremos…

―¿Sabes que has venido muy guapa con ese vestido?, no te lo había visto nunca…

―Me lo compré el otro día, fui de tiendas con Laura y ella se cogió ese blanco que le sienta de maravilla, ¿verdad?

―Sí, le queda muy bien…

―Anda, no disimules, que antes te he pillado mirándole el culo…, ¿o te crees que no me he dado cuenta?

―Pues habrá sido sin querer, porque te aseguro que tú estás mucho más buena que ella, aunque las dos tenéis buen gusto para la ropa…, pero a ti te queda mejor el vestido. Mucho mejor, ni punto de comparación, lo único que…

―Qué…

―Que quizás es demasiado escotado, uffff, joder, Sofi, desde aquí te veo todo, me estás poniendo cerdísimo con esas tetazas y, además, llevo toda la noche pensando en qué llevarás debajo de la faldita; ten cuidado, que con un rápido movimiento, con el vuelo que tiene la falda, se te podría ver todo…

―No se va a ver nada, ya lo he comprobado en casa, aunque tampoco es que se me fuera a ver mucho…

―¿Y eso?

―¿Tú qué crees?

―Mmmmm, no me digas que llevas un tanguita de esos que tanto me gustan…

Sofía no me contestó, solo levantó las cejas y siguió moviéndose al ritmo de la música.

Me dieron unas ganas locas de meter la mano bajo su falda y sobar su trasero directamente sobre la piel, pero en ese momento se me ocurrió todavía un plan más morboso.

Y viendo lo decidida que estaba mi novia, se lo dejé caer.

―Entonces te lo podrías quitar, si como dices tú, no se te ve…

―Estás tonto, no me pienso quitar nada.

―Venga, Sofi, ni te imaginas lo cachondísimo que me pondría saber que vas sin ropa interior, y yo creo que a ti te pasaría lo mismo…

Se quedó pensando unos segundos y después se pegó a mí sin dejar de mover las caderas. Reposó sus labios en mi cuello y me susurró al oído.

―Te propongo un reto…, cuando vaya al baño, puede que lo haga o puede que no, lo tendrás que averiguar antes de salir de la disco, y si no lo adivinas…

―¿Qué pasa si no lo adivino?

―Que esta noche te quedas a dos velas…

―Entonces, tendré que asegurarme bien…, ¿no?

―Tú verás cómo lo haces…

Y todavía se arrimó más a mí rozándome el paquete con un descaro impropio de mi novia. Se le notaba contentilla después de haberse tomado un par de copas de vino durante la cena y estaba más animada de lo habitual. Bastante.

Ni os imagináis lo cachondo que me encontraba cuando se fue al baño con Laura y yo me quedé en la barra con Sergio pidiendo unas copas para los cuatro.

―Cómo han venido nuestras chicas hoy, ¿eh? ―me comentó mi mejor amigo.

―Sí, Sofía me ha dicho que estuvieron juntas de compras el otro día.

―Pues han elegido muy bien.

―Eso le he dicho yo a tu hermana…, aunque bueno, quizás su vestido sea demasiado escotado, ¿no te parece? ―le pregunté a Sergio para picarle un poquito.

―Y yo que sé, tío, es mi hermana, yo no me fijo en esas cosas…

―Joder, saltan a la vista, ¿o tampoco te has fijado nunca en las tetazas que tiene?

―Vete a la mierda, capullo…

―Ja, ja, ja…

No tardaron en volver las chicas del baño, y por la cara de Sofía no supe averiguar si se había quitado el tanguita o no. Y todavía iba a tardar en comprobarlo unos minutos más porque, sin que me lo esperara, Sergio se me adelantó y sacó a bailar a su hermana.

―Cambio de parejas… ―me dijo mi colega.

Me quedé en la barra con Laura, mirando cómo bailaban y dándole el primer trago a la copa que nos habíamos pedido.

Ella seguía distante conmigo, tampoco es algo que fuera muy evidente, pues ni Sergio ni Sofía se habían percatado de nada, pero yo notaba que desde nuestra aventura en la casa rural, nuestra relación había cambiado.

Ni me atreví a pedirle si quería bailar conmigo, aunque decidí que era un buen momento para hablar con ella.

Todavía teníamos una conversación pendiente y quizás esa noche, con unas copas de más, era el momento indicado.

―¿Estás bien, Laura?

―Sí, ¿por?

―No sé, te noto muy distante, y lo entiendo, pero quizás, no sé, deberíamos hablar, ya sabes, por lo que pasó… No podemos estar así siempre, vamos a ser vecinos toda la vida.

Ella bajó la cabeza y probó su copa. Parecía avergonzada y desde luego que no tenía ninguna gana de hablar de lo que sucedió en la casa rural.

―Déjalo estar, Adrián, lo iremos olvidando con el paso del tiempo. Habíamos bebido mucho, y por lo que a mí respecta no pasó nada entre nosotros, yo no recuerdo nada, ¿y tú?

―Bien, como quieras…

―No quiero volver a hablar de esto. Mejor lo dejamos aquí.

Afirmé con la cabeza y entendí la posición que adoptaba Laura.

Ella quería olvidarlo, como si no hubiera sucedido, pero claro que había sucedido, nos habíamos comido la boca y después ella me había montado la polla y no había parado de botar en mis muslos hasta hacer que me corriera, mientras le metía un dedo por el culo.

¿Cómo podía olvidarme de eso?

En ese momento, viendo la actitud de Laura, no quise seguir insistiendo.

Por lo que a mí respectaba era asunto terminado, pero no pude evitar echarle una mirada lujuriosa, estaba realmente atractiva con ese vestido blanco y se me vinieron a la cabeza los recuerdos de lo que había pasado.

Todavía podía notar el calor de su coño envolviendo mi polla, sentía cómo se movía encima de mí, de esa manera tan sensual, y cómo hizo que terminara en apenas un par de minutos.

―Estás muy guapa, te queda muy bien ese vestido ―le dije para al menos, hablar algo con ella, pero lo único que me contestó fue un “gracias” bastante seco, que no me dio opción a seguir la conversación.

Me fijé en la pista y los dos hermanos ahora bailaban una bachata de manera sensual.

Entonces caí en la cuenta de que era muy posible que Sofía no llevara nada debajo del vestido y eso hizo que todavía me pusiera más cachondo; y más cuando se giró, como cuando bailaba conmigo, y movió su trasero, pero sin llegar a rozar el paquete de Sergio, que la sujetaba de la cintura sin imaginarse por lo más mínimo, que debajo de la faldita de su hermana era probable que no llevara ropa interior.