13 #2
―No te creas que se me ha olvidado lo de antes, me debes un puto orgasmo y lo quiero antes de comer…, así que tú verás cómo te las apañas…
―Vamos a comprar, cada uno por su lado y luego nos encontramos en la caja, ¿con cuarenta y cinco minutos tienes? ―me preguntó cambiando de tema.
―Con eso me sobra para hacer que te corras dos veces…
En el súper nos dividimos y cada uno hizo su compra, aunque nos cruzamos por el pasillo en repetidas ocasiones, incluso hubo un rato en que me quedé detrás de ella, a una distancia prudencial, sin que se diera cuenta para mirarla descaradamente.
¡Me ponía cachondo solo con ver cómo movía ese culazo al andar!
Como me había indicado Mónica, quedamos en la caja y salimos juntos hasta el coche.
Fuera estaba el túnel de autolavado y, antes de meterlo, estuvimos sacudiendo un poco las alfombrillas y limpiando el polvo por dentro.
Se me fue la mano un par de veces a su trasero, pero Mónica me regañó y, viendo que me estaba poniendo muy pesado, decidió dar por terminada la mini limpieza de interior.
Después nos situamos en la cola del túnel y teníamos unos siete coches por delante. Yo ya estaba que me subía por las paredes y le advertí a Mónica que me iba a sacar la polla.
―Ni se te ocurra…
―¿Por qué?, no puede vernos nadie.
―No, aquí no, Adrián…
Pero ella sabía cuándo decía las cosas en serio y a mis diecinueve años no podía controlar el calentón que llevaba encima. Estiré el brazo y acaricié su coño por encima de los vaqueros. Mónica miró por la ventanilla y se dejó hacer, sin atreverse a girarse hacia mí.
―Antes, cuando te has cambiado de ropa en tu habitación, ¿tenías mojadas las braguitas?, y quiero que me digas la verdad…
―Para, Adrián, aaaaah ―gimoteó intentando apartar mi mano sin mucho entusiasmo.
―¿Y por qué no me detienes tú…?
―Está bien, pero al menos espérate a entrar en el túnel, allí haré que te corras ―dijo palpándome el paquete.
―Desabróchate el pantalón, quiero comprobar lo cachonda que estás.
―Adrián, para, aaaaah, aaaaah, deja de hacerme eso, mmmmm…
―Solo va a ser un poco, desabróchate el vaquero.
Se soltó el pantalón y se quedó expectante a ver qué es lo que iba a hacer. Me encantaba tenerla abierta de piernas en el coche de su marido mientras me sobaba la polla. Ahora sí me miraba a los ojos, su respiración se había agitado y ya había puesto esa carita de zorra que me excitaba tanto.
Conocía tan bien a Mónica que sabía que, en cuanto comenzaba a temblar, era porque ya estaba fuera de control.
Y le metí el dedo por el elástico de las braguitas y rocé su pubis.
Ya solo teníamos cuatro coches por delante y muy despacito me deslicé hasta alcanzar su coño.
Como me había imaginado, estaba empapado; y con el dedo corazón y la palma de la mano hacia su cuerpo traté de introducírselo un par de centímetros.
Ella me apretó la polla con rabia, sin meneármela, y yo enseguida saqué el dedo y se lo pasé por la nariz.
―Seguro que hueles a zorra, estás que te derrites… ―Y traté de meterle el dedo en la boca para que me lo lamiera, aunque ella se resistió.
―Para, tenemos que controlarnos, Adrián ―me pidió soltándome la polla―. No podemos seguir así, joder… ¡Uf, qué calor hace aquí! ―resopló abriendo la ventanilla.
―Tienes razón, lo siento ―Y con un rápido movimiento me la saqué, dejándola extendida encima de mi vientre.
―¡¡¿Pero qué haces?!!, ¡¡¿estás loco?!!, anda, guárdatela, idiota…
―No pienso hacer eso…
―Ya nos va a tocar.
―Todavía tenemos tres por delante, nos quedan cinco minutitos para jugar…
―Adri, te estás pasando.
―Es que me tienes durísimo ―afirmé sacudiéndomela delante de ella.
―Para, joder, que van a ver, ¡para!
Tiré de la camiseta y me cubrí la polla con ella, Mónica miró hacia abajo y esa visión de mi dura verga marcándose a través de la tela hizo que se volviera a morder los labios.
―¡Tócamela!, solo unos segundos, por favor, lo estás deseando…
―No.
―Venga, solo unos segundos y te prometo que ya paro…
―Unos segundos y te la guardas, eh…
―Sí, claro.
Estiró el brazo izquierdo y me agarró la polla por encima de la camiseta, miró nerviosa hacia los lados, como si alguien pudiera descubrir nuestro morboso juego, y luego me pegó unas cuantas sacudidas, aplastándomela contra mi propio cuerpo.
―Uf, joder, Mónica, ¡qué cachondo me tienes hoy!
Ahora el que coló la mano en su vaquero desabrochado, en un rápido movimiento, fui yo; y ella negó con la cabeza y se le escapó otro gemido.
―Aaaaah, aaaaah, Adrián, noooo, aaaaah, nooooo…
Esta vez no se lo tuve que pedir y ella misma metió la mano por debajo de mi camiseta y me agarró la polla directamente. Nos estábamos masturbando a la vez, y nos miramos a los ojos sacudiendo las caderas y deseándonos más que nunca.
Allí no podíamos hacer nada más. Solo pajearnos de la manera más discreta posible.
Pasó otro coche al lavadero y solo teníamos uno delante.
El coño de Mónica ya rezumaba fluidos a lo bestia y a mí no me quedaba mucho para correrme.
El chico que trabajaba limpiando los coches nos miró con la pistola de agua y notó que algo raro sucedía entre nosotros, aunque ya estaba tan cachondo que me dio igual.
Mónica ni se enteró de que nos había descubierto y yo no le dije nada; me encantaba que el chico la viera así, abierta de piernas y sacudiéndome la polla por debajo de la camiseta.
―Ya nos va a tocar… ―tuve que avisar a Mónica para que se recompusiera.
Saqué la mano de su coño a toda velocidad y, cuando abrí la ventanilla para decirle al chico el tipo de lavado que quería y pagarle, tenía la polla fuera del pantalón, pero cubierta con la tela de la camiseta. Mónica, avergonzada, trató de abrocharse el botón de su vaquero, aunque ya era tarde.
Y por fin pasamos al túnel de lavado. No podía esperar más y en cuanto salió el primer chorro de jabón, cubriendo los cristales, me incliné sobre Mónica y le comí la boca en un muerdo rápido.
―Venga, haz que me corra ―la apremié volviendo a mi sitio y descubriendo mi polla.
Mónica se soltó el cinturón y se acercó a mí, se giró en el asiento, quedándose apoyada solo con el hombro, y me apartó la camiseta para agarrarme la polla con la mano derecha.
Y con las tres primeras sacudidas tan duras y secas, ya me di cuenta de que no me iba a dejar escapar hasta que me derramara.
¡Qué manera de pajearme!
―¡Uf, qué rico!
Posó sus labios en mi cuello y empezó a darme besitos cortos a la vez que me ronroneaba en el oído.
Su mano subía y bajaba firme por todo mi tronco y, amparados por la espuma del túnel de lavado, se apremió en destrozármela, pero sin aumentar la velocidad.
Y la muy cabrona sonrió sabiendo que iba a conseguir su objetivo.
―La tienes durísima, mmmmm, me encanta… ―me susurró en la oreja.
―Me voy a correr, joder, joder ―exclamé tensando las caderas y levantando el culo.
―No manches nada, eh… ―me dijo―. Venga, no te resistas más, córrete…
―Mónica, Mónica…
Me agarró del pelo y tiró de mi cabeza para acercarme a su cara, luego me incrustó la lengua hasta el fondo de la boca y aquello me hizo explotar definitivamente.
Mi polla se puso más dura todavía y Mónica se apartó un par de centímetros para pasarme su lengua por el labio inferior y después el superior, en un gesto muy erótico.
Me tapó la polla con la camiseta, aceleró un pelín y ocurrió lo inevitable.
¡La muy puta hizo que me corriera dentro del coche de su marido!
―Aaaah, aaaaah…
―Eso es, córrete, córrete, muy bien, córrete…
El coche salió medio minuto más tarde del túnel de lavado, había quedado reluciente y yo satisfecho del pajote que me acababa de hacer Mónica, que ya se estaba limpiando la mano con un pañuelo de papel.
―Esto no va a quedar así, eh ―le aseguré recorriendo con mi dedo su coño varias veces―.
Esta tarde te voy a follar, me da igual si Fernando está en casa o no, cuando se eche la siesta me la vas a chupar en el pasillo y luego te voy a tener que tapar la boca para que no chilles…
Quiero que te corras con mi polla dentro.
―Anda, aparca ahí y límpiate…
―Mira cómo la tengo, todavía no se me ha bajado…
Y Mónica me palpó la polla por encima de la camiseta con una sonrisa lasciva. Luego se acomodó el cinto y esperó paciente a que terminara de limpiarme antes de volver.
―Cuando lleguemos a casa, creo que te va a tocar cambiarte de camiseta, ja, ja, ja...