12 #3
Desnuda, mojada y con un bronceado de playa muy bonito se acercó a Elvira mostrándonos su coñito de pija, se quedó de pie detrás de ella y solo se inclinó para que nuestra amiga le metiera un trozo de piña en la boca.
Luego se recostó en la tumbona y ya se quedó allí, esta vez bocabajo hasta que llegó la hora de la comida.
Ese fue el instante que aprovechamos Sofi y yo para bañarnos antes de comer. Le había hecho una promesa a mi chica al principio de las vacaciones, y pensaba cumplirla. No quería irme de esa casa sin follármela en la piscina, pero entre unas cosas y otras no había encontrado el momento para hacerlo.
Y mucho menos podíamos llevarlo a cabo cuando Elvira se metió al agua con nosotros.
―¿Qué tal ayer?, ¿dormisteis bien? ―nos preguntó la muy zorra―. A mí es que después de salir de fiesta me cuesta horrores, ya no estoy acostumbrada.
―A mí me pasa igual ―contestó Sofía―, me tuve que tomar algo para dormir, además, tenía un dolor de cabeza que ufff, pero hoy me he levantado genial.
―¿Y tú, Adrián?
―Yo bien, eeeeh, sí, también me acosté y caí muy rápido…, pero me he despertado pronto, ¡es que me estaba meando mucho!, y luego ya he decidido acercarme un rato a la playa a bajar el alcohol de ayer…
Elvira esbozó una sonrisa maléfica antes de sumergirse en el agua y hacer unos largos. Apenas pudimos disfrutar de la piscina porque enseguida llegó la comida y por la tarde, después de una breve siesta, bajamos a la playa los cuatro y allí nos quedamos hasta que se metió el sol.
Cenamos en la casa y alargamos la jornada hasta bien entrada la madrugada, tomándonos una copa en el mismo sitio donde habían follado la noche anterior Elvira y Fiorella.
Por suerte nuestras anfitrionas nos dejaron solos cuando les dijimos que antes de acostarnos nos íbamos a dar un último baño de despedida y entonces sí, pude cumplir mi promesa; penetré a Sofía de pie dentro de la piscina y descargué el nuevo calentón que me había pillado por la tarde viendo desnudas a las dos diosas.
Tan calientes nos pusimos en la piscina que solo nos percatamos de la presencia de Elvira al salir del agua.
Al parecer había acompañado a Fiorella hasta la habitación y después volvió a bajar, pero nosotros de espaldas a ella ni nos enteramos de que estaba allí, así que le devolví el favor sin querer, y ahora fui yo el que me follé a mi novia delante de Elvira.
Eso sí, sin saberlo, lo que me dio mucha rabia, pues hubiera sido muy morboso embestir a Sofía sabiendo que mi amiga nos estaba viendo.
Ya os podéis imaginar la cara de mi novia al salir del agua y ver a Elvira allí, sentada en la mesita y mirando hacia la piscina. Le dio tanta vergüenza que no supo ni qué decir y envueltos en una toalla nos despedimos de ella y subimos corriendo a la habitación.
Al día siguiente Elvira nos llevó al aeropuerto a media mañana y se despidió con unos efusivos besos.
―Espero que lo hayáis pasado bien…
―Han estado geniales las vacaciones, muchas gracias por todo ―le contestó mi novia prometiendo volver si nos invitaba otro año.
―Cuenta con ello. Podéis venir cuando queráis…
El taxi del aeropuerto primero llevó a Sofía hasta casa de sus padres y después a mí hasta mi nuevo piso.
A primeros de agosto ya me había mudado con lo justo y entré en nuestra habitación en la que solo había un enorme colchón en el suelo.
Me pasé el día tirado en el sofá, viendo una serie hasta que me la terminé, cené un poco de leche, que era lo único que había en el frigo, y me acosté pronto, pues al día siguiente ya tenía que trabajar.
Entonces escuché unos tímidos gemidos que venían de la habitación de al lado.
No cabía duda de que eran Sergio y Laura que estaban echando un polvete y de nuevo pensé que no había sido muy buena idea lo de comprarnos la vivienda pegada a la de ellos.
No creo que para Sofía fuera muy agradable escuchar por las noches cómo follaban su hermano y su cuñada y viceversa; además que Sofía es de las que gime de manera escandalosa.
Cerré los ojos e inevitablemente pensé en Laura, en Elvira…
y en Mónica. Tuve que meter la mano por dentro del calzón y en la calurosa habitación comencé a hacerme una paja con los recuerdos de todo lo sucedido en los tres últimos meses.
Mi vida se había convertido en una locura en muy poquito tiempo y no sabía cómo iba a poder gestionarlo.
Eyaculé justo cuando Sergio lo hacía dentro de su mujer y después me costó dormir.
Demasiadas emociones.
Apenas tuve unas horas de tregua en mi cabeza y el lunes por la mañana recibí la llamada que había estado esperando todo el verano.
Mónica se puso en contacto conmigo y me preguntó cuándo podíamos vernos.
Al final quedamos el miércoles por la tarde, y me dio la dirección de un hotelito nuevo que acababan de abrir a un par de kilómetros de donde ella vivía.
Ya solo tenía que inventarme una excusa con mi novia, pues en agosto no trabajaba por las tardes, y acudir a la cita con Mónica en el hotel.
Otra vez los dos solos…