11 #4
Ni que decir tiene que mi polla saltó como un resorte en cuanto vi el culito desnudo de Fiorella.
Allí tenía a la supermodelo completamente desnuda y embadurnada en crema a un par de metros de distancia.
No sé si se llegó a dormir la italiana, pero Elvira no dejó de pasarle las manos por la espalda y acto seguido por sus glúteos.
Bajé los tirantes del biquini a Sofía y también masajeé a mi chica mirando cómo Elvira sobaba el pequeño culo de Fiorella.
Ese día no estábamos tan solos como de costumbre, nos acompañaban otras dos parejas a lo lejos, aunque estaban a unos treinta metros de distancia; pero eso no parecía importarle a Elvira, que siguió acariciando a su novia.
―Esta ya se ha dormido ―anunció dejando de masajear a Fiorella―. ¡Qué facilidad tiene!
«Yo también me dormiría escuchando las olas del mar mientras me sobas la espalda y el culo».
Luego comenzó a echarse crema ella misma por las piernas, los brazos y por último en las tetas. Ahora era Sofía la que cubría mí cuerpo y me tumbé como Fiorella para que no notaran mi empalmada.
―¿Me ponéis un poco en la espalda? ―nos preguntó Elvira estirando el brazo para pasarnos el bote.
No me dio tiempo a reaccionar y fue Sofía la que se puso de pie a su lado, le soltó tres o cuatro disparos y luego comenzó a extenderla por su espalda, sin mucho entusiasmo.
Elvira y yo cruzamos la mirada y ella sonrió.
Me pareció demasiado morboso ver a mi novia con las manos sobre el cuerpo de mi amiga y eso no ayudó precisamente a que se calmara mi erección.
Se le movían las tetas de lado a lado y me hubiera encantado que Sofía pasara las manos hacia delante para sobar los puntiagudos pechos de Elvira, pero no lo hizo.
―Esto ya está ―afirmó mi novia entregándole el bote otra vez.
Después Sofía se tumbó en la hamaca y encendió el E-book.
―Pues creo que me voy a dar un baño, hace demasiado calor ―dijo Elvira quitándose las gafas de sol―. Adri, ¿te vienes?
―Eh, sí, claro…
Inmediatamente mi chica levantó la vista de su libro electrónico y casi me fulmina con la mirada, pero no dijo nada y tuvo que contemplar en silencio cómo me acercaba hasta la orilla con Elvira. Por suerte para mí, enseguida le di la espalda y no se enteró del destacado bulto bajo mis bermudas.
Ella no se dio cuenta, pero Elvira sí.
Entramos juntos en las pacíficas aguas de la calita y nos adentramos unos metros. Elvira tenía ganas de jugar conmigo, de ponerme cachondo. El calor que hacía tenía pasada de vueltas a mi amiga y no se cortó ni un pelo en cuanto nos quedamos a solas.
―¿Otra vez así, «Adri»? ―preguntó llamándome con el diminutivo como hacía mi novia―. No debe ser muy sano estar todo el día con eso duro, ¿no?
―Lo mismo podría decir de tus pezones, recuerdo que se te ponían como agujas cuando estabas cachonda…, más o menos como ahora.
―Touché…
―Te conozco demasiado bien…
―Se me han puesto duros al ver cómo te retorcías en la hamaca mirando a Fiorella mientras tu novia me masajeaba la espalda…
―Uffff, no empieces, Elvira, que nos conocemos…
―¿No quieres salir con la pollita tiesa?
―¿Pollita?, ja, ja, ja, pues bien que gritabas cuando te la metía por el culo…
―Parece que recuerdas muy bien todo lo que hacíamos, y eso que han pasado mil años.
―Hay cosas que no se olvidan.
―¿Y por eso no dejas de mirarme las tetas?
―¿Dónde quieres que mire?, son muy bonitas, me encantan cuando se te ponen los pezones así y, además, me dan mucho morbo los dos piercings que llevas…, tiene que ser la hostia ver a Fiorella mientras te las come…
―Mmmmm, ¿lo dices en serio?, ¿te gustaría verlo?
―Sí…
―¿Te pondría cachondo vernos follar?
―Tiene que ser una delicia ―murmuré acomodándome la polla bajo el agua.
―¿Le molestaría mucho a «tu novia» si me quitara ahora las braguitas y me bañara desnuda?
―Ni se te ocurra, Elvira, podría venir en cualquier momento…, no creo que le hiciera gracia, y podría dar lugar a malos entendidos.
―Ooooh, en la universidad eras más atrevido, te encantaba el riesgo…
―Creo que es mejor que me vaya…
―Que no, tonto, tranquilo, que no voy a hacer nada, pensé que me conocías un poco mejor, no soy tan cabrona, solo me gusta provocarte.
―Vale, porque no me apetecía nada salirme, hoy hace mucho calor…
―Muy bien, y por cierto…, lo de antes te lo preguntaba en serio.
―¿El qué…?
―Lo de vernos juntas.
―¿Y eso?, ¿es que le excita a tu novia que os vea follar tu ex?
―No, ella no lo sabría. Sería una cosa nuestra. Me pondría muy cachonda si nos vieras sin que ella lo supiera…
―¡Joder, Elvira!, ¡no me digas eso!
―Yo te diría sitio, hora, y dónde te tendrías que poner para vernos bien… y tú solo tendrías que salir de la habitación, espiarnos y disfrutar. Casi todas las noches follamos en el jardín, al aire libre.
―¡Buffff, no me tientes!
―No vas a tener otra oportunidad como esta, piénsalo… ―Y fue Elvira la que salió primero del agua para que viera su culo de gimnasio cubierto tan solo por un tanguita blanco de tiras, que se perdían entre sus duros glúteos.
Me quedé en el agua, solo. Menos mal que me había corrido un par de horas antes o hubiera explotado allí mismo.
No sabía si Elvira me estaba vacilando o si el juego que me proponía era verdad, aunque mi amiga no era de las que se tiraba esos faroles.
Yo no tendría que hacer nada, solo acomodarme en un rincón oscuro del jardín y ver a Fiorella y Elvira comerse los coños.
¿Qué simple mortal hubiera declinado esa oferta?