11 #2
―¡Me lo suponía!
―Al menos me alegro de que Sofía no esté tirante conmigo o celosa…
―Que yo sepa no, aunque siempre habéis tenido un pequeño pique entre las dos, por mí, je, je, je…
―No te hagas el importante. Yo no tengo ningún problema, aunque Sofía debería controlarse un poco ―dijo Elvira tratando de provocarme―, parece que le molesta que tú y yo nos llevemos tan bien, y eso que al final fue ella la que se quedó contigo.
―Yo creo que es algo del pasado y bueno…, entenderás que tampoco le guste mucho que tú también estés medio desnuda delante de mí…, al final las mujeres tenéis muchos complejos y envidias las unas de las otras…
―Si sabe que ya me has visto muchas veces así, en la universidad nos acostamos mil veces, ¿qué más da…?
―No es lo mismo, antes éramos unos críos, han pasado muchos años y, sinceramente, ¡no estabas tan buena!, tienes que entender que ahora…
―Mira, Adrián, eres una de las personas más importantes para mí, lo que tenemos tú y yo no lo sabe nadie más, nuestras cosas, por eso me encanta estar contigo, tú conoces realmente cómo soy y eso no lo puede decir nadie; sí, en Barcelona tengo un par de amigas muy íntimas, pero no es lo mismo.
Puedo hablarte de todo y sé que me vas a entender, igual que yo a ti.
Somos iguales. En la universidad reconozco que me fastidió mucho cuando empezaste a salir con Sofía, no porque tú y yo ya no fuéramos novios, era más por cómo la mirabas, joder, ¡estabas pilladísimo por ella!
, se te ponía una cara de gilipollas enamorado que me repateaba, ¡a mí nunca me miraste así!
Pero también sé que en la cama éramos la hostia y con Sofía echarás buenos polvazos, ¡se nota que es una morbosa de cuidado con esa cara y esas tetorras!
, aunque seguro que no es igual que conmigo. ¡Todas esas cosas que hacíamos!
―Sí, todavía me acuerdo, se te ocurría cada locura que me asustaba…, ¡menuda viciosa eras y sigues siendo!
―En la playa nunca me pongo la parte de arriba del biquini; no lo hago por ti o porque te quiera provocar.
Pero también me gusta que me veas, no te lo voy a negar, ¡me da mucho morbo que admires el cuerpazo que tengo ahora y más cuando te pones cachondo!
¡Me gusta que me mires de esa manera tan sucia y a Fiorella igual!
, ella lo ha notado también… Voy a seguir haciéndolo, aunque se te ponga dura y le moleste a tu novia, y Fiorella lo mismo…
―Gracias por avisar, eh…, uffff, no hace falta que te diga cómo estoy ahora, ¿no?
―Tienes la cabeza echando humo después de las fotos que te he enseñado y de esta conversación. No te voy a hacer una paja si es lo que estás insinuando… y sí, ya sé que la tienes dura desde hace un buen rato, ¿te molesta que esté agarrada a tu brazo o prefieres que me suelte?
―Claro que no…, me gusta estar así contigo y además aquí, ¡joder, Elvira!, este sitio es la hostia…, de verdad que me alegro de que te vaya tan bien…
―Todo es trabajo, trabajo, trabajo y prepararte para ello.
Cualquiera lo podría hacer. Nadie me ha regalado nada, tuve que pedir un préstamo para empezar y reconozco que me fue bien desde el principio, pero luego hay que seguir formándose.
Hablo perfectamente inglés, alemán y un poco de chino, no he dejado de estudiar y buscar nuevas formas de inversión.
Al principio me tomaban por una niñata, es difícil que te respeten como empresaria siendo tan joven, me costó entrar en ese círculo de personas poderosas, ya me entiendes, gente con dinero, conseguir contactos, es un ambiente muy machista y, bueno, al final mi imagen ha ayudado, no lo niego, por eso entreno también mi cuerpo, es una parte muy importante, y esto no es un alegato feminista ni nada de eso, eh, ya sabes que no me gusta ir de víctima: cuando veo a las machirulas esas con los pelos de colores hablando de los derechos de las mujeres, me dan ganas de vomitar, esas que no han trabajado en su puta vida, yo me levanto a las cinco de la mañana y me acuesto a las diez de la noche, ¡todos los días!
Sí, me va bien, muy bien, pero creo que me lo he ganado.
Tengo un piso precioso en Barcelona, mi novia es una de las mujeres más guapas y deseadas del mundo, puedo viajar a cualquier parte del planeta cuando quiera, comer en los mejores restaurantes… , ¿qué más puedo pedir?
―Y no tienes ni treinta años.
―Ya te he dicho que no pienso seguir a este ritmo mucho tiempo…, en unos años viviré de los ingresos pasivos sin prácticamente hacer nada, ya podría hacerlo… y delegaré casi todo el trabajo de la empresa en otra persona…
―Lo tienes bien planeado.
―Por supuesto…, hay que saber retirarse a tiempo. Me gusta trabajar, pero prefiero estar aquí en la playa todo el día sin hacer nada, mirando el mar, yo no soy de esas personas que se aburren si no están haciendo algo, tengo muy claro que este ritmo de vida no lo voy a poder aguantar mucho tiempo…
―Normal. Bueno, ¿qué hacemos, volvemos?
―Sí, deberías pegarte una ducha, que te vas a quedar frío, son más de las nueve y es posible que Sofía te esté llamando.
―Sí, además, he bajado sin el móvil, no pensaba estar tanto tiempo…
Subimos juntos, Elvira se agarró a mi brazo en actitud cariñosa y yo no me atreví a decirle que se soltara, era un gesto más de amistad que otra cosa, y por suerte para mí, Sofía todavía no se había levantado, porque no creo que le hubiera hecho mucha gracia ver a Elvira de esa manera.
Entré en la habitación y mi novia ojeaba el móvil en la cama tapada con una fina sábana.
―Ufff, hoy va a hacer mucho calor ―anunció viendo la aplicación del tiempo.
―No son ni las diez y ya empieza a hacer bueno…
―¿Cómo has tardado tanto?
―Me encontré con Elvira y hemos estado hablando, me ha acompañado hasta la playa… ―dije quitándome la ropa y metiéndome en la ducha.
―Date prisa, que te estaba esperando para desayunar, tengo mucha hambre… ―gritó Sofía justo cuando el agua ya me golpeaba en la cabeza.
Aparecimos por el jardín en manga corta, ya picaba el sol, y Elvira nos esperaba junto a la piscina. Imelda había preparado un desayuno compuesto por tostadas, bollería, jamón con tomate, café, zumos naturales, y estaba todo de diez.
Nuestra amiga nos estuvo contando lo que habían hecho por la noche en la fiesta en la que estuvieron y después nos preguntó si por la mañana nos íbamos a quedar en la casa o teníamos pensado bajar a la playa.
―Yo creo que vamos a ir un rato a la calita, es una gozada y hay tan poca gente… Hoy me apetece bañarme en el mar y luego pegarme un piscinazo antes de comer ―dijo Sofía, que ya lo tenía todo pensado.
Me encogí de hombros, sonreí y luego asentí.
No me atreví a ponerle una coma a los planes que tenía mi novia.
Me alegré de que nuestra amiga me diera unos momentos de respiro, ya que con el top blanco deportivo disimulaba sus enormes tetazas bajo la tela.
Elvira llevaba gafas de sol para tapar sus ojeras y nos comentó que no se iba a mover de la hamaca en todo el día.
―Voy a leer un rato hasta que se levante Fiorella, espero aguantar hasta la hora de la siesta…
La mañana fue de relax absoluto en la playa con Sofía: paseos de un lado a otro, un par de baños, música con los cascos. Después nos sentamos en la arena mirando al mar y Sofía con el E-book. Todo en la más absoluta intimidad, sin nadie que nos molestara. Como si se detuviera el tiempo.
Sobre la una y media regresamos a la casa para darnos un baño en la piscina y así quitarnos parte de la arena y la sal que teníamos pegada al cuerpo.
Y al entrar por la puerta trasera divisé a Fiorella haciendo unos estiramientos en el jardín.
Con el pelo recogido en un moño mal hecho, la modelo tan solo llevaba puesta la parte de abajo de un mini biquini rojo, que se le metía entre los dos glúteos.
Y de verdad que intenté que no ocurriera, pero, joder, ¡era Fiorella Moretti!
, ¿cómo cojones no me iba a empalmar? Me puse debajo de la ducha fría de la piscina para que se me enfriara todo, pero con eso lo único que conseguí es que se me mojara el bañador y el bulto de mi paquete se hiciera más evidente.
Entonces me fijé en Elvira, incluso se quitó las gafas de sol para verme bien y esbozó una sonrisa perversa, sin importarle que estuviera delante mi novia.
La muy cerda sostenía un libro en las manos y también nos mostraba sus tetazas de manera indecorosa.
El baño no consiguió calmarme y todavía fue peor cuando nos reunimos los cuatro en la mesa del jardín para comer.
El día era muy caluroso y estaba claro que nuestras anfitrionas no tenían ninguna intención de cubrirse la parte de arriba.
Me encantó cuando Fiorella se quedó de pie delante de la mesa para coger una aceituna y Elvira se situó tras ella pasándole las manos por el vientre y besando su hombro desnudo.
En ese momento los dos cruzamos la mirada un segundo y Elvira, aprovechando que mi chica contestaba un whatsapp, me hizo un gesto subiendo las dos cejas, y volvió a ponerse las gafas de sol antes de que Sofía se diera cuenta de nuestro tonteo.
La comida fue un calvario para mí, con Elvira y Fiorella sentadas una a cada lado en topless —a menos de un metro— y Sofía de frente, con la parte de arriba de su biquini puesta, rebosando sus pechos por todos lados y con cara de pocos amigos.
Y ya ver cómo se comían la sandía de postre, cogiendo un buen trozo con la mano y esas gotas de fruta que resbalaban por la comisura de sus labios fue una de las visiones más eróticas que jamás había visto.
Elvira todavía fue más allá y dejó que el zumo de la sandía goteara hasta que le alcanzó el canalillo y se limpió con la mano para luego chuparse los dedos.
―¡Mmmmm, delicioso!
Hubiera matado por meter la cara allí unos segundos y limpiárselo yo mismo con la lengua.
Dejamos a las dos sirenas dentro de casa, viendo una película en inglés recostadas en el sofá. Nosotros subimos a nuestro cuarto y llegué con una erección bien potente, casi a la par que el cabreo de mi novia.