11
Nos levantamos temprano, con ganas de aprovechar el día. Imelda nos preparó un estupendo desayuno en el jardín a Sofía y a mí y no nos demoramos mucho en salir, cogimos el coche eléctrico que nos prestó nuestra amiga y fuimos hasta el casco histórico.
Estuvimos dando una vuelta, recorrimos todos los rincones de la preciosa isla y terminamos comiendo en un restaurante que me recomendó Elvira.
Por la tarde, fuimos a San Antonio y cenamos en una terracita.
Cuando regresamos ya era de noche, serían sobre las once y, por un mensaje que me había mandado Elvira, sabía que estábamos solos en casa.
Ellas también habían bajado a cenar por el centro y luego quedaron con unos amigos a tomar una copa.
Hacía tan bueno que nos apeteció pegarnos un bañito en la piscina.
Bajamos con una toalla y el bañador y nos metimos en el agua, aunque ya era tarde.
Abracé a Sofía por detrás y planificamos el día siguiente, y al final, como nos habíamos pegado buen tute, decidimos quedarnos en el casoplón y por la tarde bajar a la playa.
Terminamos recostados en las tumbonas y sobre la una de la mañana nos fuimos a dormir. Por suerte el día había sido mucho más tranquilo que el anterior, aunque sabía que en la siguiente jornada posiblemente vendrían turbulencias, sobre todo si coincidíamos con Elvira y Fiorella.
Nos vino bien ese pequeño respiro de las dos divas y yo caí en un sueño plácido.
Me desperté temprano, sobre las ocho, y salté de la cama sin molestar a Sofía, que dormía a pierna suelta en aquella inmensa cama.
Cogí ropa deportiva y pensé en bajar a la playa a hacer un poco de deporte.
Imelda me preguntó si quería desayunar y yo le contesté que mejor cuando volviera de correr.
Al pasar por la piscina me encontré con Elvira, estaba en una de las tumbonas, todavía con el vestido de fiesta puesto, y degustaba un café calentito y humeante, en una taza que cogía con las dos manos.
―¡Ey, buenos días, Adrián!, ¿qué tal ayer?, no nos vimos…
―Pues genial, estuvimos en todos los sitios que nos recomendaste, comimos en el casco, donde nos dijiste, y también fuimos a cenar…
―¿Le comentaste a Txomin que me conocíais?
―No, ya sabes que soy vergonzoso para esas cosas… ¿Y vosotras qué tal?, ¿mucha fiesta?
―Sí, quedamos con unos amigos y mira qué horas, hemos llegado hace nada, eh…; al final salimos para un ratillo y mira…
―Esas son las fiestas buenas…
―No sé yo…, hoy no me muevo de casa, ¿y vosotros qué plan tenéis?
―También nos vamos a quedar, vamos a abusar un poco de vuestra hospitalidad, si no os importa…
―Yo encantada. ¿Y dónde vas tan temprano?
―A hacer un poco de deporte en la playa…, si te animas…
―Pufff, hoy no estoy para hacer sentadillas, aunque, si dejas que me cambie, te acompaño; al menos te daré apoyo moral…
―¡Genial!
―Ahora vuelvo…, tómate algo si quieres, en lo que me cambio.
―No, prefiero entrenar con el estómago vacío, luego ya desayuno con Sofía…
―OK…
No tardó en regresar, ataviada con unas mallas deportivas negras y una sudadera gris sin capucha.
Fuimos charlando hasta la playa y ella se quedó sentada mirando al mar en una toallita que trajo.
Yo me pegué varias carreras de largo a largo de la calita, luego hice unos sprints, saltos, zancadas y para terminar unas flexiones.
Casi cuarenta y cinco minutos de entrenamiento intenso.
Elvira me animaba cuando pasaba a su lado, aunque yo creo que lo hacía para no quedarse dormida, pues se recostó en la toalla con las gafas de sol puestas. Luego me senté a su lado, con la respiración acelerada.
―¡Me has dado mucha envidia!, aunque reconozco que estos días estoy muy vaga…
―Bueno, es normal, a veces el cuerpo te pide parar también; es muy importante, no puedes estar todo el año a tope…
―Ya, al menos intento cuidar la alimentación, tampoco quiero joder tantos meses de trabajo en tan poco tiempo, aunque ayer creo que me pasé con el alcohol…
―Por un día…
―Es que no es un día solo…
―Hay que disfrutar también, ¡este sitio es espectacular!
―Lo sé, creo que este año intentaré escaparme una semanita en invierno.
―Ah, y muchas gracias por la invitación.
―No hay de qué…, me gusta teneros aquí…
―Espero que no molestemos…
―¡En absoluto!, si nos encanta recibir gente, mira, en un par de semanas van a venir cuatro amigos italianos de Fiorella también.
―Anda, no lo sabía… Lo que sí que nos gustaría es pagarte algo, no nos gusta estar así, de gratis, toda la semana…
―¡Ni se os ocurra!
―¡Pero, joder!, esto debe salirte por una pasta, los coches, el catering, los gastos de la casa…
―Estas son nuestras vacaciones, el resto del año nos lo pasamos currando muy duro, salvo un par de viajes, pero estos son los días que realmente aprovecho para descansar, así que no me importa gastarme un poco de dinero, para eso está…
―Ya, pero…
―¿Cuánto me voy a gastar?, ¿veinte mil, treinta mil euros?, la casa ya te digo que nos la deja un amigo, el resto lo pago a medias con Fiorella; así que por eso no te preocupes…; te haces un viaje por Tailandia veinte días y te gastas diez mil como si nada…, ¿no?
―Bueno…
―Y qué mejor que compartirlo con amigos, así que no quiero que volvamos a hablar de este asunto, Adrián.
―Me alegro de que te vaya tan bien con la empresa y todo eso…, ¡qué envidia me das!
―Una vez que despegas luego ya es más fácil, te vas haciendo un nombre dentro de la industria, la gente importante te conoce y he apostado por varios proyectos que están funcionando.
Me he metido también en el tema de los videojuegos, inversiones inmobiliarias, todas esas cosas, al final voy reinvirtiendo parte de los beneficios, ya sabes, dinero llama a dinero; y sí, esto es muy esclavo, pero lo importante es rodearte de gente de confianza, no pienso llevar este ritmo toda la vida…
―Lo tienes muy claro…
―También me he hecho bastante «famosilla» a partir de la relación con Fiorella, y ya sabes que esas cosas llaman la atención, las marcas de ropa te reclaman, de coches, de zapatillas, de productos de maquillaje…, solo con lo que gano en publicidad en un mes, pago estas vacaciones…
―¡Joder!
―Ah, ¡se me olvidaba!, te quería comentar una cosa, cambiando de tema, espero que Sofía no se haya molestado por lo del otro día…, ya sabes, cuando Fiorella se quedó desnuda en la playa…
―No, no dijo nada…
―Es que a ella le encanta estar así y en otros sitios no lo puede hacer, pero en esta calita privada ya te digo que la mayor parte del tiempo va a estar desnuda…
―Por nosotros no hay problema…
―Ya sé que por ti no lo hay, cabronazo, te pasaste el día empalmado ―bromeó quitándose las gafas de sol y mirándome a los ojos.
―¡Me podías haber avisado antes de que lo iba a hacer!, aunque tampoco hubiera servido de mucho, ja, ja, ja…
―¿Qué pasa, es que te pone mi novia?
―No solo ella, tú también estuviste todo el día en topless, conseguisteis que me pillara un buen calentón…
―Pues no era mi intención…, o sí ―apuntilló volviendo a ponerse las gafas de sol y divisando el mar―. Me encanta que estés aquí…
―Gracias, y ahora que estamos solos, eeeeh…, que no te moleste que te diga lo buenorra que te has puesto…
―Lo sé…
―Cuando subimos de la playa, tuve que follarme a Sofía en la ducha…
―¿Ah, sí?, ¿tan cachondo estabas?
―Sí…, sigues teniendo unas tetazas de impresión…; salimos de la playa muy encendidos, yo creo que hasta Sofía estaba excitada.
―Ja, ja, ja, ¡me encanta que me digas esas cosas!, y eso que luego os perdisteis lo mejor, cuando nos quedamos solas.
―Mmmmmm…, ¿y se puede saber qué es lo que pasó?
―La sesión de fotos que le hice a Fiorella.
―No me pongas los dientes largos…
Elvira sacó el móvil, rebuscó en la galería y después me lo pasó.
―Mejor que lo veas directamente, ¡ah, y de esto ni una palabra a nadie!, ¡si Fiorella se entera, me mata!
La primera foto la había hecho cuando empezaba a anochecer. Su novia estaba en topless en la orilla del mar y mi polla saltó como un muelle bajó el pantalón de deporte.
―¡Joder! ―exclamé pasando a la siguiente foto, en la que la modelo italiana se había puesto a cuatro patas.
A medida que avanzó la sesión, se fue haciendo más de noche, hasta que el sol se había metido definitivamente. Las siguientes fotos ya estaban hechas con flash. ¡Y de repente apareció Fiorella completamente desnuda y abierta de piernas!
La instantánea estaría sacada como a unos tres metros, estaba recostada en la playa, miraba directamente a la cámara con cara de zorra y se le veía el coño a la perfección.
―Buffff, hay que reconocer que tu novia está muy buena y que… lo tiene muy bonito… ―afirmé.
―Y ni te imaginas lo bien que sabe…
―Sí me lo imagino, sí…
En la siguiente foto Fiorella estaba de espaldas, a cuatro patas, y se abría los glúteos con la mano. Elvira sonrió, se agarró a mi brazo y volvió a mirar al mar, dejando que me deleitara con su chica.
―¿Qué te parece?
―¡Vaya culito! ―exclamé.
―Después se lo comí y se corrió en mi boca… ―soltó Elvira como si nada.
―¡Joder!, vas a ponerme cachondo… y el día se me puede hacer muy largo…
―Ja, ja, ja, ¿yoooo?, anda, trae el móvil, que todavía veo que te la sacas aquí mismo…
―Eso te gustaría, a lo mejor te apetece cascármela otra vez como en Gijón mientras veo las fotos de tu novia… y sí, ¡ya la tengo dura!
―Más quisieras, cariño…
―¿Es que no te gustó lo de Gijón?, pues bien decías que te apetecía tocar una polla.
―Ese día estaba muy borracha, ya lo sabes…
―Sí, sí…
―Vamos para casa…, no sea que se levante Sofía y se ponga celosa porque estemos aquí juntos…, también me he dado cuenta de que…, no sé, me mira raro. ¿Está enfadada conmigo?
―No, bueno, si te soy sincero, antes te he dicho que no pasaba nada, pero la verdad es que no le gustó mucho que tu novia se quedara en «pelotas», aunque claro, tampoco le iba a decir nada…
―Ya me lo suponía, es que Fiorella es un poco exhibicionista, le gusta que la miren y le da igual si hay gente o no en la playa, y ya te advierto que no se va a cortar cuando esté con vosotros…, pero vamos, con sus amigos también lo hace, eh…