El inquilino universitario 2. El reencuentro 10 #3
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Fiorella, desnuda com-ple-ta-men-te. Como Dios la trajo al mundo.

Tuve que parpadear para asegurarme de que aquello no era una visión divina.

La muy zorra se había quitado la parte de abajo del biquini, sin importarle que Sofía y yo estuviéramos delante.

Mi novia la contemplaba atónita, con los ojos abiertos de par en par, y Elvira se acercó a ella despacio, la sujetó por la cabeza y le plantó un tierno beso en la frente.

Interrumpió su momento mágico y Fiorella apoyó los pies en la arena dejándose acariciar por Elvira, que se puso detrás y pasó las manos por su vientre plano. Qué delgadita estaba la italiana, con sus piernas kilométricas, ese minúsculo culito y sus pequeños pechos, que lucía orgullosa.

―No me digáis que esto no es una maravilla ―dijo Elvira besando el cuello de su novia.

No supe si se refería a bañarse en aquella calita desierta o a su jodida novia, pero Sofía no aguanto más el tonteo que se traían y salió del agua.

Yo seguí sus pasos y terminamos sentados al borde de la playa, justo donde rompían las olas.

Me tuve que poner detrás de ella, tratando de disimular mi erección y pegué mi polla a su espalda; y todavía fue peor cuando la parejita decidió terminar su baño diez minutos después.

Salieron juntas, agarradas de la mano, mostrándonos sus cuerpos. Las tetazas de Elvira se bamboleaban descontroladas a cada paso que daba, y a pesar de que las tenía muy vistas, me gustaba admirar semejantes pechos diez años después de haber terminado nuestra relación.

Y luego estaba lo de su novia.

Con un bronceado de playa muy bonito, Fiorella caminaba de manera elegante, moviendo las caderas como si estuviera desfilando, el agua hacía que todavía le brillara más la piel, se había pasado toda su melena por un solo hombro y me quedé mirando su coño desnudo.

¡Joder, venía directo a nuestra cara!

Lo llevaba completamente depilado y no parecía incomodarla que mi novia y yo no pudiéramos apartar la vista de él. Y luego me fijé en el de Elvira, ella llevaba puesta la parte de abajo del biquini, pero también se le transparentaba por debajo de la tela y era casi como si fuera sin la braguita.

Fiorella siguió andando hasta la hamaca y Elvira se quedó sentada con nosotros.

―¡Qué paz!, a mí también me encanta quedarme aquí, podría pasarme horas mirando el mar.

―Ya te digo, es uno de los placeres de la vida más infravalorados ―dije yo―. ¿A Fiorella no le gusta? («A lo mejor es que se le mete arena en el culo por ir desnuda la muy guarra»).

―Ella prefiere la hamaca, después voy a hacerle una sesión de fotos, con esta luz es perfecta, y luego por la noche, cuando empiece a ponerse el sol, también salen unas fotos increíbles…

―Pues es buena idea, nosotros también nos haremos unas, ¡el sitio no puede ser más idílico!, aquí casi solos; por cierto, ¿conocéis al señor ese que está allí?

―Sí, Fernando, es un empresario bastante importante en este país…

―¿Y no os importa que os vea así?, casi desnudas ―intervino mi novia.

―No, la verdad es que no, ya te digo que este sitio es muy exclusivo y no nos fijamos en los demás, cada uno va a lo suyo…

―Entiendo…

―Bueno, os dejo, vamos a prepararnos para la sesión…

Por lo menos su chica tuvo la decencia de ponerse un biquini para las fotos.

Elvira se colgó una cámara réflex, medio profesional, al hombro y se fueron situando por varias ubicaciones.

En la hamaca, en la orilla del mar, junto a las rocas…

Fiorella iba haciendo poses, se retocaba los peinados, se ponía de rodillas en la arena, miraba al vacío, de espaldas, toda una exhibición mientras Elvira, en topless, le hacía una sesión maratoniana de fotos.

Estuvieron casi una hora. La italiana se cambió dos veces de biquini, sin importarle mucho el quedarse desnuda delante de nosotros, y Sofía y yo las imitamos, para inmortalizarnos en todos los rincones de aquella calita.

Luego Elvira también nos hizo alguna foto juntos con su cámara y al final echamos toda la tarde en la playa, hasta que nos dieron las nueve.

―Me acaba de llamar Imelda, que ya ha llegado la cena ―nos anunció Elvira―, aunque nosotras queríamos hacer una sesión de fotos en unos minutos, cuando empiece a meterse el sol…

―Bueno, os esperamos, no pasa nada…

―Si queréis, id yendo a la casa y así os da tiempo a ducharos, en lo que nos ponemos, hacemos el reportaje y tal, todavía faltan unos cuarenta y cinco minutos…

―Ah, pues si no os importa ―dijo Sofía―. Con una ducha yo me quedaría de maravilla…

―Vale, perfecto, y si os apetece ir cenando, también sin problemas.

―No, para eso sí os esperamos ―añadí yo―, me parecería muy feo cenar sin las anfitrionas…

En cuanto terminaron el reportaje fotográfico, la top model volvió a quedarse desnuda al completo y se tumbó en la hamaca, tostándose bien al sol por los dos lados.

Un par de horas antes, Imelda se había presentado en la playa para llevarnos unas bebidas frescas y algo para picar.

La asistente filipina estaba en todo. Y es que la tarde de playa no podía haber sido más perfecta.

Recogimos las cosas y Sofía y yo dejamos a nuestras compañeras preparándose para una nueva sesión de fotos.

Yo no veía la hora de llegar a la habitación y follarme a mi chica.

¡Estaba que me subía por las paredes!, y ella lo sabía, me había regañado varias veces con la mirada para que al menos disimulara un poco el bulto bajo mis bermudas, pero yo ya había desistido de intentarlo y me daba igual que Elvira y Fiorella se rieran cuando comprobaban cómo me tenían de caliente.

Entramos raudos en la habitación y de ahí directos a la ducha.

Mi polla saltó como un resorte en cuanto me quité el bañador y ayudé a Sofía a desprenderse de su biquini.

Los primeros chorros de agua con la alcachofa fueron para limpiarle la arena de la entrepierna y luego dejamos que la ducha de arriba nos cayera directamente sobre la cabeza.

Abracé a Sofía por detrás y le pegué la polla al culo, besuqueando su hombro y acariciando con fuerza sus tetazas.

―Llevo toda la tarde queriendo follarte, mmmmmm…

―Joder, la tienes que vas a reventar ―suspiró bajando la mano y agarrándomela para estrangular mi capullo.

―Abre las piernas, ¡te voy a follar ahora mismo!

―Tranquilo, Adrián…

Pero yo ya estaba con el bote de gel embadurnándome las manos y luego pasé mis dedos por su coño y por su culo. Con el calentón que llevaba encima, cualquiera de los dos agujeros me venía bien.

―¿Por dónde quieres? ―gimoteé restregándosela entre los labios vaginales.

Me sorprendió que Sofía apenas protestara.

Ella también estaba muy cachonda, no es que le gustaran las mujeres ni nada por el estilo, pero esa tensión sexual que había flotado en el ambiente todo el día, el calor de la playa, los cuerpos desnudos, y verme a mí con la polla dura cada segundo también le había excitado, y ahora sacaba las caderas hacia atrás para que la penetrara.

―¿Por dónde? ―volví a preguntar.

―Aaaah, aaaaah, métemela ya ―dijo mi chica agachándose y colocándosela ella misma a la entrada de su coño.

De un solo golpe de cadera entró hasta el fondo, me encantó esa sensación con nuestros cuerpos llenos de jabón, cayéndonos el agua calentita en la cabeza mientras follábamos.

Fue un polvo desesperado, intenso, y en apenas tres minutos me vacié en el coño de mi novia.

Ella se echó hacia atrás y saboreó esos segundos en los que yo convulsionaba con toda la polla incrustada en su coño.

Dejó que le sobara las tetazas y se giró para comerme la boca mientras ronroneaba de placer.

Sofía todavía estaba cachonda y con ganas de más.

―Joder, Adri, pocas veces te he visto tan fuera de sí ―murmuró pasándome la lengua por los labios.

―Perdona, es que necesitaba descargar…, tenía los huevos hinchadísimos…

―Ya, ya me he dado cuenta, llevas todo el puto día empalmado con esas dos fulanas…

―No te enfades, Sofía.

―No me enfado, pero podrían cortarse un poquito, está bien que hagan topless y tal, pero la italiana hasta se ha quedado con el coño al aire, ¡qué zorra!

, y encima hay que reconocer que está muy buena la cabrona.

¡Las dos!, porque Elvira menudo cuerpazo tiene también, y sigue teniendo esas tetazas que…

―A mí la que me gusta eres tú…, ya te lo he dicho mil veces. No te compares con ellas. Y por cierto…, todavía sigo con ganas de más y es prontito, ¿qué te parece si probamos la cama?

―¿Ahora?

―Sí, claro, me he corrido muy rápido, pero también quiero que lo hagas tú, venga, vamos, no te seques el pelo, tal y como estás ponte a cuatro patas, que te voy a destrozar…

Ya desahogados, después de ese segundo polvo, bajamos al porche de la piscina, Elvira y Fiorella acababan de subir de la playa y cenamos allí.

Imelda ya lo tenía todo perfectamente preparado.

Por suerte para mí, Elvira se tapó los pechos y su novia tuvo a bien ponerse una camiseta blanca holgada de Los Ramones, aunque no llevaba sujetador debajo y se le veían parte de las tetas por las aberturas de las mangas.

Terminamos el día tomando una copa plácidamente en el jardín de la casa, excepto Fiorella, que solo bebía agua, y como las chicas no se habían duchado, para quitarse la sal del mar se dieron un baño en la piscina antes de irse a la cama.

Otra vez las dos en topless, la noche era espectacular y Sofía y yo nos quedamos mirando a la parejita hacerse arrumacos dentro del agua.

Para ser el primer día ya eran demasiadas emociones y nos despedimos de ellas porque queríamos levantarnos pronto para visitar parte de la isla en la jornada siguiente. Y allí las dejamos, besándose en la piscina sin importarles nuestra presencia.

No me extrañaría que en cuanto se quedaron solas se pusieran a follar. Era como que les ponía muy cachondas exhibirse delante de nosotros y nos fuimos a la cama con la sensación de que la semana iba a ser demasiado excitante para los cuatro.

Todavía nos quedaban seis días de vacaciones en esa mansión de lujo…