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Tras las fotos comenzó la parte final de la fiesta.
Ya llevábamos muchas horas acumuladas, demasiado alcohol y el calor había hecho que llegáramos con las fuerzas justas, cuando, media hora más tarde, casi a las doce de la noche y sin que ya no nos lo esperáramos, apareció Elvira.
Entró como un torbellino en el bar y fue una inyección importante de adrenalina para que no decayera la fiesta.
¡Menudo alegrón nos pegamos!
―Te has animado a venir, ¡genial!
―Claro, no podía perderme esta boda.
―¿Y Fiorella?
―Bueno, prefiero no hablar de eso ―me dijo apartándose de mí para ir a darse un abrazo cariñoso con Laura.
Las vi irse juntas a la barra, sonriendo, como si no hubiera pasado el tiempo, pero claro que había pasado, ya no eran las dos universitarias de dieciocho que conocimos, se habían convertido en dos mujeres bien atractivas y no pude evitar recrearme en el culo de Elvira cuando se apoyó en la barra y se inclinó hacia delante para pedir.
Ni tan siquiera lo vi venir y Pablo me agarró por el cuello, agachándome y frotándome el pelo con fuerza.
―Cabronazo, deja de mirarle el culo a Elvira, que se te van a salir los ojos de las órbitas, ja, ja, ja…
Debía haber sido muy evidente para que hasta Pablo, con el ciego que llevaba, se diera cuenta y después me tomé otra copa con él. La penúltima. Sofía se lo estaba pasando en grande con sus primas, y Sergio se acercó a nosotros. También llevaba una buena cogorza encima.
―Mis dos mejores amigos, joder, cómo os quiero… ―Y si no se llega a abrazar en nuestros cuellos, creo que se hubiera ido directo al suelo.
Yo me seguía fijando en Laura y en Elvira, se las veía muy entretenidas en su conversación; Laura, ya sin esa tensión ni los nervios de un día tan importante, tenía la cara mucho más relajada, y Elvira seguía con el mismo vestido sugerente, pero se había quitado los zapatos de tacón para cambiarlos por unas deportivas.
Y encima le quedaban bien.
Me pregunté si seguiría llevando algún piercing en los pezones, con esas areolas enormes y rosadas, en unos pechos prácticamente iguales a los de la actriz porno Kendra Sunderland cuando era más jovencita.
Me encantaba que se hubiera unido de nuevo a la fiesta, sin ella no era lo mismo, y no sé por qué me reconfortaba que estuviera con nosotros.
Y cuando reclamaron a la novia, se quedó sola en la barra y al girarse me vio también sin compañía a unos metros de ella.
Frente a frente. Me hizo un gesto con la mano y no me lo tuvo que pedir dos veces.
―Me encanta cómo te quedan de maravilla esas zapatillas con el vestido, ja, ja, ja… ―le comenté al llegar hasta ella.
―Sí, ¿verdad?, tenía los pies reventados, es lo que pasa por no estar acostumbrada a llevar zapatos de tacón.
―Al final te has animado, es una pena que no haya venido Fiorella…
―Bueno, a mí también me hubiera gustado…, después de cenar se lo he pedido, y ella no ha querido…
―No habréis discutido, ¿no?
―Ya estoy acostumbrada, mañana se nos pasará…
―Lo siento, no quería que terminara así el…
―Lo que me ha fastidiado es que tampoco quería que viniera yo, ¡joder, eso es muy egoísta por su parte!, por eso hemos discutido y yo he cogido la puerta y… aquí estoy…
Se me escapó una sonrisa que traté de disimular, pero Elvira se dio cuenta.
―¿Te hace gracia?
―No, no, perdona, solo es que te estaba imaginando teniendo una bronca en inglés con tu chica…
―Cuando se enfada, Fiorella suelta los tacos en italiano…
―Ah, bueno, entonces en eso son iguales que los españoles.
―Mira, prefiero no seguir hablando de ella, además, te voy a confesar que no solo hemos discutido por eso, también estaba muy celosa contigo, no le ha gustado mucho cuando nos ha visto bailar, dice que se nota que hemos sido pareja y que entre nosotros todavía queda algo…
―Pues entonces no es la única, porque a Sofía también le ha pasado lo mismo ―le comenté en bajito acercándome a su oído.
―¡Vaya par de idiotas!
―Y eso que no saben lo de Gijón ―bromeé con Elvira.
―Mejor que no se enteren, no quiero que tu novia me mate…
―Sí, va a ser lo mejor para los dos, a mí podría cortármela… ¡y no exagero!… ¿Sabes?, Sofía me ha dicho que te has puesto muy buenorra y la verdad es que tiene razón, ¡estás tremenda!
―Muchas gracias.
―Llevo todo el día mirándote el puto culo ―le murmuré acercándome a su oído―, y preguntándome si estará tan duro como parece…
―¿Eso es una proposición indecente?, ¿es que acaso te gustaría comprobarlo aquí rodeado de amigos y familiares?, podrían pillarnos…
―Por supuesto…
―Es una pena que haya tanta gente, peroooo… no me importaría que lo hicieras y me dijeras qué te parece. Llevo dos años entrenándome con mucho sacrificio, controlando la alimentación; tardan en verse los resultados…, esto no es de un día para otro…
―¿Y si te lo toco ahora, crees que alguien se daría cuenta? ―pregunté bajando la mano con disimulo y acariciando furtivamente su trasero.
Apenas me dio tiempo a apretar su glúteo derecho por encima del vestido y enseguida volví a subir el brazo para apoyarlo en la barra. Efectivamente, lo tenía duro y bien redondito, como había imaginado, pero me quedé con ganas de más.
―Uf, no está nada mal…
Ella bebió de la copa mirándome a los ojos y esbozó una sonrisa de satisfacción.
La muy cabrona sabía que estaba buena y le encantaba tontear conmigo asumiendo el riesgo que eso conllevaba.
Esos nervios de que alguien nos pudiera ver eran muy morbosos.
Alcé la vista al fondo del bar y me encontré a mi chica bailando con sus primas, pero yo en ese momento solo tenía ojos para Elvira y los dirigí a continuación a su magnífico escote.
―Bueno, estas ya las tenías de serie, no te ha hecho falta que entrenaras esa parte…
―¡Eres un idiota!
―¿Sigues llevando el piercing en los pezones?, es solo por curiosidad, si no quieres, no me contestes…
―Depende del día, me hice otro hace años, aunque ahora quería quitármelos, pero a Fiorella le ponen, me dice que le dan mucho morbo, así que cuando follamos, me los suelo poner…
A veces llevo uno, o los dos, pero en el día a día ya no los utilizo, pues cuando voy sin sujetador, se notan bastante…
y aunque no debería importarme, entiendo que no dan muy buena imagen como empresaria, pero vamos, más que nada ya te digo que es por comodidad…
; me la sopla que unos babosos me miren fijamente las tetas en una reunión porque las tenga grandes y lleve unos jodidos piercings en los pezones…
―Uf, Elvira, sigues siendo la caña, ¡me encanta que no hayas cambiado nada!
―Lo mismo te digo. ¿Sabes?, antes, cuando estaba hablando con Laura, no he podido evitar recordar lo que me contaste de la casa rural…
y bueno, esas cosas me ponen mucho… ―me susurró en el oído―, hacía mucho que no bebía y creo que se me ha subido el puto alcohol, me voy a llevar otra bronca de Carol el lunes cuando vaya a entrenar, me va a hacer sudar como a una cerda.
―Mmmmm, ¿así que te has puesto cachonda pensando en cómo me follaba a la novia?
―¡Exacto!
Eché otra ojeada alrededor y nadie estaba pendiente de nosotros. Me gustaba estar tan cerca de Elvira, arrimarme a ella, sentir el calor que desprendía, esa cara de zorra viciosa que se le dibujaba en el rostro cuando estaba cachonda y que yo conocía tan bien.
―Dime una cosa ―cuchicheó―, ¿te follarías hoy a Laura si surgiera la oportunidad?
―¡Joder, Elvira!, menuda preguntita…
―No me has contestado.
―No, no me la follaría, y lo digo muy en serio…
―¿Me quieres decir que con lo borracho que estás y con la polla tan dura como la tienes ahora, no se la meterías?, no te lo crees ni tú…
―¿Y cómo sabes que la tengo dura?
―Por favor, Adrián, que nos conocemos…
―Sí, vale, tienes razón, estoy cachondo, pero creo sinceramente que no me la follaría. Lo de la casa rural fue un error, Sergio es mi mejor amigo y no lo volvería a hacer; además, Laura ahora es mi cuñada…
―Pues te has follado a tu cuñada, ja, ja, ja…
―¡Qué cabrona eres!
―¿Y a mí… me follarías? ―me preguntó mirándome fijamente mientras se pasaba la lengua por los labios esperando mi respuesta.
―¿Ahora?
―Sí, claro…
―¡Sigues siendo una putita, Elvira!
―¿Te estoy poniendo cachondo o qué…?
―¡Ni te imaginas cuánto!
―No me has contestado.
―Ahora estoy con Sofía…
―Eso no te impidió follarte a Laura…
―Es distinto, estaba muy borracho, nos despertamos, no éramos muy conscientes de lo que hacíamos…
―¿En serio piensas que Laura lo hizo sin querer?, ¿que se arrepiente?, las mujeres no hacemos esas cosas sin querer o sin pensarlo bien, seguro que tenía ganas de echarte un polvazo desde hacía mucho tiempo y al final se salió con la suya, probó otra polla antes de su boda…
―Joder, Elvira…, ¡qué puta mente más calenturienta tienes!
―Lo sé, y eso te encanta, porque eres igual que yo… Y ahora, contéstame una cosa, por favor, en Gijón, ¿me hubieras follado en la playa esa noche?
―¿Te hubieras dejado?
―No, pero si te soy sincera, me quedé con muchas ganas de hacerte una buena mamada…
―Mmmmm, no me digas esas cosas…
―Es lo que más echo de menos de estar con un tío ―me murmuró a la oreja y después me dio un beso en la mejilla―, me encantaba cuando se me corrían en la cara y sobre todo esa sensación de chupársela, notar que se les ponía más dura en la boca y de repente esa explosión, mmmmmm, ¡eso era lo mejor!
―Buffff… ―gimoteé pasando mis dedos por uno de sus muslos, justo donde terminaba el vestido.
―¿Quieres meter la mano por debajo?, antes te ha sabido a poco cuando me has tocado.
―¿Puedo?
―No, pero quieres hacerlo igualmente.
―¿Llevas tanga o braguitas?
―A lo mejor no llevo nada…
―¿Y Fiorella tampoco llevaba nada?
―¿Quieres saber qué ropa interior llevaba mi novia?
―Sí.
―Un mini tanguita muy fashion, negro, italiano, de una tela increíble, ¡vale cien euros el puto trapito!
―Uffff… ―Y después colé la mano por debajo de su falda.