El inquilino universitario 2. El reencuentro 8 #4
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Nos juntamos bien a la barra y nos pusimos de lado, intentando ocultar mi brazo todo lo posible, y en un segundo alcancé su glúteo izquierdo.

Le pasé los dedos con miedo, acariciándola despacio, tenía el culo muy suave y cuando lo apreté con fuerza, sentí lo duro que estaba.

Un culo pequeñito y redondo que era una delicia y Elvira cerró los ojos al sentirme directamente sobre su piel.

―Llevas tanguita, ¿el tuyo también vale cien euros? ―pregunté jugando con el hilo que se le perdía entre los cachetes.

―¡Me tienes muy cachonda, cabrón!, ¡y ahora méteme el dedito por el culo!, por favor, mmmm, con cuidado… ―me pidió en una especie de jadeo, apoyando su cabeza en la mía y aplastando uno de sus pechos contra mi hombro.

―¿Cómo dices?

―Que me hagas lo mismo que le hiciste a Laura, quiero que me metas el dedo…

―Joder, Elvira…

―¡Venga, hazlo! ―Y después de apremiarme se mordió los labios.

Noté que se acomodaba a mi mano y esperó ansiosa que cumpliera lo que me pedía. Yo me acerqué a su agujerito y antes le pasé el dedo corazón por los labios vaginales para lubricarlo un poco. Creo que se le abrió la boca y debió soltar un tenue gemido antes de que introdujera la puntita en el ano.

Estábamos tan concentrados que ni me percaté de que Sofía se acercaba a nosotros; al levantar la vista me la encontré a tres metros y saqué el brazo a toda velocidad, cambiando la cara y esbozando una sonrisa para recibir a mi novia.

―Aaaah, ¿por qué par…? ―gimoteó Elvira, hasta que se dio cuenta de que Sofía ya estaba delante de nosotros.

Los dos nos pusimos rojos de vergüenza y fue tan evidente la pillada que no lo pudimos disimular.

―Me estaba contando Elvira que ha discutido con Fiorella… ―salí del paso como pude.

―¿Ah, sí?, ¿y eso? ―preguntó mi novia.

―Bueno, es que no quería venir, estaba cansadilla la pobre, y tampoco es que le gusten mucho este tipo de fiestas, no las entiende mucho…

―Pues lo siento…

―No pasa nada.

Luego se hizo un silencio incómodo y Elvira entendió que debía retirarse, dejando la copa a medio beber en la barra.

―Si me disculpáis, tengo que ir al baño…

Cuando nos quedamos solos, Sofía se me quedó mirando con cara de pocos amigos. No sé si habría visto algo, pero de lo que no cabía duda es de que me había cazado en actitud cariñosa con Elvira.

―¿Se puede saber qué estabais haciendo?

―Nada…

―¿Nada?, pero si solo os faltaba comeros la boca delante de todos…

―¿Qué dices, Sofía?, Elvira estaba jodida por lo de su novia y me lo estaba contando, aquí soy el único con el que puede hablar, necesitaba desahogarse…

―Parecía que te estaba besando el cuello y cuando he llegado, joder, os habéis puesto muy tensos los dos.

―Sofi, vale, ¡pero si además Elvira es lesbiana!, ¿en serio después de tantos años te vas a poner celosa con ella?

―Yo solo digo lo que he visto, no sé, es que parecía…

―Me estaba contando lo de Fiorella, han tenido una bronca fuerte, pero solo es eso… Anda, ven aquí… ―La cogí de la cintura y me acerqué para darle un muerdo.

No calculé demasiado bien y al juntar los cuerpos mi chica notó que estaba empalmado, por lo que se separó inmediatamente de mí.

―¿Y por eso se te ha puesto dura? ―me preguntó frunciendo el ceño.

―Se me ha puesto así por estar contigo, idiota, solo estoy pensando en el polvo que te voy a echar cuando lleguemos a casa, antes me lo has prometido y no admito un no por respuesta…

―Ya veremos…

El resto de la noche, Sofía no se separó de mí, había estado muy cerca de pillarme con Elvira y yo creo que no se tragó mi absurda excusa.

Mi novia no tenía un pelo de tonta, un poco más y casi me caza con el dedo metido en el culo de Elvira.

Había sido una estupidez por mi parte hacer eso delante de todos y estaba claro que, si no controlaba esos impulsos, tarde o temprano me iba a terminar descubriendo en algún renuncio.

La despedida con Elvira fue más bien fría; al darnos dos besos y un abrazo, los dos nos miramos con la misma sensación de tener más ganas de seguir jugando, y al final quedamos en llamarnos para concretar el tema de las vacaciones en Ibiza.

Al llegar a casa con Sofía, ya había amanecido. Echamos el típico polvo resacoso, con el alcohol que llevaba encima me costó correrme y después de follármela durante una hora de todas las maneras posibles, ella me la meneó a toda velocidad y eyaculé en sus enormes tetazas, cubriéndoselas de leche.

Mi chica se durmió enseguida, pero yo me quedé bocarriba en la cama, dándole vueltas a la cabeza. La boda había estado muy bien y me pregunté qué habría pasado si hubiera estado a solas con Elvira.

¿Hasta dónde habríamos llegado?

Habíamos empezado una especie de tonteo morboso que me tenía muy cachondo, y en apenas un mes íbamos a pasar una semana de vacaciones con ella y Fiorella en Ibiza.

Sofía se había molestado al pillarme tonteando con Elvira, lo que yo consideraba normal, mi novia tenía mucho carácter, muchísimo, y yo sabía que no me iba a pasar ni media.

Entonces, me pregunté qué me haría si se enterara de que me había follado a Laura, de que había dejado que Elvira me hiciera una paja en la despedida de su hermano y de que tenía un hijo con Mónica y en unos días íbamos a vernos a escondidas en nuestra primera cita.

Y es que una semana antes de la boda, Mónica se puso en contacto conmigo, lo que todavía me había revolucionado más y terminamos quedando el jueves en mi casa.

Ella no quería tener la cita en una cafetería, porque podría vernos alguien, y yo le sugerí la posibilidad de que se acercara a mi piso de alquiler.

Le comenté que vivía solo y que así íbamos a estar más tranquilos.

Ella dudó, y tras pensárselo unos minutos, al final accedió. Y ahora, una vez terminada la boda, tocaba pensar en Mónica...